6 de octubre de 2016 00:00

18 azuayos aprenden los secretos de la música andina

El músico Adolfo Idrovo (izq.) enseña sobre la elaboración de una flauta al profesor azuayo Héctor Uguna (der).

El músico Adolfo Idrovo (izq.) enseña sobre la elaboración de una flauta al profesor azuayo Héctor Uguna (der). Foto: Lineida Castillo / EL COMERCIO

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Lineida Castillo
Redactora
(F-Contenido Intercultural)

Para rescatar el patrimonio sonoro y cuidar las expresiones culturales, el Centro Interamericano de Artesanías y Artes Populares (Cidap) de Cuenca realiza el curso-taller de elaboración y ejecución de instrumentos de viento. Finalizará el 19 de octubre de 2016.

El musicólogo, investigador y artesano cuencano Adolfo Idrovo es el instructor de los 18 participantes. Durante tres horas y media, los estudiantes aprenden a construir los instrumentos con las fibras naturales como carrizo, bambú, duda, chaguarqueros…

Durante tres semanas han elaborado instrumentos como silbatos y la guagua, la palla, el ruco pingullo y la flauta. El pasado lunes 3 de octubre, mientras los estudiantes cortaron los tallos de los pencos para elaborar una flauta, Idrovo explicó que estos instrumentos fueron utilizados en el Tahuantinsuyo.

Con cualquiera de estos instrumentos, Idrovo es capaz de reproducir los sonidos de un tren, del agua corriendo, de algún tipo de ave, de un niño llorando… Según él, en Cuenca solo quedan tres expertos en este oficio y no están dedicados por completo a crear los instrumentos andinos porque hay pocos grupos folclóricos.

En el taller del Cidap las mesas están colocadas en forma de U. Allí, están la materia prima y herramientas como cuchillas, limas, lijas, cepillos, coladora, estiletes... Los alumnos siempre están concentrados dando forma a su instrumento y se levantan solo cuando necesitan ayuda de Idrovo.

Los estudiantes aprovechan este espacio para conocer la historia de los instrumentos Andinos. Idrovo contó que la palla era usada por los danzantes de Otavalo, en las fiestas de San Luis. Es similar al rondador y tiene de ocho a 10 tubos afinados que combinan entre notas graves y agudas.

A Héctor Uguna, docente del cantón azuayo de Nabón, le tomó dos días construir la palla en carrizo y aprender sus notas. Él tiene bases para elaborar flautas, pero admitió que no lograba obtener los sonidos precisos. “Aprendí que los sonidos dependen de la perfecta elaboración del instrumento”.

En sus planes está trabajar con los niños del grupo coral de la escuela donde labora. Con ellos quiere elaborar flautas para tocar en presentaciones en ese centro educativo. Para Fausto Ordóñez, director del Cidap, no solo se trata de mantener la elaboración de los instrumentos sino comprender la riqueza sonora local y ponerla en práctica.

Mesías Ojeda tiene 43 años y es oriundo de Ingapirca, en el cantón Cañar. Allí labora como guía nativo de turismo y se interesó por el taller para tener más bases sobre la música y los instrumentos andinos. “Quiero compartir estos conocimientos con las personas con las que me relaciono a diario para conservar mi cultura”.

Sus padres le contaron que la quipa, que tiene forma de caracola, fue el primer instrumento musical que sirvió al chasqui para anunciar su llegada. Este instrumento y el ruco pingullo, que también se utilizaron en los rituales, siguen vigentes en la tradicional fiesta del Taita Carnaval de Cañar.

Los últimos 40 minutos de cada clase son dedicados para ensayar las notas y sonidos. En ese tiempo se detectan las fallas y se hacen los ajustes.

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