20 de December de 2010 00:00

El desayuno escolar desagrada a los niños

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Mónica Quinteros,

A las 10:10, José L. se pone inquieto. Bosteza, se frota el estómago y espera saciar su hambre con la colación escolar. Pero se decepciona cuando el Director de la escuela le informa que la ración alimenticia se acabó. El malestar de José, del tercer año de educación básica, es compartido por los 332 estudiantes de la Unidad Educativa Fiscal Peguche, ubicada en Otavalo, Imbabura.

Los alumnos ya se habían acostumbrado al almuerzo escolar, que el Ministerio de Educación entregaba a algunos planteles. Diariamente recibían una porción de arroz, fréjol y atún. Con esos alimentos aseguran que tenían más energía y podían estar más atentos en las clases. Incluso, cuando llegaban a casa comían más tarde. Pero hace dos meses el excedente de productos del año anterior se acabó.“Se supone que cuando comenzamos el año lectivo ya debíamos tener la remesa para el desayuno, pero eso no sucedió. Recién desde enero comenzaremos a repartir las nuevas raciones alimenticias”, se queja José Lema, director de esta unidad educativa.

El plantel, que es parte del Sistema de Educación Bilingue, por un acuerdo entre autoridades locales y del establecimiento, solo recibía el almuerzo escolar y no el desayuno. Recién el 14 de diciembre llegaron las raciones de este año lectivo.

No obstante, con la suspensión del almuerzo escolar, ordenada por el Gobierno, la Dirección Provincial Bilingue de Imbabura solo deberá dotar de remesas para el desayuno a las 110 escuelas bajo su cargo. Esto no ocurrió en el plazo que se ofreció a la Unidad de Peguche.

Lema afirma que a pesar de las insistentes gestiones que hizo para adquirir el alimento, no obtenía una respuesta favorable de parte de las autoridades. “Cuando los niños me preguntaban sobre la comida no sabía qué decir. Por lo menos ahora sé que el próximo año ya dispondremos del alimento”.

Un panorama similar ocurre en la Escuela Domingo Sarmiento, en la comunidad de Ilumán, Otavalo. El mes pasado se terminó la reserva de víveres que este centro educativo guardó del año anterior. Los 640 estudiantes se beneficiaban con el almuerzo. Ahora, ellos conocen que llegará el desayuno de colada, galletas y granola.

Este cambio repentino en la dieta de los niños preocupa a sus padres. María Lema, presidenta del Comité de Padres de Familia, explica que no está de acuerdo con que llegue solo el desayuno, porque a los pequeños les gustaba el almuerzo. “A mi hija, por ejemplo, no le gusta ni la colada, peor la granola”. “En el almuerzo -agrega- mis hijos comían cosas nutritivas”.

En cambio, Édgar Pinto, director del centro, señala que un gran porcentaje de los estudiantes es de escasos recursos económicos y que la colación ayudaba a suplir el problema de nutrición. “Las costumbres de las comunidades indígenas son diferentes. La granola no es parte de la alimentación del niño del campo”.

Precisamente, este problema se siente con fuerza en otros planteles bilingues que ya brindan el desayuno a sus alumnos. Eso ocurre, por ejemplo, en la Escuela Ulpiano de la Torre, de la comunidad de Cotama, Otavalo. Aquí la granola es un alimento extraño. Los pequeños afirman que el sabor es parecido al afrecho, un desecho que se obtiene de la molienda de cereales y que en el campo se lo utiliza para alimentar animales.

“Conversé con los padres de familia y ellos señalaron que preferirían que el Gobierno no les dé los textos escolares pero sí el almuerzo. Ellos pudieran hacer un esfuerzo anual”, dice el director Octavio Rivera.

Un 80% de los padres de los 374 alumnos de la escuela salen desde temprano a trabajar, por lo que a la hora del almuerzo nadie espera a los niños en casa. El almuerzo escolar suplía esta carencia en buena medida.

Wilson Herrera, responsable del Programa Aliméntate Ecuador (PAE), de la Dirección Provincial Bilingue de Imbabura, reconoce que la granola no es parte de la dieta de los niños indígenas pero aclara que él solo cumple con distribuir el producto. “La situación no está a capricho de quienes desean, es una orden del Ministerio de Educación y hay que cumplir”.

Mientras que el plazo para la repartición de las raciones del desayuno escolar en estas escuelas culmina este mes.

En Carchi, los padres de familia se organizan para dar el almuerzo

Redacción Imbabura

De estatura mediana y mejillas coloradas. Así es Lizbeth H., de 10 años. La pequeña estudia en el séptimo año de básica, en la Escuela Víctor Elías Jaramillo, en la comunidad de Yalker Alto, en Julio Andrade, Tulcán.

Desde septiembre de este año, la rutina de Lizbeth cambió. En la escuela ya no recibe el almuerzo, solo toma colada con galletas. En la mañana acude a clases y juega con sus compañeros.

A partir de las 12:30, cuando llega a casa, asume el papel de una mujer adulta. Prepara el almuerzo, arregla la casa y lava los platos. “Mis padres son agricultores. Ellos regresan a las 16:00”.

Carlos Carapaz, director de la escuela, afirma que los 40 niños son de escasos recursos económicos, por eso la eliminación del almuerzo les afecta gravemente. “Estábamos organizados. Los padres aportaban con algunas cosas para acompañar el arroz y los niños comían con agrado”. Carapaz recuerda que el Supervisor de Educación trajo la mala noticia, pero no explicó las causas.

Pero los padres se organizaron para que sus hijos no dejaran de almorzar. Todos aportan con productos de su casa: papas, cebada, mellocos, pollo. Los estudiantes consumen tres días seco y dos días sopa.

“Estamos desesperados. No queremos que nuestros hijos se queden sin comer”, precisa Mercy Pantoja, madre de familia. Aunque por ahora están optimistas con el resultado de la iniciativa, Carapaz considera que el plan no es sostenible a largo plazo, por la falta de recursos.

En cambio, en la Escuela Dr. Ricardo del Hierro, de la parroquia Cristóbal Colón, Montúfar, a los docentes les inquieta el rechazo de los alumnos al desayuno. Antes los estudiantes se repetían el almuerzo. “Les obligamos a que se tomen, por lo menos, medio vaso de colada. Cada profesor es responsable de dar la ración a sus alumnos”, dice Cecilia Fuélaga, encargada de la alimentación de la escuela.

Al 50% de los 133 estudiantes no les gusta la granola. Fuélaga recuerda que el año pasado, cuando se acababan las clases, repartieron fundas de granola a los papás para evitar la caducidad. “Los niños me conversaron que las mamitas hicieron colada con la granola y que eso les agradó más”.

Martha Paredes, directora de la escuela fiscal mixta Julio Andrade, de Bolívar, va más allá. La maestra prefiere que se elimine el desayuno pero no el almuerzo escolar. “De una u otra manera, la mayoría de los niños comen algo en la mañana porque los padres aún están en la casa”.

Los 200 estudiantes de la escuela están contentos porque aún reciben el almuerzo. Paredes aclara que el excedente del año pasado alcanzará para que los niños se alimenten hasta finales de diciembre.

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