6 de November de 2014 20:25

Imbabura cuenta con un circuito cultural que se consolida

Otavalo, Cotacachi y Antonio Ante albergan espacios culturales que aportan desde las artes escénicas, la música y el cine. Foto: José Luis Mafla / EL COMERCIO.

Otavalo, Cotacachi y Antonio Ante albergan espacios culturales que aportan desde las artes escénicas, la música y el cine. Foto: José Luis Mafla / EL COMERCIO.

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José Luis Rosales. Redactor
jlrosales@elcomercio.com (I)

AMI Cine Teatro, en Cotacachi; el Kinti Wasi (Casa del Colibrí, en quichua), en Otavalo; y el Teatro Auditorio Club La Industria Algodonera (LIA), en Antonio Ante, son las principales vitrinas culturales de Imbabura.

Para el francés Etienne Moine, director del cinematógrafo privado de Cotacachi, si bien el eje de AMI es el séptimo arte, también tienen cabida otras actividades ­culturales. El próximo martes, precisamente, se dedicaran dos días al teatro, como parte del décimo Festival Guaguas de Maíz.

En Otavalo, la actividad gira en torno al Kinti Wasi, abierto en el 2011. Se trata de un espacio público administrado por el municipio local. Aquí, igualmente, se muestran obras de teatro, danza y canto, entre otros. Cristian Morales, encargado del sitio, explica que, por ejemplo, ya se han institucionalizado los viernes artísticos culturales.

Mientras tanto, en Antonio Ante el recientemente inaugurado Museo Fábrica Imbabura ofrece el teatro LIA, que tiene capacidad para 450 personas. Este escenario ha acogido a grupos como la Sinfónica Metropolitana de Quito, la Orquesta de Instrumentos Andinos, el Ensamble de Guitarra de Quito…

Para Amanda Trujillo, directora del Festival de Cine La Imagen de los Pueblos, que se presenta cada año en Imbabura y Carchi, estos nichos han permitido que la Sierra Norte se integre al circuito cultural.

Sin embargo, el que más le llama la atención es el AMI Cine Teatro, porque ahí se generan espacios para los amantes del cine independiente. Moine explica que el proyecto busca llegar a los indígenas, mestizos y “gringos” que viven en Cotacachi. La propuesta está dedicada a niños, jóvenes y adultos.

Pero quizá lo más representativo es que el ingreso a las funciones de cine no tiene un costo. En vez del pago de una entrada fija se coloca una canasta para que la gente pague lo que esté al alcance de su bolsillo. Cuando se proyectan actividades infantiles, además, se ofrece transporte desde las comunidades de la zona rural.

La cartelera de AMI Cine Teatro se especializa en películas no comerciales nacionales y extranjeras. Y cuando se trata de cintas ecuatorianas, se invita a sus directores para conversar con el público.

Ante la falta de recursos para el pago de los cineastas invitados, AMI les ofrece hospedaje y alimentación. Entre los participantes han estado los directores Sebastián Cordero, Tania Hermida, Rafael Barriga, entre otros.

Kinti Wasi, por su parte, se financia con un presupuesto del Municipio de Otavalo. Este año fue de USD 25 000, que ha permitido un mayor dinamismo. En septiembre último, por ejemplo, con la Banda Sinfónica del Gobierno Provincial de Pichincha se realizó un homenaje a los compositores otavaleños.

Se recordó a Gonzalo Benítez, Guillermo Garzón Ubidia, Gonzalo Vinueza, Virgilio Chávez y Ulpiano Benítez.

Pero estos espacios culturales no solo son escenarios para la exhibición de artistas profesionales. Ahora le apuestan a la formación de nuevos talentos. El Kinti Wasi
tiene un coro y una escuela de teatro, que llevan el mismo nombre del centro.

Según Ricardo Haro, ex director de teatro, la institución nació con 25 actores y actrices y está abierta desde hace un año y cinco meses. A más del apoyo económico del Cabildo también cuenta con el auspicio del Ministerio de Cultura. Este grupo ha realizado adaptaciones de las obras como ‘El avaro’ y ‘Las preciosas ridículas’, de Moliére, y ‘Una noche de verano’, de William Shakespeare.

Michael Santana, alumno de esta escuela, considera a Kinti Wasi como su segundo hogar. Este otavaleño, de 18 años, ha recibido formación en danza y teatro. En la obra de Shakespeare protagonizó a un duende llamado Puk.

Algo similar se busca realizar en el Museo Fábrica Imbabura. Dentro de esta dinámica, el sábado último, 45 chicos de entre 10 y 16 años empezaron su formación en el grupo cultural La Rueca, Tejiendo Cultura.

Marlene Irua, encargada del proyecto, explica que los flamantes integrantes fueron seleccionados de un total de 130 participantes. Por ello, prefirieron a quienes tienen formación en música, danza y teatro. La finalidad de esta nueva agrupación será la creación y difusión de actividades culturales.

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