8 de febrero de 2016 14:51

Guayaquil vivió fiesta andina alrededor del Pase del Niño Carnavalero

El Pase del Niño Carnavalero es una fiesta que migró desde la serranía hasta Guayaquil. Foto: Marios Faustos / EL COMERCIO

El Pase del Niño Carnavalero es una fiesta que migró desde la serranía hasta Guayaquil. Foto: Marios Faustos / EL COMERCIO

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Juan Carlos Mestanza

Es una tradición que la iniciaron 48 años atrás los esposos Julio Carpio y María Velasteguí. Ellos llegaron desde su natal Riobamba a radicarse en Guayaquil, en busca de mejores oportunidades.

Y con ellos, entre sus pocas pertenencias, y en medios de sus ganas de darle un mejor futuro a sus hijos, trajeron su devoción y su fe al Niño Carnavalero. “Mis padres empezaron esta tradición de cada lunes de Carnaval, hace 45 años. Para entonces cada Carnaval la familia viajaba a hacer el festejo a Riobamba. Pero, a raíz de que nuestra madre enfermó, y falleció luego, los últimos 25 años el Pase del Niño Carnavalero lo hemos hecho en Guayaquil”, cuenta Vinicio Carpio, el segundo de los 14 hijos de la pareja.

Desde entonces, son los herederos los que, de manera rotativa, asumen la condiciones de priostes como familia. “Yo he sido tres veces prioste. El resto, la mayoría, lo han sido dos veces”, acota Carpio de 76 años y quien es el líder de la organización de la fiesta.

La mayor de los Carpio Velasteguí es Julia. A sus 80 años es la que organiza el grupo de mujeres de la familia, en su mayoría señoras, que forman el cuerpo de danzas andinas típicas riobambeñas y que participan del desfile con el Niño Carnavalero.

Su hijo, Iván Castillo (48 años), recuerda que desde pequeño ha participado de esta celebración. “Es una fiesta familiar que la iniciaron mis abuelos con sus 14 hijos y que ahora estamos por la quinta generación sumando unos 30 nietos y 12 bisnietos. Además, aquí se han sumado vecinos nuestros, amigos que son devotos del Niño”.

Y esa apertura permitirá que el próximo año 2017, por primera vez en la historia de los Carpio-Velasteguí, el prioste no sea de la familia. “Tuvimos un pedido muy especial de una familia amiga, los Vera Loor, de que querían por su devoción ser los priostes el año siguiente y tomamos la decisión de aceptar porque nuestro principal fin es que esta celebración se mantenga por muchos años y que el Niño Carnavalero siga sumando más devotos”, expresó Castillo.

Este lunes 8 de febrero del 2016, unas 400 personas llegaron en una caminata desde Rumichaca y Ballén, hasta la Catedral de Guayaquil, en la calle Chimborazo. A lo largo de cinco cuadras en la caravana predominó la música y bailes andinos al ritmo de temas como ‘Ya viene el niñito’ y ‘Dulce Jesús mío’.

Luego vino la solemnidad de la misa a cargo del padre Rómulo Aguilar, Rector de la Catedral de Guayaquil y, tras su bendición, la imagen salió en manos de los priostes Edison Carpio, Laura Carpio, Edison Guacho.

Fue cuando se desató un Carnaval en los exteriores del templo católico. Dirigidos por Juan Qispillo, los músicos de la banda de pueblo JQ y su Gran Integración, comenzaron a entonar sanjuanitos.

Allí entraron en escena los 18 miembros del Ballet Folclórico Inti Raymi del cantón Durán, dirigidos por Luis Segarra. Ellos deleitaron con bailes andinos en medio del lanzamiento de espuma de carnaval. Para entonces los priostes y le Niño Jesús estaban en el centro de la calle y los bailarines invitaron a danzar al público, muchos de ellos devotos que salían de la misa y turistas que salieron del Parque de las Iguanas atraídos por la música y la algarabía.

Desde los más chiquitos hasta las personas con más edad, como doña Julia Carpio lucieron trajes de la serranía. Todos bailaban, todos disfrutaban del lanzamiento de espuma. Del sanjuanito se pasó al pasacalle y al albazo y más espuma volaba por los aires sin importar el cielo nublado y presagio de llovizna. En medio del baile no faltó la presencia del personaje del diablo y del diablo huma que son parte de las danzas andinas.

Luego se inició el desfile hacia el sitio de partida para de ahí trasladarse a la ciudadela Santa Mónica, al sur de Guayaquil.
Allí los esperaba la parte final del festejo. Un baile de recepción, una oración, y luego la entrega de la imagen a los nuevos priostes. Y a partir de allí, nuevamente la música con la banda de pueblo y los bailes andinos con el juego de Carnaval, degustando además chicha y aguardiente así como chancho hornado “importado” desde Riobamba.

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