6 de abril de 2016 15:35

A los 85 años, la leyenda del jazz Sonny Rollins quiere seguir tocando

El saxofonista tenor Sonny Rollins tiene la esperanza de que se generen avances en la medicina para poder volver a tocar su instrumento. Foto: Wikicommons

El saxofonista tenor Sonny Rollins tiene la esperanza de que se generen avances en la medicina para poder volver a tocar su instrumento. Foto: Wikicommons

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Agencia AFP

La leyenda del jazz Sonny Rollins no ha vuelto a tocar desde 2012, pero, a sus 85 años, cuenta con el progreso de la medicina para recuperar el aliento, retomar su saxofón y seguir haciendo música.

El 'Saxophone Colossus', un apodo sacado de su álbum de 1956, el más conocido, es uno de los pocos gigantes que definieron el instrumento junto a Charlie Parker, John Coltrane y Coleman Hawkins.

Sonny Rollins es particularmente conocido por su estilo mordaz, potente y su propensión a la exageración. Durante su carrera, que abarca ocho décadas, este adicto al trabajo se tomó largas pausas, en particular durante los años '60 para viajar a India y Japón en busca de la espiritualidad.

Esta vez, su silencio no es una elección. Los problemas respiratorios le han impedido tocar desde 2012. Rollins quiere creer que “tratamientos nuevos y modernos” le permitirán volver a su instrumento, contó en una entrevista a la AFP .

“No he terminado con lo que quiero hacer musicalmente. Por tanto realmente quiero hacer más y espero ser capaz” de ello, añade este hombre de carácter afable y estatura imponente. Mientras tanto, continúa recurriendo a sus archivos y lanzará el viernes un nuevo álbum, 'Holding the Stage: Road Shows, Vol. 4', que incluye 10 títulos grabados en conciertos en Estados Unidos y Europa.

El último tema viene de un concierto que pasó a la posteridad. Tuvo lugar en Boston, el 15 de septiembre de 2001, cuatro días después de los atentados del 11 de septiembre. Rollins vivía cerca del World Trade Center de Nueva York en ese entonces.

Este mundo nunca va a cambiar

Durante mucho tiempo, Sonny Rollins consideró que su música era un comentario sobre los acontecimientos del momento. Durante los años '60, este neoyorquino y muchos de sus colegas contemporáneos pensaban que “la música podía cambiar el mundo”.

Pero ahora le da a la música “un contexto más amplio” y se inspira no sólo “en este mundo, sino en el mundo infinito”. “En una época de mi vida pensaba que este mundo podía cambiar y ser más pacífico, con más amor y esperanza entre la gente. Pero ya aprendí y ya viví un poco más”.

“Me di cuenta de que este mundo nunca va a cambiar”, reconoce, fatalista. “Está destinado a ser un lugar de guerras, asesinatos, enfermedades y muerte. Ese es nuestro mundo”. Pero no deja lugar a la amargura y cree aún que “el objetivo de la vida es servir a los otros”.

En su caso, la misión se cumple haciendo música, que transmite alegría a los demás. “Soy muy afortunado de haber podido vivir mi vida tocando música”.

Problemas con Coltrane

Criado en Harlem de padres originarios de Islas Vírgenes, Theodore “Sonny” Rollins sintió desde temprano atracción por la música gracias a una visita de Frank Sinatra a su escuela. Así, desde muy joven, siguió el mismo camino que todos los grandes nombres de la historia del jazz, desde Miles Davis a Charlie Parker, pasando por Max Roach y Thelonious Monk.

Considerado un joven prodigio, Rollins reconoce haber tenido problemas para encontrar su lugar entre tantas estrellas de la música, en particular con Monk y Coltrane. “Cuando pienso en mi relación con Coltrane y con Monk, me digo que hice muchas cosas estúpidas que habría evitado si hubiera sido más maduro”, concede.

Los que pueden haber sido los dos mejores saxofonistas de la historia, Sonny Rollins y John Coltrane, apenas tocaron juntos un solo tema, Tenor Madness, grabado en 1956. Para el octogenario de abundante cabello blanco, Coltrane, a veces presentado como su rival a pesar de la amistad que había entre ellos, “era un magnífico, magnífico ser humano”.

Ornette Coleman y Horace Silver, que eran muy cercanos a Rollins, murieron en los últimos años. “No se supone que debamos vivir para siempre, por lo que no podemos ver lo que llamamos muerte como algo malo”, dice, cuando habla de sus amigos.

“Ellos entregaron al mundo el jazz, que es un fenómeno infinito”, añade. “Eso es maravilloso”. Rollins piensa que su longevidad se debe en parte a la práctica del yoga, que lo ayudó a renunciar al alcohol y las drogas tras una juventud agitada. Pero, sobre todo, a su apetito creativo.

“Todavía estoy vivo porque todavía estoy aprendiendo”.

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