3 de diciembre de 2014 14:38

Feromonas: esencias biológicas que desatan la atracción sexual

Las feromonas tienen una gran influencia en la realización del acto sexual. Foto: Wikicommons.

Las feromonas tienen una gran influencia en la realización del acto sexual. Foto: Wikicommons.

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Laura de Jarrín

Las feromonas están ligadas a la mayoría de situaciones cruciales en nuestras vidas, desde la lactancia hasta la selección de la pareja. Los estudios han demostrado, por ejemplo, que el bebé recién nacido puede distinguir entre la almohadilla en el pecho usada por su madre y aquella de una persona extraña, y en la cuna rápidamente se alejará de aquella que la siente no es familiar y buscará la de su mamá.

Incluso cuando se escoge al ‘alma gemela’, subconscientemente se reacciona frente a las feromonas que trasmite su compatibilidad genética. Las feromonas son el sexto sentido, se las usa para comunicarse sin hablar, para darse cuenta de algo sin conocerlo y para transmitir y recibir información crítica e incluso aquella que puede salvarnos la vida. Pero, las feromonas que conducen al comportamiento sexual son, sin duda, las más excitantes.

Según un interesante artículo publicado por Smart Publications, los niveles de feromonas tienen inmensa influencia en cómo y con quién se realiza el acto sexual, en cuan confiada y atractiva se siente la persona sobre su sexualidad y en cómo otros la perciben.

Sin embargo, con el paso de los años los niveles de feromonas, junto con los de nuestras hormonas, gradualmente disminuyen. Esto suele llevar a sentirse aislado, irritable, desconfiado y menos anhelante del sexo y el romance.

Para empeorar las cosas, en un esfuerzo por lucir atractivo a la gente, probablemente se bañe, se coloque desodorante y perfume quitando de en medio su cualidad más seductora. En otras palabras se estaría suprimiendo su poderosa y única forma de seducción natural.

Quizás recuerden aquella explosión de las feromonas al final de la década de los 80, cuando los perfumes y colonias aseguraban contenerlas y eran etiquetados como afrodisiacos potentes. Muchas de esas fórmulas en realidad contenían una feromona llamada androstenona que venía de la saliva del chancho, pero claro, eso solo funciona para los cerdos.

El gran descubrimiento se dio en 1999 cuando una compañía de productos naturales en California develó la primera feromona derivada del humano, llamada EroScent, luego de veinte años de investigación científica. Esta fórmula exclusiva de feromonas fue clínicamente probada y se comprobó sus resultados.

A tal punto que una sola gota pudiera ser todo lo que se necesite para sentirse más abiertos, cálidos y atractivos y así dejar de lado la timidez y la falta de autoconfianza así como ese temor que obliga a esconderse del resto del mundo.

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