5 de noviembre de 2014 15:52

El diccionario digital debe ofrecer mucha más información de la que da ahora

El director de la Real Academia de la Lengua Española (RAE), José Manuel Blecua, durante la presentación del 'Diccionario de la lengua española' de la Real Academia Española. Foto: EFE

El director de la Real Academia de la Lengua Española (RAE), José Manuel Blecua, durante la presentación del 'Diccionario de la lengua española' de la Real Academia Española. Foto: EFE

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EFE

El diccionario digital de un futuro próximo deberá tener muy en cuenta las necesidades de los lectores y "dar vida a las palabras" con mucha más información de la que se facilita ahora en cada entrada, y podría también ofrecer imágenes y sonido cuando hiciera falta.

Las múltiples posibilidades que ofrecen los diccionarios digitales, entre otras razones porque no tienen limitación de espacio, están siendo analizadas en el simposio internacional El futuro de los diccionarios en la era digital, que desde hoy (5 de noviembre) y hasta el viernes (7 de noviembre) reúne en la sede de la Real Academia Española a lexicógrafos, ling istas, editores e informáticos.

Este encuentro tiene lugar tres semanas después de que Espasa publicara en todos los países hispanohablantes la 23 edición del 'Diccionario de la lengua española de la RAE', profundamente renovado con casi cinco mil artículos más que la anterior, de 2001, y cerca de 19 000 americanismos.

Esta nueva edición estará disponible en internet "a principios del año próximo" con mejoras en las prestaciones de uso. "Se podrán entrecruzar lemas y acepciones que hasta ahora estaban encastillados", afirmaba hoy el secretario de la Academia, Darío Villanueva, al presentar el simposio ante la prensa.

Desde que se publicó la edición de 2001, la RAE ofrece gratis en su página web esta gran obra de referencia que recibe al año unos 500 millones de consultas.

Las estadísticas del pasado octubre avalan el éxito de la edición electrónica del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), con casi 47 millones de consultas. Hubo más de nueve millones de usuarios y 19,5 millones de sesiones, según datos de Google Analytics facilitados por Villanueva.

España, México, Argentina, Colombia, Estados Unidos, Chile y Perú fueron los países más activos.

Hasta ahora las ediciones en papel del Diccionario académico eran una importante fuente de recursos, pero la revolución digital ha dado un vuelco a esa situación y será "muy difícil que se pueda repetir el éxito" que tuvo la edición anterior, con "más de un millón de ejemplares vendidos" en las diferentes versiones en papel que se hicieron, reconocía el secretario.

La Academia tiene claro que la edición digital del Diccionario "seguirá siendo gratis", pero estudia "diversas fórmulas de rentabilizar" la versión electrónica.

En un principio se barajó la posibilidad de incluir publicidad, pero esa idea "no convence" a la RAE, que sí ha iniciado "conversaciones" para buscar "un patrocinio único o compartido del Diccionario". En cualquier caso, serían "pocas empresas", señaló el secretario, que no quiso desvelar más detalles sobre esas negociaciones.

El simposio que se celebra estos días podría arrojar luz sobre los grandes retos que se plantea la Academia con vistas a la próxima edición de su Diccionario, que, a partir de ahora, "será digital desde un principio y habrá versiones en papel".

"Si los diccionarios no se ponen al día, perderán credibilidad y otras herramientas tomarán el relevo", aseguraba hoy el filólogo francés Jean Pruvost, de lUniversité de Cergy-Pontoise, para quien los diccionarios digitales no se pueden limitar a reproducir los de papel. "Tienen que dar mucha más información" y hay que acompañar las entradas de "información sonora y de imágenes".

"Un diccionario no pierde el alma si ofrece la referencia explicativa enciclopédica que requiere la era digital", opinaba el filólogo francés, quien cree que el lexicógrafo actual "tiene mucho más trabajo que antes", porque en internet "no hay limitaciones de espacio".

El lexicógrafo, añadía Pruvost, debe "hacer autocrítica para mirar al futuro" y tener en cuenta "una lexicografía intersticial, que ofrezca mucha información adicional". Y, así, una palabra como "cámara", por ejemplo, ha de tener en cuenta "la cámara oculta" y la "cámara café" de los programas de televisión.

Con otras palabras vino a decir lo mismo el filólogo y académico español Ignacio Bosque, partidario de que, en el futuro diccionario, el usuario pueda "acceder de forma multidireccional" a las diferentes entradas y que, desde cualquiera de ellas, pueda pasar con facilidad a las demás.

En ese diccionario digital del futuro deberían facilitarse sinónimos, antónimos, locuciones y acepciones de cada palabra, así como información sintáctica y etimológica.

"Hay que permitir al usuario el mayor número posible de opciones de búsqueda. El Diccionario debe abrir puertas para quien desea más información", subrayaba Ignacio Bosque.

Mañana (6 de noviembre), serán los editores de los grandes diccionarios europeos los que contarán sus experiencias en este campo y el viernes lo harán, entre otros, los responsables de Google, Microsoft, IBM y Telefónica.

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