14 de marzo de 2016 08:31

Europa y Rusia se lanzan a la conquista de Marte con ExoMars

La mañana de este 14 de marzo del 2016, la Agencia Espacial Europea (ESA) y la rusa Roscosmos lanzó la misión espacial ExoMars 2016

La mañana de este 14 de marzo del 2016, la Agencia Espacial Europea (ESA) y la rusa Roscosmos lanzó la misión espacial ExoMars 2016. Foto: AFP

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Agencia EFE

La Agencia Espacial Europea (ESA) y la rusa Roscosmos se sumaron, este 14 de marzo del 2016, al sueño de conquistar Marte con el lanzamiento de la misión ExoMars 2016, la primera de dos aventuras espaciales que colocarán ingenios científicos en el suelo del planeta rojo con la esperanza de encontrar restos de vida.

La ExoMars 2016 emprendió un viaje interplanetario de siete meses con destino al planeta vecino a bordo de un cohete Protón-M desde el cosmódromo ruso de Baikonur, en territorio kazajo, a las 04:31 de Ecuador.

"Estamos camino a Marte. Excelente", declaró a Efe el director general de la ESA, Jan Woerner, nada más producirse el despegue.

El cohete llegará a Marte el próximo octubre, cuando la distancia entre el planeta rojo y el azul sea de unos 175 millones de kilómetros.

Al aproximarse a la atmósfera marciana el módulo superior de la nave expulsará la sonda Schiaparelli, un pequeño laboratorio científico de 600 kilos de peso que descenderá hacia el planeta rojo a 21 000 kilómetros por hora.

Cuando se encuentre a unos 11 kilómetros del suelo y haya reducido su velocidad hasta 1 650 kilómetros por hora, Schiaparelli desplegará un paracaídas para ralentizar el descenso y se desprenderá de dos fundas de protección térmica frente a las temperaturas de 1 500 grados centígrados de la atmósfera marciana.

A solo dos metros de tocar suelo, se activará un sistema de propulsión líquida que reducirá la velocidad del módulo hasta los 7 kilómetros por hora.

A continuación se apagarán los motores y tomará tierra en caída libre, con un impacto final a 11 kilómetros por hora en una zona con rocas de 40 centímetros de alto y pendientes de 12,5 grados.

Schiaparelli se posará en Meridiani Planum, una región que contiene una antigua capa de hematita, hierro y óxido, que en la Tierra aparecen casi siempre asociadas a zonas que contienen agua líquida, elemento esencial para el origen de la vida tal y como la conocemos.

La sonda ruso-europea se convertirá en el cuarto aparato controlado que pise suelo marciano con éxito, hasta ahora todos de la NASA estadounidense.

La ESA y el Reino Unido ya llegaron a Marte con el Beagle en 2003, compañero de viaje de la sonda ExoMars -todavía operativa- con el que se perdió contacto entrar alcanzar la superficie porque dos de sus cuatro paneles solares no lograron desplegarse.

La sonda efectuará algunas mediciones científicas sobre el terreno en la horquilla de dos a ocho días marcianos que permanecerá operativa (Marte tarda 24 horas y 39 minutos en girar sobre su eje).

Su principal cometido será validar su tecnología de aterrizaje para la segunda parte de la misión, ExoMars 2018, que enviará a Marte un vehículo para excavar a dos metros bajo tierra, una profundidad inédita.

Cuando Schiaparelli concluya su misión arrancará el trabajo de su compañero de viaje pues a partir de 2017, y al menos durante un año marciano (687 días terrestres), el TGO orbitará a unos 400 kilómetros de la superficie.

Su objetivo será analizar el 1 % de gases concentrados en la atmósfera marciana a través de cuatro aparatos científicos, con la esperanza de determinar si en ella existe metano, y si este es de origen geoquímico, volcánico o biológico.

El gran objetivo del programa ExoMars, dotado con 1.200 millones de euros, consiste en encontrar evidencias de vida en Marte, un planeta actualmente árido y frío, pero por el que hace 3.500 millones de años parece que corría el agua líquida.

Se cree incluso que debajo sus casquetes polares de dióxido de carbono congelado podrían encontrarse actualmente organismos microbióticos como los que viven a 800 metros de profundidad bajo el hielo antártico terrestre, donde a duras penas llega la luz.

Pero su cometido será también perfeccionar la tecnología que nos permita, algún día, colonizar Marte y, en un futuro más próximo, enviar una nave capaz de recoger muestras y regresar a la Tierra, un sueño que podría hacerse realidad a partir de 2020.

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