25 de diciembre de 2016 00:00

David Bowie y Prince: el rock perdió a sus dos rebeldes

Dos artistas que llamaron la atención por sus canciones  y sus propuestas provocativas fallecieron este año. Otras  estrellas también murieron.

Dos artistas que llamaron la atención por sus canciones y sus propuestas provocativas fallecieron este 2016. Otras estrellas también murieron. Foto: Archivo

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Alejandro Ribadeneira
Editor de Vida Privada (O)

Se decía que el rock estaba muriendo, sobre todo por el auge de raperos como Drake y sus canciones sobre chicas, líos intimistas y más chicas. Pero este año fue más cruel aún, con la parca segando la vida de estrellas del género, una señal de que es verdad que el rock está convirtiéndose sin remedio en un género de minorías.

David Bowie murió el 10 de enero. Lo mató un cáncer de hígado que mantuvo bien oculto por 18 meses, al punto que su último disco (¡el vigésimo quinto de estudio de su carrera!), ‘Blackstar’, se lanzó dos días antes de su muerte. Fue el primer álbum de Bowie en alcanzar el numero uno en Estados Unidos. Sí, el primero.

Bowie (David Robert Jones) irrumpió en los inicios de los 70, cuando The Beatles ya no existía y todos se preguntaban cuál sería la banda de consenso del pop, el grupo a seguir, la guía natural. Bowie pensaba al revés: en esos años grises no hacía falta una figura unificadora sino una que reflejara la fragmentación del mundo en ascuas por la Guerra Fría.

Por eso este londinense, bisexual (tuvo dos matrimonios y dos hijos) y adicto a la cocaína decidió que su carrera no sería marcada por ningún estilo. Fue camaleónico. Inventó personajes como Ziggy Stardust o Major Tom. Compuso obras radicalmente diferentes y pasó de genialidades como ‘Low’ a discos puramente comerciales como ‘Let’s Dance’. Fue inclasificable. Ganó unas veces. Perdió otras.

Mantenía una disputa con Marc Bolan, el líder de T-Rex, por el liderazgo del glam e incluso del punk (ambos son considerados fundadores de esos subgéneros). Bowie fue el ganador, no solo porque Bolan murió a los 29 años víctima de sus excesos, sino por el eslogan de la RCA (Radio Corporation of America): “Está la vieja ola, está la nueva y está Bowie”.

Hubo algo de suerte también, pues el primer hit de Bowie, Space Oddity, fue usado por la BBC como cortina de la llegada del hombre a la Luna.

Lo mejor es que Bowie se desmarcó rápidamente del glam, pues se dio cuenta de que esa corriente no tenía el menor futuro. Inspirados en Bowie, aparecieron cantantes y bandas que rayaban en lo ridículo. Pero también aparecieron otras que aportaron a la historia del rock como Roxy Music y Slade.

Aunque Madonna puede considerarse la mejor alumna de David Bowie, al aprender que una estrella no solo entra por los oídos sino también por los ojos. Madonna mezcló sexo y religión y obtuvo éxito, aunque también recibió toneladas de críticas, algo que no le pasó a Bowie, al menos no así de brutal. Madonna acaba de reconocer, llena de ira, que eso ocurrió porque ella es mujer y para un chico era más sencillo experimentar, ser provocativo, audaz. Quizás tenga razón.

Para mala suerte de Madonna, un contemporáneo suyo le disputaba la supremacía de la experimentación. Era Prince, quien también murió este año.

Si Madonna era la virgen, Prince era la realeza. Ambos eran egocéntricos, usaron al cine y a MTV para difundir su imagen y luchaban por desbancar al rey, Michael Jackson.

Prince (en realidad Prince Rogers Nelson), oriundo de Minneapolis, murió el 21 de abril por una sobredosis de analgésicos opiáceos, cuando con 57 años estaba de gira.

Siempre fue activo y también provocador. En Minneapolis se aburrió de la música de la mayoría blanca y metió bulla con sus bandas. No tenía reparos a escribir canciones con alto contenido sexual mientras que al mismo tiempo componía temas comerciales para otros que fueron hits. Maniac Monday fue un hit con The Bangles y es imposible separar a Sinead O’Connor de Nothing Compares 2U.

Mientras a Madonna no se la consideraba una artista completa, Prince era todólogo al punto que tocaba casi todos los instrumentos en sus discos, producía, se daba tiempo para pelear contra la disquera y metía miedo a Michael Jackson.

Pese a todo esto, Prince será recordado por mezclar lujuria y religión en Purple Rain, la película y la banda sonora de 1984 que le puso en la posteridad, con 12 semanas seguidas en el número uno de los charts.

Purple Rain también determinaría su declive comercial, no tanto por los demás discos de los 80, estupendos (‘Around the World in a Day’, también número uno en 1985), sino porque llegaron los noventa con esa carga de hip hop, techno y grunge. Y Prince, el visionario, el que siempre sacaba algo del sombrero, no se la pescó y pasó a la zaga, para siempre.

Es verdad que se subió a la camioneta, o mejor dicho al batimóvil al componer la banda sonora del Batman de Tim Burton (1991, otro número uno), pero ya le costaba convencer de que no era una reliquia. 1994 fue el último año en que logró colocar una canción en el Top 10. También tuvo que ver su férrea oposición a la difusión de música en las plataformas de Internet.

Sería injusto no recordar a otros astros del rock que fallecieron este año. Uno es Glenn Frey, guitarrista e integrante fundador de Eagles, uno de los grupos más poderosos de Estados Unidos. Frey escribió junto a Don Henley la letra de Hotel California, el hit más celebrado de Eagles, además de otras canciones de la banda.

También se fueron Maurice White (del grupo Earth, Wind and Fire), Paul Kantner (de Jefferson Airplane), George Martin (productor de The Beatles y que por eso merece un artículo él solo), Keith Emerson (tecladista de Emerson, Lake and Palmer) y Leonard Cohen, un intelectual más allá de la música.

Bowie y Prince, sin embargo, marcaron un camino, uno que el rock de ahora, si eso existe, tiene miedo de seguir.

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