20 de julio de 2015 12:58

Las iguanas marinas son el termómetro del calentamiento global en Galápagos

Las iguanas marinas negras de Galápagos son una especie única que vive hasta 60 años. Estos reptiles no pueden ser tocados por los visitantes. Foto: Rodrigo Buendía/ AFP

Las iguanas marinas negras de Galápagos son una especie única que vive hasta 60 años. Estos reptiles no pueden ser tocados por los visitantes. Foto: Rodrigo Buendía/ AFP

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Agencia AFP

El fenómeno de El Niño regresó y a primera vista parece un juego de playa: las iguanas marinas de Galápagos, uno de los archipiélagos más expuestos al calentamiento global, corretean con los científicos y se dejan medir y pesar antes de volver a la arena.

Pero para Eduardo Espinoza, director de investigaciones marinas del Parque Nacional Galápagos (PNG), se trata de una tarea muy seria que permite vigilar los cambios en especies amenazadas por El Niño.

Este evento natural, que aumenta la temperatura en el océano Pacífico, genera fuertes lluvias y debilita los vientos, no tiene ciclos establecidos.

No obstante, los científicos sospechan que la irresponsabilidad ambiental está tornando El Niño más frecuente y potencialmente destructivo. Sobre todo para la vida marina de Galápagos, el turístico archipiélago ubicado a 1 000 km de la costa ecuatoriana que inspiró la teoría darwinista de la evolución.

El calentamiento global y su incidencia sobre El Niño planea sobre la conferencia mundial del clima que se realizará en diciembre en París, donde se pretende alcanzar un acuerdo para frenar la contaminación industrial queeleva la temperatura de la Tierra y el nivel de los océanos.

Espinoza es un científico de 46 años que viste pantalones cortos que le dan un aire de 'boy scout', no come mariscos y es capaz de nadar entre tiburones que lo cuadruplican en tamaño. Camina con la mirada en el suelo para detectar y recoger cualquier basura.

La semana pasada, regresó a playa de Los Perros, en la isla Santa Cruz, para ver cómo están las iguanas marinas negras de Galápagos, una especie única con aire prehistórico que vive hasta 60 años.

Estos reptiles no pueden ser tocados por los visitantes, pero Espinoza los toma por la cola, los mide con una cinta métrica amarilla y los pesa con una balanza de mano. Todo con el único fin de registrar los cambios que experimenta esta especie ahora que El Niño, que reapareció este 2015, puede prolongarse hasta 2016, según autoridades.

"Las iguanas marinas solo se alimentan de algas, cuando son chiquitas no bucean, comen (cerca de la playa) donde hay pastos de algas. En la época de El Niño estas algas pueden escasear y muchas empiezan a morir", dijo Espinoza.

La basura de Japón en Galápagos

Entre 1997 y 1998, El Niño golpeó a Galápagos, Patrimonio Natural de la Humanidad, y dejó una huella destructora: el blanqueamiento de colonias de corales y la reducción dramática de pingüinos, cormoranes voladores, lobos marinos e iguanas marinas.

Entonces, los científicos notaron que las iguanas perdían peso y se encogían hasta cinco centímetros, señaló en su momento Judith Denkinger, bióloga del Instituto de Ciencias del Mar de la Universidad San Francisco de Quito.

Los reptiles se recuperaron y, hacia 2001, ya eran 700 000 individuos. Un censo realizado en 2014 determinará próximamente cuántos suman en la actualidad.

Espinoza también recuerda que, por la época letal de El Niño, era común ver crías muertas de lobos marinos casi en huesos, porque sus madres tardaron mucho en regresar con alimento.

El Niño reduce la productividad en el Pacífico y obliga a los lobos marinos a ir mucho más lejos en busca de peces. Las especies de Galápagos son aptas para sobrevivir a anomalías climáticas -una característica conocida como resiliencia-, pero si estas variaciones ocurren con demasiada frecuencia e intensidad, los animales no logran recuperarse, es decir, retornar al equilibrio entre natalidad y mortalidad.

Con unos 27 000 pobladores, Galápagos es una de las reservas naturales protegidas que más especies endémicas alberga en el mundo, desde las tortugas gigantes terrestres que le dan nombre, pasando por tiburones, iguanas y aves marinas.

Su enorme riqueza la convierte en una zona muy frágil frente al cambio climático, que podría alterar para siempre los diversos ecosistemas de las islas y exterminar especies.

Los pobladores ya hacen mucho para preservar las islas, según los expertos. Por ejemplo, reciclan y acatan los controles de pesca y de ingreso de especies invasivas como perros, gatos y cabras que son mortales para los animales de Galápagos.

Asimismo, erradicarán por ley el uso de bolsas plásticas a partir de agosto. Pero Galápagos no es un lugar aislado. Su ubicación en el centro de mundo, hace que allí confluyan varias corrientes marinas que arrastran la basura del Pacífico.

Hemos "encontrado basura de Japón, de otras islas (del Pacífico). El plástico, por ejemplo, está matando animales. Hemos encontrado lobos marinos con plástico enredado en el cuello", recuerda Espinoza.

De ahí que la suerte de Galápagos dependa mucho de lo que se decida en diciembre en París. "Un área como Galápagos no se protege sola. Si la contaminación mundial de los océanos continúa, el problema es muy grave", advierte.

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