7 de abril de 2017 00:00

Esmeraldas remienda sus redes con técnica ancestral

Las reparaciones se realizan a las orillas de los ríos; los mismo pescadores las suelen realizar. Foto: Marcel Bonilla / EL COMERCIO

Las reparaciones se realizan a las orillas de los ríos; los mismo pescadores las suelen realizar. Foto: Marcel Bonilla / EL COMERCIO

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Marcel Bonilla
Redactor (F - Contenido Intercultural)
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Una agujeta elaborada con caña guadua ­sirve para remendar las redes de nailon e hilo, usadas por los pescadores artesanales de Las Piedras y Tachina, dos poblaciones costeras del cantón Esmeraldas, en la provincia del mismo nombre.

Esas poblaciones están habitadas por comunidades de afros y de cholos, que están dedicados a la pesca artesanal sobre bongos (canoas pequeñas a velas) y en lanchas de fibra de vidrio, en las que se abren hasta una milla de la costa ­para pescar.

Con sus mallas capturan langostinos, langostas y peces de orilla, como pargos, sierras, gualajos, bagres y alguaciles, que venden a la orilla de sus poblaciones.

Entre ambas etnias hay una mezcla de costumbres manabitas y afros, que se asemejan en la forma de remiendo de sus redes y reparación de sus navíos de madera, con el uso de estopa, brea y lata, que sirven para sellar los huecos de las embarcaciones.

Los pescadores más antiguos de estas zonas costeras, como Jorge Angulo, de 65 años, conservan costumbres ancestrales para adecuar una canoa de madera destinada a faenas de pesca, en las que usan ramas de árboles de mangle en forma de codos, para asegurar las partes laterales sus canoas.

Remberto Bravo, un pescador de 50 años, dice que hace 40 años aprendió a reparar bongos y elaborar agujetas de madera y caña guadúa. Esa es su especialidad ahora. Este pequeño instrumento lo pulían con vidrio hasta dejarlo listo para remendar sus redes. “El trabajo que se hace con la agujeta es similar al tejido de una atarraya, que se utiliza para pescar en los ríos de Esmeraldas”, explica Bravo.

Hace 50 años, los pescadores artesanales que vinieron de poblaciones de Manabí y de zonas afroesmeraldeñas, desarrollaron sus técnicas para elaborar sus propias redes, valiéndose de la experiencia de sus ancestros.

El antropólogo Adison Güisamano precisa, respecto de esta tradición, que los afros también han sido grandes navegantes y pescadores, por eso desarrollaron su astillero en Esmeraldas donde daban mantenimiento a los grandes barcos. Los espacios para reparar sus mallas siguen siendo las orillas del río Esmeraldas, y en las playas, frente al mar, en donde se levantan ramadas con material de la zona (caña guadúa y hojas de palmas de coco) para ampararse del fuerte sol.

Bajo la sombra de los rústicos techados, cholos y afros, enhebran sus agujetas con piola nailon, y con paciencia remiendan los huecos de sus trasmallos de hasta 1 800 metros de largo, deteriorados por el uso diario en sus faenas.

Edwin Cañola, un pescador afro de la zona, dice que tanto manabitas como esmeraldeños han aprendido mutuamente de sus costumbres en la pesca y la gastronomía; como comer el pescado asado -como lo hacen los manabitas- en brasas de carbón.

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