10 de mayo de 2016 16:59

Expertos instan a invertir en la salud de los adolescentes

Dos tercios de los jóvenes crecen en países donde se ven afectados por dolencias o factores de riesgo prevenibles, como el sida, los embarazos prematuros, el sexo sin protección, entre otros.

Dos tercios de los jóvenes crecen en países donde se ven afectados por dolencias o factores de riesgo prevenibles, como el sida, los embarazos prematuros, el sexo sin protección, entre otros. Foto: Pixabay

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Agencia EFE

Una comisión internacional de expertos insta a invertir más en la salud de los adolescentes, el sector más ignorado en las políticas sanitarias, para asegurar su bienestar en la edad adulta, en un estudio publicado este martes 10 de mayo de 2016 en The Lancet.

Más de treinta especialistas de catorce países han participado en la elaboración de este documento, que analiza las principales causas de enfermedad entre los jóvenes de 10 a 24 años y propone recomendaciones.

En un texto adicional, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, afirma que los adolescentes, de los que hay 1 800 millones a nivel global -la cifra más elevada de la historia-, "son el mayor recurso sin utilizar del mundo".

Los expertos, liderados por George Patton, de la Universidad de Melbourne (Australia), denuncian que esa franja de edad ha sido la más ignorada en las políticas públicas, al considerarse que los jóvenes están en general sanos, lo que les perjudicará al convertirse en adultos.

Dos tercios de los jóvenes crecen en países donde se ven afectados por dolencias o factores de riesgo prevenibles, como el sida, los embarazos prematuros, el sexo sin protección, depresiones, lesiones y violencia, señalan.

Se enfrentan además a nuevos desafíos, como una creciente obesidad, transtornos mentales, alto desempleo y riesgo de radicalización.

Los expertos afirman que la Estrategia mundial para la salud de las mujeres, los niños y los adolescentes, puesta en marcha por la ONU en 2015, ofrece el marco legal adecuado para impulsar y coordinar la inversión, según las necesidades de cada país.

Patton recuerda que "esta generación de gente joven puede transformar el futuro de todos", y señala que "no hay tarea más urgente en la sanidad mundial que asegurar que tienen los recursos que necesitan". "Será urgente invertir en su salud, educación, modo de vida y participación", advierte.

Después de la primera infancia, la adolescencia es el periodo de desarrollo más importante en el ser humano, cuando se activan procesos físicos y emocionales clave.

Algunos de los problemas y hábitos que se sufren como adulto surgen en esa época, como transtornos mentales, obesidad, adicción al tabaco y a otras sustancias o el sexo sin protección, enumera la comisión en su informe.

Según esta investigación, algunas de las principales causas de muerte entre los adolescentes son los accidentes de tráfico, las autolesiones, la violencia y la tuberculosis.

La principal causa de mortalidad entre las mujeres son los transtornos del embarazo y el parto, que afectan a 17 % de las jóvenes de 20 a 24 años y un 11,5 % de las de 15 a 19.

Entre los niños de 10 a 14 años, el mayor factor de mortalidad, que no ha cambiado en más de dos décadas, es el agua no potable y las condiciones insalubres, y 12 % de niñas mueren de diarrea y dolencias intestinales.

Los problemas de salud dominantes entre los adolescentes son lesiones, transtornos mentales, enfermedades infecciosas y problemas de salud sexual, mientras que tanto chicos y chicas de entre 10 y 14 años sufren deficiencia de hierro y las jóvenes de 15 a 24 años se ven muy afectadas por la depresión.

El principal factor que puede mejorar la salud de los adolescentes es "garantizar el acceso gratuito a una educación secundaria de calidad", pues está comprobado que se retrasan los embarazos y se mejora el cuidado de la salud personal, apunta Patton.

Para mejorar la atención a este grupo de edad, los expertos recomiendan garantizar el acceso a la salud, involucrarles a través de la tecnología digital, formar adecuadamente al personal sanitario y asegurar que los servicios no son discriminatorios, con protección de la información confidencial.

Además, se debe legislar para protegerles de embarazos prematuros -por ejemplo, subiendo a los 18 años la edad mínima de matrimonio- y reducir la exposición a la violencia, entre otras cosas.

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