27 de August de 2010 00:00

La religión y la locura definen al San Lázaro

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Redacción Cultura

Al pie del Panecillo, en un terreno en pendiente, se levantan los muros blancos del Hospital Psiquiátrico San Lázaro, el ‘Patrimonio de la Psiquiatría en América’.

fakeFCKRemoveSu nombre viene de la parábola bíblica de la resurrección de Lázaro y su calificativo responde a la enorme historia que encierra sus rincones. En la existencia del edificio se cruzan las vidas de clérigos y militares, de mendigos, leprosos y locos.

Los jesuitas empezaron a trabajar en estos predios en 1587, pero fue en 1738, que las primeras piedras se colocaron para una casa de ejercicios espirituales y como noviciado después.

Las construcciones que aún componen el establecimiento se erigieron en 1751. Pero tras la expulsión de los jesuitas, la autoridad real dispuso que éstas se destinasen a un establecimiento de caridad y a un cuartel. Cuando este último salió, en 1786, abrió sus puertas el hospicio Jesús, María y José.

La República también marcó la historia del lugar que ha vivido situaciones alarmantes; llegó a albergar hasta a1 000 pacientes (tiene capacidad para 140). En 1972, adoptó el nombre oficial de Hospital Psiquiátrico San Lázaro. En su funcionamiento actual atiende a pacientes internos y de consulta externa.

Tres partes se distinguen en la edificación. Una cruz de piedra identifica a la primera (es uno de los hitos que componen la calle de las Siete Cruces o García Moreno), junto a ella una torre se muestra rematada por una cúpula recubierta de metal que alguna vez alojó un reloj.

En la parte central se alza el frontis de aire neoclásico de la iglesia, compuesta por una sola nave cubierta con una armadura de madera decorada. El interior está todo pintado al óleo.

La tercera parte abarca el claustro. A éste se ingresa por una puerta barroca de piedra labrada. En el interior está un patio, que como los otros del recinto, se ajardina de cartuchos y geranios rojos. En el centro está una fuente y a sus costados, arcos de medio punto y corredores embaldosados con piedra. Este será el espacio de trabajo artístico del venezolano Javier Téllez.

En este viejo claustro colonial, también reposan leyendas. Una de ellas cuenta que una joven monja de ojos verdes se quedó prendada de un apuesto muchacho que llegó al sitio con señales de lepra. Ambos huyeron enamorados, compartieron la enfermedad y procrearon un niño, quien creció huérfano dentro de los mismos muros del Hospicio, del que sus padres salieron.

Leyendas e historias que nutren el diálogo, entre la tradición y el arte contemporáneo.

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