6 de marzo de 2015 22:37

‘He querido saber que se siente no ser mujer’

Gabriela Alemán ganó el primer lugar del Premio Ciespal de Crónica por su artículo 'Los limones del huerto de Elisabeth'. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

Gabriela Alemán ganó el primer lugar del Premio Ciespal de Crónica por su artículo 'Los limones del huerto de Elisabeth'. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

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Gabriela Alemán
Río de Janeiro, 46 años
Escritora ecuatoriana nacida en Brasil. En 2014 ganó el primer lugar del Premio Ciespal de Crónica, por su artículo 'Los limones del huerto de Elisabeth', y el Joaquín Gallegos Lara, por su libro de cuentos 'La muerte silba un blues' (2014).

Claro que he querido quitarme el cuerpo, bajar ese invisible cierre que desciende por ambos lados de mi barbilla hasta la punta de mis pies, y saber que se siente no ser mujer. Despojarme de este pesado cuero −lleno de protuberancias, marcas y vello− para saber si todo reside en el cuerpo y si la manera cómo me trata el mundo y yo me comporto en él, solo tiene que ver con mi forma. Y, para ser justos, no es una idea muy original. En “La mano izquierda de la oscuridad” Úrsula K. Le Guin crea un mundo de seres andróginos que cada cierto tiempo se transforman en hombres y mujeres y también lo hace Virginia Woolf en “Orlando”. La novela de Woolf es de 1928, la de Le Guin de 1976. Hace más o menos tres siglos. ¿Qué le ocurre al protagonista de Woolf? Las transformaciones persiguen a Orlando, al inicio de la novela es un guapo y joven aristócrata del siglo XVII que se transforma en un pobre escritor para luego de la intervención de los espíritus de Nuestra Señora de la Pureza, Nuestra Señora de la Castidad y Nuestra Señora de la Modestia transformarse en mujer. Es curioso lo que hace Woolf, hace que Orlando mantenga su misma personalidad, mientras cambia su sexo. Nunca cambia su identidad. En la transformación a mujer, Orlando pierde el derecho a sus tierras y propiedades al no estar casada en el momento en que fallece su padre. También debe aprender a ser sumisa, delicada y modesta para sobrevivir en sociedad. Y lo hace, a través de trescientos años, aprendiendo a comportarse como deben comportarse las mujeres. ¿Por qué estos experimentos de dos escritoras tan diferentes? Intuyo que contaban mentiras, un cúmulo de ellas, imaginando para intentar llegar a alguna verdad. Para ver si atrás de nuestro largo condicionamiento social existe algo, aparte de nuestra forma fisiológica y función, que diferencia a los hombres de las mujeres. En el caso de “Orlando”, al final del libro, el/la protagonista conoce a un librepensador, a principios del siglo XX, que sigue enamorado de él/ella a pesar de su fluctuación de género. ¿En el libro de Le Guin? El mundo, donde todos experimentan ser tanto hombres como mujeres, no conoce la guerra ni la explotación. Ni la explotación hacia las mujeres, ni hacia los débiles, ni hacia el planeta. El comentario seguiría así, no hay dominación porque existe integración y balance. Así que, ¿qué me gusta de ser mujer? Leer a mujeres que escriben sobre mundos alternativos para que nuestro mundo y sociedad pueda imaginarse de otra manera.

Frase: “Despojarme de este pesado cuero −lleno de protuberancias, marcas y vello− para saber si todo reside en el cuerpo y si la manera cómo me trata el mundo y yo me comporto en él, solo tiene que ver con mi forma”.

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