14 de febrero de 2018 00:00

La historia de los carnavales de Guaranda está en un museo

Los visitantes pueden recorrer los tres pisos del edificio, donde se observan diferentes ilustraciones de la fiesta. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

Los visitantes pueden recorrer los tres pisos del edificio, donde se observan diferentes ilustraciones de la fiesta. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

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Fabián Maisanche
Redactor
fmaisanche@elcomercio.com
(F-Contenido Intercultural)

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La ciudad de Guaranda cuenta ahora con un Museo del Carnaval. La exposición permanente está habilitada en los tres pisos de un edificio que tiene forma de guitarra, ubicado en la cima de una colina en el sector de San Jacinto.

El Departamento de Cultura del Municipio recuperó este espacio, luego que la estructura sufriera daños tras el terremoto del 2016. Desde allí se observan las comunidades y la capital de la provincia de Bolívar, el nevado Chimborazo y colinas que rodean la urbe.

Patricia García es la encargada de explicar a los visitantes las diferentes áreas del museo. En la primera planta se explican el clima, cultivos y cantones que tiene Bolívar. En otro espacio hay fotografías y textos sobre el inicio del Carnaval en el mundo y las tradiciones del juego en otros países.

En la exposición se cuenta también cómo se fue conjugando esta celebración pagana en las comunidades indígenas, la época colonial y el inicio de la fiesta en la ciudad.

“El Carnaval de Guaranda tiene influencia española, por eso hay carros alegóricos, máscaras y jóvenes que bailan disfrazados”, indica García. Ella añade que hace 20 años, cuando empezaba esta fiesta, los guarandeños recibían en sus casas a los visitantes y les brindaban comida y bebidas.

En un espacio del museo se explica que el Carnaval era conocido como la época del enamoramiento. García cuenta que antes los jóvenes solicitaban permiso al padre de quien querían como pareja el respectivo permiso para cortejarla.

Esta costumbre incluía un repertorio de canciones que los hombres daban a los padres, acompañados con una guitarra o un requinto. “Al tener el permiso del suegro, los jóvenes lanzaban los cascarones, que eran fabricados con cera y en su interior contenían agua con perfume o colonia. Si la chica atrapaba el cascarón se abrían las puertas y comenzaban los juegos”, asegura García.

En la exposición permanente hay otros espacios que cuentan otras costumbres de los festejos carnavalescos, como el ya conocido juego con agua y polvo. Además, se explica sobre la vestimenta, gastronomía e instrumentos autóctonos que caracterizan esta festividad.

En un espacio de la primera planta está la fotografía de Eduardo y Óscar González. Ellos grabaron en un disco de acetato la primera canción del Taita Carnaval, con la ayuda de un rondador, guitarra y acordeón, en un estudio de grabación en la ciudad de Riobamba.

Dominguín González es hijo de Eduardo y representa este año al Taita Carnaval. El funcionario público cuenta que su familia participa de manera activa en las celebraciones.

Antes de Dominguín lo hicieron Quento González, Raúl Naranjo, Tito González y su hermano Óscar González; la familia cuenta con un sinnúmero de chicas que fueron elegidas Reina del Carnaval. El retrato de las exrreinas de la ciudad y Taitas Carnaval o personajes simbólicos de la fiesta están en el segundo piso.

Allí hay la vestimenta de estos personajes y donaciones de instrumentos musicales y fotografías que retrataron la fiesta en años pasados.

Además, hay espacios lúdicos para que los niños y jóvenes puedan interactuar y conocer la historia del Carnaval. En pizarras y libros los visitantes pueden escribir frases o coplas carnavalescas.

El museo muestra ilustraciones sobre la gastronomía que abunda durante este festejo como: jucho, mote, fritada, chicha y tamales.

En la pantalla de un televisor se reproduce el video de cómo hacer algunos de estos platos típicos o la conocida bebida del Pájaro azul.

En el tercer piso se exhibe el Carnaval Intercultural, el Pawkar Raymi o Fiesta del Florecimiento y la Fertilidad. Allí se narra la elección de la Ñusta o Reina indígena y las actividades que realizan las comunidades, como el entierro.

Pablo Escorza, director de Desarrollo Comunitario y Acción Social del Municipio de Guaranda, explica que en el museo se exponen objetos únicos donados por varias familias de la ciudad.

“Hay piezas que guardan recuerdos de muchos carnavales. Esta fiesta fue declarada Patrimonio Intangible en el 2002 y este es un homenaje”, dice con orgullo Escorza.

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