10 de noviembre de 2015 00:00

La degradación ocular por el uso de múltiples pantallas se puede prevenir

Exámenes visuales computarizados ayudan a definir tratamientos preventivos o correctivos frente a la degradación ocular

Exámenes visuales computarizados ayudan a definir tratamientos preventivos o correctivos frente a la degradación ocular. Foto: Vicente Costales/El Comercio

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Diego Ortiz
Redactor (I)
ortizd@elcomercio.com

Mientras que a las 16:00 sus compañeros de la oficina se reúnen a tomar un café antes de terminar la jornada laboral, Ana Valarezo busca (todos los días, a la misma hora) un frasco de lubricante para humedecer sus ojos. A sus 28 años, y con una joven carrera en el mundo de la programación, ella gasta, mensualmente, USD 7 en productos para sus ojos.

Son USD 84 anuales a los que suma otros USD 50 de las consultas con oftalmólogos y con especialistas que la ayudan a sobrellevar la resequedad ocular que padece tras un decenio apegada a las pantallas de sus dispositivos electrónicos.

Tal como lo menciona Alfonso Mojica, especialista de Óptica Los Andes, las nuevas tecnologías suponen retos antinaturales para la visión humana. Nunca antes los ojos de las personas estuvieron obligados a mirar constantemente pantallas retroiluminadas, que además liberan radiación. Asimismo, ahora ven objetos animados que se desplazan a grandes velocidades, a centímetros de su campo visual.

De acuerdo con The Vision Council, nueve de cada 10 adultos usan un dispositivo digital por no menos de dos horas durante su período diario de actividades. El estar pegados a las pantallas de sus tabletas, computadores y teléfonos inteligentes ha generado el Síndrome Visual Informático. La condición se da, entre otros factores, por la radiación de las pantallas, las bajas condiciones de luz exterior o interior en el momento de revisar un dispositivo, o porque los usuarios llegan a pestañear menos de 18 veces por minuto (por lo que los ojos se resecan).

Es por ello que una de las primeras recomendaciones de los expertos es la regla del 20 x 20 x 20; es decir, cada 20 minutos frente a una pantalla, se debe tomar un descanso de 20 segundos y caminar 20 pasos. Con ello se obliga a mirar otro entorno (es preferible si los objetos, en el nuevo campo visual, se ubican a más de 3 ­metros de distancia) para así eliminar la tensión a la que ­están sometidos.

La recomendación le ha funcionado correctamente a Ana. Después de que le diagnosticaron una sequedad ocular aguda, ella ha modificado sus períodos de trabajo para tener espacios de relajación visual, los cuales toman ocho minutos al día en su jornada de ocho horas. Ella afirma sentirse “como una boba” al no haberse tomardo en serio la regla 20 x 20 x 20 mucho tiempo atrás, antes de desarrollar su padecimiento ocular. A la final, esos minutos antes los desperdiciaba viendo la pantalla en blanco y tratando de desarrollar algún sitio web o aplicación para teléfonos.

La regla es tan solo una parte de las rutinas de prevención de enfermedades visuales causadas por dispositivos electrónicos. Mojica explica que lo ideal sería que las personas utilizaran sus celulares, por ejemplo, a una distancia de más de 35 centímetros de los ojos. Sin embargo, esto resulta un impedimento en el momento de andar por la calle o recostados en la cama a medianoche. En ese sentido, su consejo es que los usuarios configuren sus pantallas para que los contenidos se puedan visualizar en letras grandes y reducir la probabilidad de molestias.

Tal medida ha servido mucho a Alfredo Marín, un usuario de 18 años. Él recibió el diagnóstico de miopía hace dos años, y una de las posibles causas fue el uso frecuente de su tableta a cortas distancias para, paradójicamente, leer algunos de los documentos electrónicos que necesitaba para clases. Obligado a llevar un par de lentes permanentemente, él ahora revisa su iPad siempre con las letras en un tamaño mediano o grande para no dañar más su condición visual.

Aunque Marín reniegue ahora de sus lentes, esta parecería una medida efectiva en los años venideros para los usuarios de dispositivos electrónicos. Aun cuando las lunas carezcan de medida alguna, las gafas se vuelven necesarias para evitar el efecto de la radiación sobre los órganos visuales. Mojica señala que las lunas recubiertas contra ciertos rayos filtran la luz necesaria que llega al ojo.

Ahora bien, lo más complicado en estos casos son los ‘heavy users’ de la tecnología; aquellos usuarios que pasan hiperconectados a sus dispositivos. En sus casos, la primera medida es la adquisición de lentes que les permitan estar frente a sus tabletas o celulares de manera constante. A la par, entre ellos es necesario un examen visual para determinar los índices
de lubricación de sus ojos y para determinar si necesitan uti­li­zar lágrimas artificiales.

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