11 de January de 2015 20:33

El hombre, más abierto al uso de anticonceptivos

El fondo de población de Naciones Unidas (UNFPA) solicitó una mayor inversión de los gobiernos en programas de salud sexual y reproductiva. Foto: Wikicommons.

En 1960 apareció la pastilla anticonceptiva y representó un triunfo social, especialmente para la mujer. La píldora de uso masculino aún está en fase de prueba. Foto:Wikicommons

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Andrés Jaramillo

Desde que tomó la decisión de iniciar su vida sexual, a los 18 años, sabía que no podía hacerlo sin una orientación. Sobre todo por el riesgo de provocar un embarazo no deseado o contagiarse de una enfermedad de transmisión sexual.

Por eso Jorge García -ahora de 26 años- habló con su actual pareja antes de convertir su relación en algo más íntimo. Creyeron que la mejor alternativa era usar condón. Así, ella no tendría que tomar pastillas anticonceptivas ni exponerse a efectos secundarios.

Estos fármacos pueden causar la coagulación de la sangre y consecuentemente una tromboembolia (obstrucción del flujo sanguíneo).

Santiago Córdova, ginecólogo del Hospital Metropolitano, explica que el estrógeno, uno de los dos componentes de la pastilla anticonceptiva (el otro es la progestina) es el causante.
Pero siempre y cuando se cumpla con otras precondiciones.

Por ejemplo, padecer obesidad, tabaquismo o tener familiares con antecedentes de cáncer. Las mujeres saludables e incluso las adolescentes pueden usar las pastillas anticonceptivas sin riesgo.

García no quiso correr riesgo con su pareja y por eso asumió parte de la responsabilidad en la planificación. Lo primero que hizo fue informarse sobre las opciones que existían. Así conoció de los intentos para crear una pastilla anticonceptiva para hombres. No tenía inconveniente en tomarla, pero la píldora aún no se encuentra en el mercado.

La creación de esta pastilla ha sido uno de los retos mayores de la ciencia, aunque con más fracasos que aciertos, al igual que en la creación de una inyección o parche masculino.

En diciembre se conoció sobre un estudio de la Universidad de Monash (Australia), que se acercó más al objetivo. Sus experimentos fueron en ratones de laboratorio, con resultados positivos. Dejó a un lado la clásica estrategia de inhibir la producción de espermatozoides, mediante hormonas. En su lugar, bloquearon las proteínas que permiten el avance del esperma en la eyaculación. Sin embargo, pasarán aún varios años hasta que pueda probarse en humanos.

Mientras, García dice que aceptó el preservativo. En su primera relación superó el mito que había escuchado en las conversaciones de sus amigos de que el condón no permitía disfrutar a plenitud la relación. Se dio cuenta de que no dependía de un preservativo sino de la comunicación con su pareja.

La Organización Mundial de la Salud reconoce el uso de 12 métodos anticonceptivos. De estos, apenas dos son para hombres: el condón y la vasectomía. Virginia Gómez, presidenta de la Fundación Desafío, cree que esta brecha evidencia una forma de machismo en los círculos científicos.

“Los experimentos para obtener un anticonceptivo para hombres son desechados ­porque causan efectos secundarios. Y no se aplica la misma ­lógica a las mujeres, que sí deben soportarlos”, dice Córdova. En ­Ecuador, 80,1% de las ­mujeres en edad fértil (15 a 49 años) ­utiliza un método anticonceptivo, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). En 1979, el porcentaje era del 33,6% .

Por su parte, Córdova ase­gura que hay un factor bioló­gico que sí ha dificultado el ­desarrollo de un anticonceptivo masculino. Una mujer produce un óvulo por mes y aproximadamente 500 en toda su vida fértil. Un hombre, en cambio, en cada eyaculación elimina de 100 a 300 millones de espermatozoides. “Es más fácil, farmacológicamente hablando, inhibir al ovario, que esa cantidad de espermato­zoides”.

García cree que independientemente de las opciones que existan, el hombre tiene que asumir su papel. “Es importante por el bienestar de los dos”. Con su pareja incluso acudieron a un ginecólogo para tener una orientación.

Ahí les practicaron exámenes que permitieron también conocer su estado de salud. Les dieron información y también la confianza para hacer las preguntas de rigor: ¿qué método produce menos cambios hormonales?, ¿qué tan seguros son?, ¿cuál es el más recomendable?, pues puede variar para cada pareja. Solo un especia­lista puede determinarlo.

Gabriela Rivera, obstetra del Centro Médico de Orientación y Planificación Familiar (Cemoplaf), atiende cada semana 25 casos. De estos, 10 corresponden a parejas que buscan un método anticonceptivo (la mayoría adolescente).

Ella ha notado que, desde hace un año, los hombres se involucran más con la planificación. Antes, por ejemplo, las mujeres llegaban solas a las citas. Preguntaban por los anticonceptivos para mujeres; ahora también lo hacen por los masculinos.

García, por ejemplo, ha pensado en practicarse la vasectomía cuando ya tenga una familia consolidada. No quiere que su futura esposa se practique un procedimiento invasivo como la ligadura. “La vasectomía es mucho menos riesgosa”, explica al asumir esta responsabilidad.

La política pública que promueve el acceso a información exhaustiva sobre sexualidad sin tabúes ha influido en este cambio, según Rivera, así como la guía en casa, el colegio y el acceso a información a través de Internet. Gómez coincide con la idea de que hay un cambio social.

Aunque aclara que aún se concentra en las grandes ciudades del país y en un sector que, en términos generales, está vinculado a procesos sociales, educativos, intelectuales. “En el sector rural o en el indígena, por citar solo un caso, la realidad es otra”.

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