16 de agosto de 2016 11:05

Los iraníes frente al tabú de la fecundación in vitro

Encontrar un tratamiento se ha convertido en una necesidad para muchas parejas con problemas de fertilidad.

Encontrar un tratamiento se ha convertido en una necesidad para muchas parejas con problemas de fertilidad en Irán. Foto referencial: Wikicommons

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Agencia AFP

Mohamad espera en el pasillo de una clínica de Teherán en la que su mujer se somete a una fecundación in vitro. Como ellos muchos iraníes plantan cara a los tabúes para tener un hijo por inseminación artificial.

La esterilidad ha aumentado considerablemente en los últimos años en el país, afirman expertos iraníes que citan como probables causas la contaminación del aire y una alimentación de mala calidad.

Pese a ser un país conservador, Irán mantiene una actitud progresista hacia la medicina moderna. Pero el tratamiento de la esterilidad sigue siendo un tema delicado a nivel religioso y social.

Mohamad, de 45 años, y su esposa han esperado 10 años antes de intentar la fecundación in vitro. Su principal preocupación, dice, es que la familia pueda descubrirlo un día. “Algunas personas rechazan una fecundación con el esperma de otro hombre, porque más tarde la familia podría decir que el esperma es de un extranjero y negarle la herencia al niño”, declaró a la AFP. No quiso dar su apellido.

En este caso es el esperma de Mohamad con el óvulo de otra mujer, pero el matrimonio teme que la familia no se lo crea. Uno de los primos de Mohamad lo ha sufrido. Nació por fecundación in vitro y tuvo problemas con la herencia porque la familia lo considera un extraño.

Uno de cada cinco

En Irán, algunos líderes religiosos han dado instrucciones para facilitar la fecundación artificial: sólo se acepta la inseminación con el esperma del marido. El uso de óvulos de otra mujer plantea menos polémica, aunque se recomienda “una boda temporal (sigeh)” entre el hombre y la mujer que hace la donación de óvulos, por el tiempo que dure la operación.

No hay acuerdo sobre la materia. Otros religiosos estiman que un óvulo fecundado en un laboratorio (aunque sea con el esperma de un tercero) tiene identidad propia y por lo tanto puede introducirse en el útero.

Encontrar un tratamiento se ha convertido en una necesidad para muchas parejas con problemas de fertilidad. Según un estudio iraní de 2012, un matrimonio de cada cinco tiene dificultades para tener hijos después de un año de intentos, un índice entre un 5 y 8% más alto que el promedio mundial, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) . Y alrededor de 3 millones de parejas son incapaces de tener descendencia.

“La esterilidad masculina ha aumentado mucho”, declaró a la AFP Mohamad Mehdi Ajundi, director de la clínica Avicena y de la Sociedad Iraní de embriología y reproducción biológica.

“Hace 25 años que tratamos los problemas de esterilidad y desde entonces la calidad del esperma de los iraníes ha disminuido considerablemente y también hemos observado menopausias mucho más precoces”, añadió Ajundi, autor del estudio para la OMS en 2012.

Polución y comida basura

Los responsables de otras dos clínicas de Teherán asienten. “No tenemos cifras precisas pero hemos observado una multiplicación de los casos de esterilidad”, declara el director del departamento de fecundación in vitro en un hospital privado, que pide permanecer en el anonimato.

Todos ellos culpan a la contaminación del aire, sobre todo en Teherán. Además de las fábricas contaminantes, entran en juego otros factores -afirma el responsable del hospital privado- como la falta de instalaciones para el tratamiento de las aguas y una mala alimentación.

Irán carece de medios para combatir el problema: sólo tiene capacidad para 40 000 fecundaciones in vitro por año y cuenta con 60 centros especializados, de los que la mitad son privados.

El coste de la operación es bastante caro. Incluso en Avicena, un establecimiento público, los gastos ascienden a unos USD 2 000, o sea cinco veces el salario mensual de un empleado. Y a veces hacen falta varios intentos.

En la entrada de Avicena, Parisa, de 28 años, cuenta su historia. Lleva cinco años intentando quedarse embarazada. Ha tenido que convencer a su marido. La primera fecundación fue un éxito, pero el feto murió. Ahora se ha sometido a una segunda.

Esta vez, los médicos han usado tres óvulos al mismo tiempo. “Me encantaría tener trillizos”, dice con una sonrisa antes de que las lágrimas resbalen por sus mejillas. “He pasado por tanto que aceptaré lo que Dios me dé”.

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