13 de abril de 2018 00:00

La demanda de polleras de la Chola Cuencana aumenta por las fiestas

La cuencana Rosa Chimbo tiene su taller en el sector de San Francisco, en el Centro Histórico de la ciudad. Foto: Xavier Caivinagua para EL COMERCIO

La cuencana Rosa Chimbo tiene su taller en el sector de San Francisco, en el Centro Histórico de la ciudad. Foto: Xavier Caivinagua para EL COMERCIO

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Lineida Castillo
Redactora (F-Contenido Internacional)

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La Chola Cuencana es un ícono en la celebración de la fundación de la capital azuaya, que se cumplió ayer, 12 de abril del 2018.  La pollera, la macana, la blusa y el sombrero de paja toquilla son las prendas más empleadas por quienes participan en las danzas folclóricas, que se cumplen por los 461 años de fundación.

De acuerdo con datos históricos, durante la colonización la chola y el cholo fueron el fruto de la unión de un mestizo con un indígena. Estaban por debajo de la clase alta (españoles) y eran intermediarios entre el patrón y los sirvientes.

Según el historiador cuencano, Claudio Malo, el traje emblemático de origen hispánico apareció a partir del año 1 600. Al principio, la pollera era utilizada por la mujer blanca. Pero la distinción social, económica y cultural impuso cambios. Así con el paso del tiempo, la pollera se convirtió en el atuendo de la campesina.

En la actualidad, su valor cultural trasciende y por eso es acogido por los grupos de danza folclóricos y las presentaciones de los centros educativos. En la céntrica calle Tarqui hay más de 15 talleres y almacenes de confección, venta y alquiler del atuendo típico de la Chola Cuencana.

Los propietarios coincidieron en que abril, noviembre (fiestas de Independencia) y diciembre (pases del Niño) son los meses de mayor demanda y venta de la pollera y sus accesorios.

María Vele
tiene 30 años y desde hace 16 se dedica a la costura. Está contenta porque sus ventas mejoraron. Desde finales de febrero dejó a un lado la elaboración de otras prendas para dedicarse, exclusivamente, a la confección y bordado de las polleras.

Asimismo, Carmita Vega, de 50 años, contó que sus clientes llevan las polleras para los desfiles. A ella le toma 15 días elaborar la falda y otro tiempo similar para los bordados a mano. Para agilitar la tarea, se ayuda con máquinas. “La pollera es la expresión de épocas históricas y representa la identidad del pueblo cuencano”, señaló la artesana azuaya, Rosa Orellana.

El traje típico completo está compuesto de dos faldas de algodón. Una interior llamada bolsicón o centro, que es abultada. Esta es sencilla, seria en color y diseño y la utilizan por debajo de la rodilla.

La otra, en cambio, recibe el nombre de pollera y es menos larga. Se confecciona en colores fuertes y llamativos como el fucsia, el amarillo, el rojo, el verde y el azul. Pero las más demandadas en esta época son las rojas y amarillas porque son los colores de la bandera de Cuenca, dijo Orellana.

La parte baja de la pollera exterior está cargada de delicados bordados de flores, animales y hojas, en hilos de seda dorados y rosados.

Los dibujos se combinan con abundante pedrería como lentejuelas, mullos, canutillos y chaquiras. Mientras más tejida y adornada está la pollera mayor es la belleza y grandeza que ostentan quienes la visten.

A más de la pollera, la vestimenta de la Chola Cuencana se complementa con la blusa, el paño o chal, sombrero de paja toquilla, aretes de candongas de plata y zapatos de charol. El historiador Malo valoró el hecho de que, pese a que las sociedades no son estáticas sino cambiantes, la pollera está enraizada en la identidad e idiosincrasia azuaya.

Incluso, insistió que aún persiste la idea de que el lujo y calidad de estas prendas representan el estatus social y posición económica de su dueña.

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