6 de diciembre de 2016 00:00

Indígenas y afros le cantan a la Navidad

Las etnias de la Sierra Norte muestran sus manifestaciones culturales con la ­llegada de la celebración religiosa. En Otavalo e Ibarra hay dos iniciativas.

Las etnias de la Sierra Norte muestran sus manifestaciones culturales con la ­llegada de la celebración religiosa. En Otavalo e Ibarra hay dos iniciativas. Foto: José Luis Rosales / EL COMERCIO

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 3
José Luis Rosales
Redactor (F-Contenido Intercultural)

Cuando aún era una niña, Blanca Cachimuel nunca escuchó un villancico en kichwa, su lengua materna. Ahora, esta mujer que labora desde hace 25 años como docente es una de las que diri­ge al coro musical de la Unidad Educativa César Antonio Mosquera, de la comunidad de Agato, en Otavalo, Imbabura.

La agrupación, integrada por 25 chicos, ha ganado una inu­sitada fama por la interpretación de canciones religiosas de temporada en kichwa.

Una de sus presentaciones ocurrió el viernes último, durante un programa de la No­vena Navideña, en este idioma nativo y en español. El programa, que convocó a otras es­cuelas de la ‘Provincia de los Lagos’, se desarrolló en la Escuela San Juan Diego, de la capital imbabureña.

Las hermosas melodías están recogidas en un pequeño libro denominado ‘Navidad Iskunniki Mañanakuna’ (Novena de Navidad, en español).

El texto contiene ocho canciones en kichwa. Entre ellas constan famosos coros de temporada como Uka Miski Jesús (Dulce Jesús Mío), Wawalla ña Shamun (Ya viene el Niñito), Wayta rusakuna (Claveles y rosas) y Alli Shamushkanki (Bienvenido seas), en otros.

Los estudiantes, como Dayson Castellanos provienen de Agato, una jurisdicción indígena en donde se busca revitalizar el idioma ancestral.

También la vestimenta tradicional. Las mujeres, que visten faldas amplias conocidas como anacos y blusas bordadas, lucen aretes grandes llamados orejeras y una especie de manto, que es el reboso. Los hombres están ataviados con pantalón, camisa y alpargatas blancas. En algunos resaltan el poncho y el sombrero.

Para darle un toque de perfección se escogió a los estudiantes que poseen los mejores timbres de voz. Así también los músicos que manejan con maestría violines, guitarras, charangos, quenas, rondadores y el bombo.

No son improvisados. Llevan cuatro años alegrando las fiestas especialmente de diciembre. Nancy Ibujés, profesora de los artistas bilingües, asegura que aunque no tienen un maestro de música han logrado ensamblarse.

¿La razón? Todos son herederos de la tradición musical, que se transmite de padres a hijos en las comunas indígenas. Se trata de un traspaso de conocimientos similar al que se vive en las comunidades afroecuatorianas de la Sierra norte. Un ejemplo es la agrupación de la Pastoral Afro.

Este conjunto, integrado por seis adultos mayores, cumplió dos años de trayectoria. A diferencia de los grupos indígenas, ellos crean villancicos navideños, con letra y música compuesta por ellos mismos. Así comenta Hila Lara, de 60 años, oriunda del Valle de El Chota.

Hasta el momento, el grupo tiene siete canciones navideñas. Se trata de ritmos afros con ritmos ancestrales como el arrullo y la bomba. Las melodías tienen nombres singulares, como: El Niñito se embarcó en una concha de haba, El chanchito, El Niñito Llorón, entre otros.

Según Feliciana Caicedo, otra corista, ofrecen música alegre, producto de una fusión de ritmos de las regiones Sierra y Costa, que expresan su espiritualidad cultural. Para ello, utilizan instrumentos como el bombo y el cununo de los afros de Esmeraldas, la Bomba del Chota y las maracas de los músicos del Caribe.

La música de la agrupación de la Pastoral Afro está dominada por la percusión. Jorge Méndez, nativo de la comunidad de Santa Ana, cantón Mira, provincia del Carchi, toca un pequeño tambor llamado bomba. Éste le da el nombre al ritmo de territorio ancestral Chota-Salinas-La Concepción.

De acuerdo a la cosmovisión de los pueblos ancestrales del Ecuador, la Navidad es una celebración traída por los conquistadores europeos. En varias comunidades indígenas de Ibarra y Otavalo, en cambio, mantienen el Kapak Raymi (Fiesta de la Sabiduría), que se celebra este mes.

Se trata de una de las cuatro fiestas andinas que celebran los indígenas desde tiempos remotos. Las otras son Mushuk Nina (Fuego Nuevo), el 21 de marzo; Inti Raymi (Fiesta del Sol), 21 de junio y el Kuya Raymi (Fiesta de la Fertilidad, el 21 de septiembre.

“Se trata de otras lógicas culturales”, de acuerdo a Luis de la Torre, estudioso de la cultura andina. Explica que el Kapak Raymi, por ejemplo, es una época de organización, del fortalecimiento de las comunidades nativas.

Por ello, actualmente por estas fechas se efectúa la elección de los cabildos, que son autoridades designadas en asambleas comunitarias.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (0)
No (0)