Salman Rushdie 25 años burlando a la muerte

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Farhad Pekar. Nueva York, DPA

El 14 de febrero de 1989 el escritor británico de origen indio Salman Rushdie recibió la llamada de un reportero de la BBC que le informaba que el entonces líder espiritual iraní, el ayatolá Ruhollah Jomeini, había ordenado su ejecución por considerar 'Los Versos Satánicos', su cuarta novela, una obra blasfema contra el islam.

Durante los siguientes nueve años, los radicales iraníes renovaban puntualmente cada 14 de febrero la fatua o decreto islámico que ordenaba su muerte; mientras, Rushdie vivía bajo la protección de la Policía Especial británica.

Incluso después de que el Régimen iraní levantara esa fatua en 1998, el escritor mantuvo un bajo perfil durante muchos años y solo apreció en algunos eventos rodeados de fuertes medidas de seguridad, consciente de los intentos de venganza de los islamistas radicales. Hoy se cumplen 25 años desde el decreto de la fatua y la vida de Rushdie ha cambiado mucho: a sus 66 años vive en Nueva York y ya anuncia sus apariciones públicas por anticipado en su página web.

Además, aparece con frecuencia como conferenciante invitado en universidades, iglesias, bibliotecas y canales de televisión en EE.UU. Incluso se ha convertido en un 'celebrity' de los tabloides neoyorquinos: a finales de enero, el New York Post informaba en su sección de cotilleos cómo había ganado un concurso de literatura. "Se escuchó al confiado escritor alardear de su victoria, diciendo: 'Por supuesto que he ganado". Un día después, Rushdie negó las informaciones con un mensaje en Twitter. "No dije nada así. Inventar cosas es mi trabajo, no el suyo", dijo en referencia a los periodistas que lo escribieron.

El episodio ejemplifica el contraste entre el estilo actual de vida y su pasado, cuando esperaba la muerte en cada esquina. "Al principio pensaba que iba a ser muy pronto", contó en septiembre del 2012 a la televisión CBC, recordando la probabilidad de ser asesinado en cualquier momento por elementos proiraníes. Pero si Rushdie logró escapar a los intentos de asesinato durante los años 90, muchos de sus socios no tuvieron tanta suerte.

Y es que la fatua de Jomeini no suponía solo la condena de Rushdie, sino también la de todos los editores que publicaran su obra. Decenas de personas murieron en ataques dirigidos contra los compañeros de Rushdie o en enfrentamientos que estallaron en los años posteriores al decreto contra su vida. Entre ellos está Hitoshi Igarashi, el traductor japonés de 'Los Versos Satánicos'. El traductor italiano Ettore Capriolo y el editor de la novela, William Nygaard, fueron víctimas de ataques pero sobrevivieron.

Pero pese a todas las presiones, Rushdie siempre intentó no tener miedo para escribir: "Eso habría sido otro tipo de muerte", dijo el autor, que en total ha publicado 11 novelas, entre ellas su autobiografía 'Joseph Anton: Una memoria', en septiembre del 2012. En ella cuenta cómo fue su vida durante los nueve años de vigencia de la fatua, incluyendo una orden por la que la Policía británica le presionaba para que llevara una peluca en público para ocultar su identidad.

Tras la insistencia de la Policía que lo protegía, cambió su nombre. Rushdie utilizó su alias, Joseph Anton, elegido por los dos primeros nombres de sus escritores favoritos, Joseph Conrad y Anton Chéjov. El régimen iraní revocó la fatua oficialmente en 1998 y en 2012, el entonces presidente iraní Mahmud Ahmadinejad dijo que Rushdie había sido confinado a la historia. Pero sigue sin estar claro si fue realmente exonerado a los ojos de todos los musulmanes de la condena a muerte que contempla el islam para la blasfemia.

A finales del 2012, el ayatolá Hassan Sanei, líder de una fundación de ayuda iraní semioficial, añadió otros USD 500 000 a la recompensa existente de USD 2,8 millones por la cabeza de Rushdie.

Tampoco está claro si las amenazas como las de Sanei han restringido de alguna manera los movimientos de Rushdie. Lo que sí es cierto es que recientemente el escritor ha vuelto a desaparecer de la vida pública, aunque esta vez no por miedo, sino más bien para terminar otro libro. "Me desconecto de Twitter un rato. Libro que terminar, etc. Les veré cuando esté hecho, en un año aproximadamente", escribió en esa red social el pasado 8 de diciembre.

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