12 de November de 2014 20:58

Javier Alvarado tradujo su tragedia en versos

El poeta panameño Javier Alvarado ganó el Premio Internacional Medardo Ángel Silva. Foto: Mario Faustos / EL COMERCIO

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Redacción Guayaquil (I)
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Tuvo que recorrer casi 9 000 kilómetros para rendirse ante la historia familiar que lo perseguía. La ventisca que lo recibió en Edimburgo en el año 2009 era la misma de las montañas de Las Minas (Herrera, Panamá), donde su abuela materna fue obligada a regalar a sus hijos y donde ella perdería la cordura.

El poeta panameño Javier Alvarado había ganado una beca-residencia de la Fundación Cove Park para comenzar a escribir un libro en Escocia. En un mes escribió el poemario ‘Carta natal al país de los locos’ que esta semana ganó el Primer Premio Internacional de Poesía Medardo Ángel Silva, convocado por el Municipio de Guayaquil y Casa de las Iguanas (dotado con USD 10 000).

Cuando el libro recibió una mención en el Premio Casa de las Américas, en Panamá creyeron que el título hacía referencia a la frase del expresidente panameño, Ricardo Martinelli: Los locos somos más. Pero el país de los locos es el territorio de la familia del escritor, de 32 años. “Este libro nació desde el dolor. El título se refiere a ese lugar donde nació mi abuela. Y donde enloqueció de dolor luego de que su marido tomó la decisión de abandonarla y regalar a sus hijos, incluida mi madre”, cuenta el poeta, que se encuentra en Guayaquil participando en el festival Desembarco Poético.

Cincuenta años después, Alvarado encontró un pariente e hizo el camino hasta el lugar donde vivieron sus abuelos maternos. “Fue un recorrido que tuvo algo de hermoso, pero también fue doloroso. Llegar con mi madre a estas montañas de Panamá fue como llegar a ese país de la locura, a través de la ternura”, dice Alvarado, licenciado en Lengua y Literatura Española.

“Es una historia muy dura que ha dejado cicatrices, pero digamos que escribir el libro ha sido una manera de que entre la luz en esas cicatrices”, reflexiona. El mito atribuye a esos vientos montañosos la locura de la mujer, que fue pordiosera y estuvo en un manicomio. El texto ganador del certamen, que premia a un poemario publicado en español durante los últimos tres años, incluye un poema titulado Viento de los locos.

Alvarado se enteró de que su libro era uno de los 10 finalistas del concurso internacional al arribar a Guayaquil el pasado 5 de noviembre, como jurado de un premio emergente de poesía nacional convocado también por Casa de las Iguanas. El galardón entraña para el panameño “una responsabilidad de cara al futuro y un honor” por el jurado que lo concedió.
El jurado internacional estuvo integrado por el español Antonio Gamoneda, el peruano Rodolfo Hinostroza y el ecuatoriano Julio Pazos.

Además de la historia intimista, ‘Carta natal al país de los locos’ (Poeta en Escocia) también incluye descripciones y vivencias del autor durante su residencia en Escocia.

Alvarado ha escrito en verso libre y sonetos, aunque prefiere la forma del versículo. “Confluyen muchas tendencias en mí, creo que hay que conocer las reglas para romperlas”, indica. El estilo del panameño bebe del neobarroco y postneobarroco, con la influencia de poetas como Lezama Lima y Virgilio Piñera, en Cuba; o Néstor Perlongher, en Argentina.

La poesía de Alvarado también acude al elemento histórico, como sucede en ‘Viaje solar de un tren hacia la noche de Matachín’, premio Nicolás Guillén 2012 para autores de origen caribeño. Se animó a este tipo de aproximación gracias a un reclamo que se les hacía a los poetas de su generación y el libro partió de una conversación con colegas en Uruguay.

El volumen aborda la tragedia del suicidio masivo de ciudadanos chinos que ocurrió en Panamá a partir de 1850, con la construcción del ferrocarril. “Muchos chinos llegaron al país en busca de oportunidades, se empezaron a deprimir y a tener ritos de suicidio: se cortaban las venas, pagaban para que le cortaran la cabeza, algunos se ahorcaron en sus propios moños”, comenta el autor. Y concluye: “Esta combinación de historia y poesía resultó un buen experimento”.

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