París desvela las obras más secretas de los maestros impresionistas

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EFE, París

Las obras más reservadas de grandes maestros como Cézanne, Degas, Manet o Renoir, lienzos guardados con celo durante décadas en colecciones particulares, se reencuentran con el gran público en París a través de la muestra 'Los impresionistas en privado', que organiza el Museo Marmottan Monet.

Hasta ochenta pinturas y otras veinte esculturas y bocetos han salido de sus cajas fuertes, salones, pasillos y salas de reuniones de medio centenar de coleccionistas franceses, estadounidenses, mexicanos, suizos, italianos y británicos, para revelarse ante los ojos del público hasta el próximo 6 de julio.

Y se han congregado en las paredes de un discreto museo parisino que, a pesar de albergar algunas de las obras clave de la corriente impresionista, como la tela que dio nombre al movimiento, 'Impression, soleil levant', pintado por Claude Manet (1872), vive relegado a un segundo plano en la ciudad del Sena, donde la gloria de esa escuela se la lleva el célebre Museo de Orsay.

La muestra se desarrolla entre los señoriales pasillos de un antiguo pabellón de caza junto al Bosque de Boulogne, que perteneció al duque de Valmy y que, en el año que celebra sus ocho décadas como pinacoteca, propone "un paseo por la historia del arte" a través de lienzos excepcionales.

"Queríamos rendir homenaje, en este 80 aniversario, a los coleccionistas de todo el mundo, por ejemplo a los estadounidenses, que rápidamente comprendieron y apoyaron el movimiento", explicó durante la inauguración el director del museo, Patrick de Carlois.

Así, el recorrido transcurre cronológicamente y comienza con los antecesores de los impresionistas, a saber, Jean-Baptiste Corot, Eugène Boudin y Johan Barthold Jongkind, quienes a mediados del siglo XIX anticiparon su método de trabajo, investigando sobre la luz y pintando en exteriores.

Fue Manet, que en 1863 expuso 'Le Déjeuner sur l'herbe', actualmente en el Museo de Orsay, una controvertida tela donde mujeres desnudas comparten almuerzo con caballeros vestidos, quien se rebeló contra el academicismo imperante y abrió la puerta al impresionismo y a una nueva generación de artistas.

Monet, Renoir, Pisarro, Degas, Sisley, Berthe Morisot, Guillaume y Cézanne abrazaron esa incipiente libertad plástica a través de una exposición conjunta organizada en París en 1874 por el fotógrafo Nadar y alumbraron el impresionismo.

"Es el primer movimiento que pinta la vida cotidiana, íntima", con trazos ágiles y un interés particular por el paisaje y la luz, inclinaciones compartidas también por la naciente fotografía, explica la comisaria Marianne Mathuieu.

La muestra aborda a continuación la figura de Gustave Caillebotte, cuyo pincel nunca recibió tantos elogios como el de sus amigos, pero cuyo dinero y altruismo le convirtió en uno de los grandes mecenas de ese grupo de artistas.

La siguiente etapa del recorrido, hacia 1880, da cuenta del fin de la cohesión de ese grupo de pintores, que expusieron juntos por última vez en 1886 y que tomaron después caminos desiguales, a menudo buscando paisajes y aire libre: Monet se estableció en Giverny, Regnoir en Cagnes, Pisarro en Éragny-sur-Epte, Sisley a Moret-sur-Loing y Caillebotte en Petit-Gennevilliers.

Solo se quedaron en París Morisot y Degas, pintor, este último, al que se le consagra el siguiente tramo de la exposición, en la que se puede contemplar, entre otros, el lienzo 'Pagans y el padre de Degas'.

Se trata de un óleo que pintó superados ya los sesenta años y en el que regresa a una escena cotidiana de su infancia, retratando en su casa a su padre y a su amigo y afamado tenor español Lorenzo Pagans.

"Es una escena un poco dura, no se miran, no se hablan. Degas, en sus últimos años, estaba muy centrado en la muerte de sus allegados", resume la comisaria Claire Durand-Ruel Snollaerts, vinculada familiarmente al movimiento impresionista en calidad de descendiente del marchante impresionista Paul Durand-Ruel.

La exposición, que discurre en la sala donde se exhibe la mayor colección conocida de Manet, concluye con el final del movimiento, superado 1890.

En esos años, los impresionistas comienzan a gozar del reconocimiento del gran público y de los encargos de los coleccionistas, aunque para algunos de ellos fue ya demasiado tarde, como el caso de Sisley, que murió en 1899 entre penurias financieras en Moret-sur-Loing, un pueblo cercano a París que hoy visitan los turistas cautivados por su pincel.

Y entre tanta obra confidencial, tanto maestro oculto, tanto pincel reservado..., ¿cuál es la joya de la corona que habría que salvar, si de pronto arde el Museo Marmottan Monet?.

"Uno no puede elegir entre sus hijos", contestan los comisarios.

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