12 de June de 2011 00:01

El Salón de Julio 2011: no más sexo

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Todo empezó en el 2007. La obra ‘Ardo por un semental que me llene toda’ ganó el primer lugar en el Salón de Julio de ese año. La artista Gabriela Chérrez colocó sobre una de las paredes del Museo Municipal una serie de azulejos blancos que servían de marco para otros que contenían imágenes sacadas de una revista de cómics porno.

El premio no dejó de ser polémico en esa época, levantando voces a favor y en contra. Y para Melvin Hoyos, director de Cultura y Promoción Cívica del Municipio de Guayaquil, fue el inicio de una ola de obras artísticas con contenidos sexuales explícitos concursando en el Salón de Julio, uno de los dos más importantes que se hacen en Guayaquil.

Desde este año, esto ya no se dará. Por medio de una medida reguladora, el Municipio no dejará que obras que incluyan sexo explícito participen en este salón. Esta medida, aclara Hoyos, es solo válida para este espacio. “Esto no impide que los artistas hagan sus obras (en este estilo), ni las exhiban donde quieran”.

Este criterio no es compartido por galeristas como David Pérez McCollum, de la DPM Arte Contemporáneo. “Basado en lo que dice Hoyos hay que proteger a menores y público sensible. Pero hay recursos museográficos para esto. Considero que esto es un retroceso”, explica Pérez.

Según la versión del Museo Municipal, la tendencia de trabajos de este tipo fue subiendo a partir del triunfo de Chérrez. Primero al 15%, luego el 30% y hasta el 55% de las obras participando en el salón. Y se habría llegado a presentar obras que rozan lo ‘grotesco’ en ocasiones, como mostrar a un niño siendo violado o un hombre en un acto sexual con una gallina.

“Pareciera que sin sexo no hay obra. Creo que los artistas abusaron de la libertad de expresión y del tema del sexo en la obra de arte”, señala Hoyos.

Pero en este criterio no concuerda Lupe Álvarez, curadora de arte, quien estuvo a cargo de la muestra ‘Umbrales del Arte’. “Los artistas nunca abusan de la libertad de expresión. Eso es un derecho inalienable. Nadie tiene derecho de ser censor ajeno”.

Álvarez considera que dentro del debate sobre sexualidad entran temas como equidad de género, derechos de las minorías, que al ser censurados quedan rezagados, excluidos de la discusión pública. “La sexualidad no es una discusión exclusiva en el Ecuador o en Guayaquil, sino de la cultura de hoy”.

Esta sería la primera ocasión en que se impone oficialmente una cláusula que censura un tema dentro de la esfera del arte contemporáneo en la ciudad.

“Yo no estoy a favor de censurar, pero sí hay que pensar en función de los museos”, señala la artista Larissa Marangoni. Ella insiste en que obras como la que muestra a un menor siendo violado, no contribuyen a una sociedad mejor ni apela en ningún sentido al respeto de los derechos humanos.

“Hay que entender el trabajo de los museos. La sociedad está confundida entre lo que es mi derecho y tu derecho. La sexualidad se la ha tratado a lo largo de la historia, pero temas como una violación son duras de tratar y explicar a niños pequeños. Eso no puede ser expuesto, simplemente por un tema de derechos humanos”, explica Marangoni.

Una clave para ella es que los artistas deben ser responsables de lo que van a mostrar como obra. “Hoyos está defendiendo un espacio público”, concluye.

Un criterio similar comparte Robin Echenique, a cargo de la Pinacoteca de la Casa de la Cultura del Guayas. Aunque está en contra de imponer censuras, sí reconoce que al explotar el recurso del sexo se puede caer en una pornografía mal hecha.

“La obra del salón del 2007 no fue bien premiada. Los jóvenes pensaron que se premió el contenido sexual y no la calidad”, señala Echenique.

Considera que los artistas más nuevos pueden escoger ese tema para impresionar, y que se puede caer en lo grotesco, en detrimento de la belleza, calidad y estética que deben primar en una obra artística. “Si se llega a lo grotesco yo no llevaría a mis hijos. Escandalizar al público es lo fácil. Para que esto no ocurra las bases del concurso son fundamentales, al igual que contar con un buen jurado de selección”, concluye Echenique.

El trabajo del jurado de selección de un salón se vuelve esencial en ese escenario. Pérez McCollum, Álvarez y Echenique coinciden en que esta instancia es la que debería servir de filtro para determinar qué obra (sin importar el tema) merece la pena ser exhibida o no.

“Si llegaron o no obras grotescas al salón, es parte de ser artista joven y buscar irreverencia. Pero si hay pertinencia, si hay coherencia y sentido en la obra, un jurado competente se dará cuenta si se trata de pornografía o no y dónde ubicarla”, explica Pérez.

El debate dentro de la escena guayaquileña está planteado. La misma Gabriela Chérrez y otros han dicho que no participarán en el Salón de Julio de este año.


Un acercamiento hacia la censura

Es la primera ocasión  en que se incluye una norma formal en Guayaquil, que limita un tema dentro de uno de los certámenes que se organizan en la ciudad.

Los salones de arte más  importantes son los realizados en julio y octubre, organizados por el Municipio y la Casa de la Cultura, respectivamente.
El Museo Municipal  está localizado en el centro de Guayaquil. Dentro de sus salones se exhiben muestras  arqueológicas y también arte de la época republicana de la urbe. Tiene, además, un salón para una muestra sobre la Amazonía. El museo es visitado principalmente por escuelas y colegios.  
La normativa  sobre sexo explícito, de acuerdo a las autoridades municipales, se mantendrá y  cambiará en años posteriores; y es válida solo para el Salón. Para la presente edición lagunos artistas han anunciado su negativa.

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