28 de junio de 2014 10:43

Dita, la bibliotecaria de Auschwitz

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Por Allen Panchana Macay, Máster en Comunicación Política y Corporativa de UNAV/GSPM y Director de Proyectos de Ecuavisa

¿Cómo sobrevivir al horror? Cuando parecía que todo había sido escrito sobre Auschwitz, un periodista español descubre la historia de Dita Kraus (Praga, 1929), una valiente adolescente checa, encargada de la biblioteca más pequeña, recóndita y clandestina que haya existido nunca. Frágiles libros escondidos bajo su vestido que permitían fugaces escapes a la cruel realidad.

“La vida, cualquier vida, dura muy poco. Pero si has conseguido ser feliz, al menos un instante, habrá valido la pena vivirla. Basta con ser feliz el tiempo que tarda una cerilla en encenderse y apagarse. Algunos de esos momentos se han producido cuando, en medio del mayor de los desastres, ha abierto un libro y se ha metido dentro. Su pequeña biblioteca es una caja de cerillas”.

La bibliotecaria de Auschwitz (Planeta, 2013), de Antonio G. Iturbe, es un relato periodístico preciso, contundente y, sobre todo, emotivo: invita a reflexionar sobre la naturaleza del ser humano y a no rendirse, siguiendo el ejemplo de Dita. “Ella no se ha dejado doblegar por los hachazos del destino, no lo hizo entonces y no lo va a hacer nunca. El Tercer Reich entero no pudo con ella”. Iturbe rescata hechos y personajes reales. Su novela se asemeja al reportaje de largo aliento y a la crónica histórica: narra con tal precisión las escenas, en tiempo presente, que el lector se siente en aquel barracón 31 del campo de concentración nazi repleto de niños. Un reducto donde los infantes, atendidos por Dita en 1944, leían: había ocho libros, pero también los llamados “libros vivientes”, es decir, internos que conocían tan bien alguna historia que podían contarla oralmente.

Según Iturbe, la reflexión que intenta hacer es que para sobrevivir hace falta beber y comer, pero, “si no tenemos la capacidad de soñar o si no nos podemos asomar a esa ventana que supone la lectura la vida es apenas una supervivencia”.
Dita perdió a sus padres en Auschwitz, mas nunca la esperanza. Sabía que la apatía era el peor de todos los síntomas. “No, no, no..., no me voy a rendir. (…) Se pellizca en un brazo hasta que le duele. Se pellizca aún con más fuerza y casi se hace sangre. Necesita que la vida le duela. Cuando algo te duele es que ese algo te importa”. Ella, la Ana Frank bibliotecaria, a sus 85 años vive entre Praga e Israel y contando al mundo su testimonio.

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