25 de julio de 2017 00:00

Javier Gavilanes toma sus colores de Guayaquil

Javier Gavilanes junto al díptico ‘Percepciones entrecruzadas’. Foto: Joffre Flores / EL COMERCIO

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Redacción Cultura

Javier Gavilanes entró tarde en el mundo del arte, hace poco más de una década cuando contaba con 31 años. Antes se dedicó a la albañilería y a la carpintería, pero el polvo de la madera y el penetrante olor de las lacas lo terminaron enfermando. Su más reciente obra, distinguida con el primer premio del Salón de Julio de Guayaquil, conecta con sus antiguos oficios pues tuvo que lijar paredes de las casas de la ciudad y recoger el polvo resultante que utilizó como el color de sus dos pinturas.

El artista guayaquileño, de 43 años, presentó al concurso del Museo Municipal de Guayaquil el díptico ‘Percepciones entrecruzadas’, en polvo de pintura removida de las fachadas de casas guayaquileñas, ubicadas en los extremos de las clases sociales, y dispuestas luego en celdas de plástico en líneas de color, en una suerte de degradado.

“La casa popular tiene tonalidades mucho más fuertes, mientras que en los barrios de más altos recursos económicos los tonos son más opacos. El procedimiento de la lija está ligado al ejercicio manual, que ya trabajé antes en la carpintería”, cuenta el artista.

El dibujo estuvo entre sus cualidades desde la escuela, su padre los motivaba a él y a su hermano menor, el también laureado artista Pedro Gavilanes, a seguir una carrera en la pintura. Ambos decidieron estudiar en el Colegio de Bellas Artes, y luego recibieron becas para estudiar en el Instituto Superior Tecnológico del Ecuador (ITAE).

La primera de las menciones honoríficas que ganó en el Salón de Julio le dio un impulso a la decisión de darle un vuelco a su vida. Tuvieron que pasar otras cuatro menciones de honor en las ediciones anteriores del certamen hasta hacerse con el primer premio.

Antes obtuvo dos veces el primer premio del Salón de Octubre, convocado por la Casa de la Cultura, Núcleo del Guayas, en los años 2006 y 2014. La primera vez con una pintura hiperrealista de un auto rojo con el frente arrugado por un choque y en la segunda ocasión también con un acrílico sobre lienzo, pero en el que jugaba con la geometría de construcciones en obra negra, en conexión con la albañilería.

Las obras marcan la evolución de su trabajo artístico, centrado en un primer momento en el fotorrealismo y luego en la abstracción geométrica. En los últimos años asumiendo también lo pictórico desde un “campo reflexivo expansivo”, en el que puede experimentar con nuevos pigmentos y soportes. Un laboratorio visual generador de estéticas y formas, ideas y maneras del arte actual.

En ese sentido, el jurado internacional de la edición 58 del Salón de Julio – Pintura Fundación de Guayaquil destacó una obra que logra “extrapolar contenidos y repensar los valores y formas de repensar la pintura”. Subrayó el guiño de la obra a la historia del arte, a la abstracción geométrica “sobrepasada a sus fronteras formales”.

En el proceso de recolección del pigmento para las dos pinturas que hacen parte del díptico que ganó los USD 10 000 del salón juliano 2017, el artista lijó paredes de las casas de su barrio, el populoso Las Malvinas, en el sur de Guayaquil para uno de los cuadros. En el otro, empacó en los conductos de las planchas de policarbonato el pigmento recogido en forma de polvo de casas de clase media alta y alta en sectores como el barrio del Centenario.

“La experiencia es lo principal de esta obra, el ejercicio del lijado, la recopilación de la pintura, llevarla a este campo geométrico, conectarla con la noción de paisaje”, sostuvo Gavilanes.

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