1 de septiembre de 2014 00:05

El estudiante actual está más ávido de información y conexión

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Nancy Verdezoto F. Editora (I)
nverdezoto@elcomercio.com

La escena de un joven pegado a los libros y sentado en la silla de una biblioteca en medio de miles de atlas, enciclopedias y álgebras ha desaparecido. La lectura fue reemplazada por la música; el texto impreso, por el digital de una tableta o el celular; y la biblioteca ahora está en su misma habitación.

La tecnología irrumpió con fuerza no solo en los mecanismos de comunicación e interacción, sino también en la forma en que los estudiantes se educan y cómo acceden a toda la información disponible. Ahora, niños y jóvenes pertenecen a una generación conectada, en donde la Internet rige sus actividades y los mantiene inmersos en la sociedad. Según datos del Instituto Ecuatoriano de Estadística y Censos (INEC), el 64,9% de los usuarios de Internet en el país son jóvenes el 16 a 24 años.

En el ciberespacio, la atención de adolescentes y niños la tienen las redes sociales, según la encuesta Wave 7, que se realizó a inicios de este año en 54 países del mundo, incluido el Ecuador. Facebook, por ejemplo, pasó a ser la red más utilizada en el país, con casi  7 millones de usuarios registrados en los primeros meses de este año, cuando en el 2011 la cifra apenas llegaba a los 2,8 millones.

Esto obligó a que la manera en la que los maestros enseñan también tenga que ajustarse a la realidad y a los mecanismos de interacción y comunicación que usan los jóvenes y niños.

José Avilés, docente durante 30 años, explica que para sus clases, por ejemplo, crea grupos en Facebook para comunicar más rápidamente a sus alumnos sobre las tareas y lecciones que deben cumplir. “Es increíble, a pesar de que hay aulas virtuales, los chicos prefieren que se creen grupos en Facebook sobre la materia, porque las notificaciones les llegan de inmediato”, dice el catedrático de Física.

El celular es su principal herramienta de conexión. Según el INEC, en el 2012, más de 2 millones de jóvenes tenían Internet en su celular. “Tuve una clase en la que los chicos tenían hasta cinco dispositivos conectados al mismo tiempo: el celular, la tableta, el juego de video, la computadora y el iPod”, dice Avilés.

Pablo Santamaría, de 16 años, desde hoy cursa su último año de educación secundaria en el colegio Paulo Sexto. Para él, la tecnología es una herramienta “imprescindible” para los estudiantes de la nueva generación. ¿La razón? El uso de la Internet, como herramienta de consulta y como medio de transferencia de archivos digitales, transformó las formas típicas de relacionarse en clase. “Nos distribuimos los trabajos por correo electrónico y tenemos grupos en redes sociales con todos los compañeros del aula”.

A través de esta última plataforma incluso pueden interactuar los padres de familia con el docente o el tutor del curso para saber cómo avanza la formación de sus hijos.

Sin embargo, Avilés considera que el uso de la tecnología también puede resultar “un arma de doble filo”, porque el acceso a tanta cantidad de información disponible puede generar estudiantes cómodos. “Muchos usan el ‘copy-paste’ y a veces ni siquiera se dan cuenta de lo que están copiando”, explica Avilés.

Sin embargo, la Internet también ha convertido a los estudiantes en personas más críticas, ávidas por información y centradas en la investigación. “Antes se les decía alumnos porque los profesores eran los que enseñaban y nadie podía contradecirlos”, pero ahora son estudiantes e investigadores, señala la psicóloga Paola Vásquez, del Centro Psicoterapéutico Ansuz.

Incluso, muchos de los colegios que constan entre los mejores calificados en el país tienen como prioridad formar bachilleres con un gran pensamiento crítico, capaces de cuestionar con fundamentos las cosas que creen están mal. En sus mallas curriculares están materias relacionadas con realidad nacional, por ejemplo.

Sin embargo, la experta recalca que las aspiraciones de todos los jóvenes siguen siendo las mismas desde hace muchos años: graduarse, entrar a una buena universidad y tener un título profesional.

En el pasado año lectivo, recordó Santamaría, destinaba entre una hora y media y tres horas al día para cumplir con sus tareas y estudiar los temas abordados en clase. Luego de ello empieza el momento para sus actividades recreativas. Las noticias deportivas internacionales, las nuevas temporadas de series de entretenimiento y, sobre todo, los últimos lanzamientos de videojuegos son algunos intereses que el estudiante ha identificado como “comunes” entre sus compañeros.

De acuerdo con datos del estudio realizado el año pasado por la empresa TGI Ecuador Ola, el 62% de los adolescentes, entre 12 y 17 años, dedica su tiempo libre a escuchar música. El resto de su tiempo se divide entre ir al cine, salir a caminar y practicar un deporte.

Esta es precisamente una de las aficiones de Santamaría. Los fines de semana, él y sus compañeros se reúnen en parques para jugar fútbol o, a su vez, asistir a un gimnasio.

A pesar de los cambios que viven los jóvenes y niños, la escuela y el colegio siempre serán el espacio para hacer amigos. Sea a través de las redes sociales o por la convivencia, los amigos serán la principal motivación para ir a clases.

No olvide

La educación también ha revolucionado con la llegada de Internet. Ahora se usan aulas virtuales en colegios.

Algunas materias
se dictan mediante el uso de Tecnologías de la Información. Entre ellas ciencias y matemática.

La red permite a los estudiantes descargar un sinnúmero de libros, sobre cualquier tema y la mayoría de forma gratuita.

La Internet, además, permite a los padres estar conectados con el colegio y saber los avances o problemas en clase.

La tecnología
ha desarrollado ‘apps’ que son avaladas por docentes en el mundo, para aprender mejor.

Pero también sirve para descargar música, videos y otras formas de entretenimiento, para los ratos libres.

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