26 de abril de 2015 13:58

El Carpazo cumplió con un cartel competitivo

La banda ecuatoriana Biorn Borg se reunió nuevamente con motivo de El Carpazo. Foto: María Isabel Valarezo/ EL COMERCIO

La banda ecuatoriana Biorn Borg se reunió nuevamente con motivo de El Carpazo. Foto: María Isabel Valarezo/ EL COMERCIO

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 2
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 17
Luis Fernando Orquera

El concepto musical del Festival El Carpazo es simple pero efectivo: mezclar propuestas locales nuevas con legendarias, agitar con buen sonido y culminar la presentación de este cóctel con tres bandas extranjeras de alto calibre.

Así se cocinó la tercera edición que tuvo lugar el sábado 24 de abril en El Potrero de Lumbisí. Este lugar rodeado de la naturaleza propia de los valles aledaños a Quito, ha ofrecido un espacio ideal para esta celebración desde el 2014.

En esta ocasión, además de la feria de comidas y productos enmarcados en ideas de consumo sustentable, comercio justo y de procedencia orgánica, hubo espacios alternativos para el entretenimiento de niños y adultos.

El más popular para todas las edades fue la rueda moscovita que se instaló junto a uno de los escenarios que hubo en el festival. Desde ahí, los asistentes daban vueltas por sobre el horizonte de Cumbayá y Tumbaco mientras en las carpas (escenarios) alternaban artistas inclinados, en su mayoría, a los sonidos indie rock o electro.

La carpa más grande (Adidas Cupercolor), albergó en su espacio circense las presentaciones más cómodas de ver y disfrutar. En general, todas los peformances se destacaron de principio a fin si se piensa en lo interpretativo y sonoro.

Sin embargo, bandas como Tanque, Biorn Borg, Brazilian Girls (EE.UU.) y Los Tetas (Chile) dejaron un impacto mayor en las retinas que sus colegas del escenario más pequeño (Radio Cocoa). Esto porque aparte de escucharlos, se los pudo ver bien; algo que era una tarea difícil en la reducida carpa que se introdujo este año, una cuyo escenario estaba casi al nivel de los espectadores.

De todas formas, ahí se dieron encuentros importantes de bandas locales con sus seguidores que coreaban sus canciones. En ese sentido, La Máquina Camaleón fue el acto que pese a la dificultad visual, logró un impacto en el público desde las primeras hasta las últimas filas con melodías fáciles de memorizar y una base rítmica ajustada.

De regreso a la carpa grande, se podía identificar diversos tipos de moda entre los asistentes que descansaban en el césped o caminaban por El Potrero. No faltaron los lentes de marco grueso, las barbas de leñador, las flores en la cabeza o las fedoras.

Muchos pintaron sus rostros gracias a un stand que proporcionaba pigmentos de colores fluorescentes que brillaban con luz negra. Claro, también estaban los de facha propia; aquellos sin necesidad de etiquetas. En general, había una atmósfera relajada.

Eso sí, aparte de esquivar grupos de personas, conforme pasaba el día también había que saltar la basura que no era depositada en los varios tachos que se ubicaron en el gramado.

No obstante, la falta de cultura de recolección de deshechos se compensaba con la alta respuesta en las presentaciones musicales. El público acompañó efusivamente a cada acto lo cual provocó regalos de regreso desde el escenario.

Uno de ellos tuvo lugar cuando la vocalista de Brazilian Girls, Sabina Sciubba, se hizo paso en medio del público para cantar, recibir besos, abrazos, risas y uno que otro presente acorde al tema que sonaba en ese momento (Pussy).

En general, el festival se lleva una calificación positiva por su creciente convocatoria, el cartel, el sonido, su ambiente y por consolidar el pago de una entrada en un medio donde aún reina la gratuidad en el consumo de cultura.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (3)
No (0)