29 de noviembre de 2014 12:08

Sin novedad(es) en el frente, o casi

Un detalle de una de las mesas del Pabellón Alternativo en la FIL de Quito. Foto: Ivonne Guzmán/ EL COMERCIO.

Un detalle de una de las mesas del Pabellón Alternativo en la FIL de Quito. Foto: Ivonne Guzmán/ EL COMERCIO.

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Ivonne Guzmán
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Que una feria de libros debería ser como la feria de los miércoles del mercado Santa Clara. Eso me dijo la librera Mónica Varea en una conversación que sostuve con ella esta semana.

Sobre todo, por la frescura de los productos que se ofertan. Lo más probable que es que a los organizadores de la FIL de Quito les toque ir de urgencia a tomar un curso con las caseras que tanto dominan la materia del buen vender.

Antes de entrar a los pormenores de la FIL local, aquí va una explicación de la tesis de Varea: un miércoles, en Santa Clara solo se encuentran productos recién salidos de la tierra, algunos incluso son de edición limitada (únicamente disponibles ese miércoles y punto), también están las rarezas: algún hongo extravagante, pongamos.

Ese mismo debería ser el espíritu de una feria internacional del libro que se precie de tal. Un lugar lleno de novedades: prosa, lírica, fotografía, ilustración y ensayo frescos; libros raros; temas inexplorados. En lugar de los mismos libros de Paulo Coelho, Vargas Llosa o las 1 250 Sombras del tal Grey, que se compran un día cualquiera donde el librero de confianza.

Con la salvedad del invitado de honor, el Fondo de Cultura Económica, en donde todo o casi todo es nuevo, pues la editorial nunca ha tenido sede en el país (en poco tiempo más ya abrirá su centro cultural en Quito) y sus libros no han sido de amplia distribución acá, el resto de la FIL quiteña es bastante predecible. También, porque todo hay que decirlo, se destacan las librerías pequeñas como Tolstoi y El Oso Lector, por la especialización de sus libros.

Digamos que para el lector que encarna a aquel que lee medio libro al año –es decir, el lector ecuatoriano promedio según las estadísticas–, la FIL instalada este año en la Casa de la Cultura sí puede resultar un universo inexplorado. Pero para un lector medianamente informado, incluso incipientemente ambicioso, la Feria se convierte pronto en un paisaje repetido y aburridor.

Este último tipo de lector, sin embargo, tiene una opción más dentro de la FIL: el Pabellón Alternativo (que no alcanza los 80 metros cuadrados), ubicado entre la cafetería y las gradas para subir al área infantil, en el edificio del Museo Nacional de la CCE. Justo ahí donde están puestas unas mesas en el desnivel de un par de gradas.

En estricto sentido, lo que ofrece el Pabellón Alternativo tampoco es que sea fresco, fresco (aunque sí tiene sus panes recién horneados también), pero es ciertamente novedoso. Es como ir de comprar a la tienda de productos asiáticos que queda en la esquina frente al mercado Iñaquito, donde para un estómago occidental todo es nuevo.

Ahí, por ejemplo, en un par de mesas se abre un universo: ‘Jacksonismos. Michael Jackson como síntoma’ o ‘Postpunk’, ambos de la editorial Caja Negra. También se pueden conseguir títulos interesantísimos como ‘La música en el Holocausto’, de Shirli Gilbert en Eterna Cadencia; ‘La estética nazi’, de Adriana Hidalgo Editora. O varios títulos (nuevos y no tan nuevos) de los sellos ecuatorianos Antropófago, Fondo de Animal, Línea Primitiva, Cadáver Exquisito, De ida y vuelta (con el fresquísimo ‘Vueltas por el universo’, de Roger Ycaza).

Si no fuera por el permanente set musical, a veces hiphopero, que inyecta ganas de bailar, talvez sería difícil soportar el breve surfeo por las dos mesas del Pabellón Alternativo, ya que el olor a comida de la cafetería contigua es ciertamente molesto.

Con los pies y los hombros en movimiento, la lista de títulos refrescantes (que no nuevos) y temas no manidos sigue: está Slavoj Zizeck con sus teorías; también libros sobre porno terrorismo o 'Voces polifónicas. Itinerarios de los géneros y las sexualidades'; etcétera.

Sí, lastimosamente, para quienes leen, la FIL de Quito casi no presenta novedades en el frente. Sin embargo, siempre les quedará el espíritu hiphopero del Pabellón Alternativo. Y la esperanza de que las caseras de Santa Clara se animen a dar un curso exprés a los organizadores de la Feria.

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