14 de septiembre de 2015 00:00

Las etnias nacionales se elaboran de parafina

La tienda cuenta con 40 distintos diseños, con un  costo que va desde USD 10. Foto: Vicente Costales / El Comercio

La tienda cuenta con 40 distintos diseños, con un costo que va desde USD 10. Foto: Vicente Costales / El Comercio

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José Guaygua
(F-Contenido Intercultural)

La ambientación en casa suele enfocarse, muy a menudo, en aspectos macro como muebles, colores de paredes, lámparas colgantes, mesas...

No obstante, hay pequeños objetos ornamentales: las velas por ejemplo que, pese a su reducido tamaño, armonizan y dan un toque diferente a cualquier ambiente.

Sí, queda claro que el propósito principal de esos artículos es dar luz. Pero ahora, sus múltiples colores, diseños, aromas y formas las hacen muy necesarias en la decoración.

Ninachik (luz de fuego en español) es un nuevo emprendimiento 100% ecuatoriano, que nació en noviembre del año pasado. Allí se moldean las velas de manera artesanal (manualmente). Este trabajo artístico retrata a diversas etnias del país (tsáchilas, saraguros, afros…) y a personajes tradicionales de las fiestas populares.

Jenny Gálvez, socia y fundadora de esta microempresa, detalla que los interesados en este producto pueden elegir entre 40 distintos diseños, que se comercializan desde USD 10. Entre ellos, obviamente, no podía faltar el tradicional diabluma (cabeza de diablo).

El nombre nativo para este personaje es ayauma y está presente en los pueblos cayambis y caranquis. Es muy común verlo bailar en las festividades vinculadas a las cosechas, como la del Inti Raymi , también conocida como la de San Juan.

Lleva una máscara roja. Tampoco le falta el zamarro color café y el ‘fuete’. Los detalles son tan minuciosos que en su cabeza se incluyen los 12 cuernos bastante coloridos, que representan a cada mes del año.

Otro modelo muy llamativo es el taita carnaval, que representa la abundancia y la fortuna. Él lleva su tradicional sombrero del que se desprenden hilos naranjas y amarillos.

En sus manos sostiene la caja. Un instrumento musical de percusión que, en el modelo original, está hecho de madera, obtenida del árbol nativo Yana Wayllak. Semeja una especie de tamborcito, elaborado con una membrana de pieles animales.

No menos tradicional es el cucurucho, protagonista de la procesión Jesús del Gran Poder, es de color morado y lleva una cruz negra entre sus manos. Incluso se puso el cordón blanco que sujeta la túnica.

Estas tres figuras son las predilectas de los clientes de este negocio asegura María Isabel Aguirre, socia y fundadora de Ninachik.

Aunque, las velas de nativos tsáchilas también tienen su mercado. En este caso la mujer tiene su falda ‘tunán’ de colores: amarillo, rojo, azul, tomate, verde, en franjas anchas. El rostro está pintado con líneas redondas. Esta cultura obtiene el pigmento del mali, un fruto silvestre de Santo Domingo.

Para elaborar cada diseño, las creadoras documentan las características de cada una de las nacionalidades del país.

Según Gálvez, los detalles como ojos, collares y boca son pintados a mano. El resto del cuerpo es trabajado con parafina de colores. Y para completar emanan esencia a ‘tutti frutti’, si son encendidas.

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