5 de April de 2011 00:00

Esta noche ‘Ensueños de amor’, en el Sucre

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Reimaginar: ese es el trabajo que debió hacer el director de ópera y teatro Javier Andrade, cuando se planteó el reto de poner en escena la opereta ‘Ensueños de amor’, de Luis Humberto Salgado, el más importante compositor académico del Ecuador del siglo XX..

Pasión, paciencia y valentía requirieron Andrade y su equipo de investigadores para enfrentarse a una obra estrenada en 1932, en “versión reducida” (piano y vientos) y convertirla en una opereta con orquestación completa y reconstrucción dramatúrgica.Un Quito conservador, que asistía a la decadencia de cierta rancia aristocracia y al fortalecimiento de la clase media, recibió con recelo el estreno en el Teatro Sucre, a cargo de la compañía mexicana de zarzuelas y revistas de César Sánchez. Con Salgado al piano, claro. La obra reflejaba, con humor y desenfado, esa decadencia y mostraba escenas que seguramente resultaron intolerables: las fantasías eróticas de un aristócrata adicto a la morfina o el “acople” de un descendiente de condes y una cortesana'

Un emocionado Andrade cuenta: “Hay una carta que escribe Salgado a EL COMERCIO en la que defiende la estructura dramática y el libreto, frente a una crítica poco favorable. Muchos personajes debieron tener una contraparte en la realidad, por eso resultó escandalosa”. Escandalosa y visionaria. Tanto en el contenido, como la propuesta musical. Salgado compuso esta opereta a sabiendas de que, como la mayoría de su obra, no la escucharía.



Así creó más de 150 obras, entre ellas nueve sinfonías. “Una prueba de ese ímpetu creativo es que en 1946, es decir 14 años después del estreno con versión reducida, terminó la partitura de la versión con orquestación completa”, dice el director.

Aquella versión sinfónica permaneció inédita durante todos estos años, hasta que a este grupo se le ocurrió rescatarla. Se trata de una coproducción de la Fundación Teatro Bolívar (FTB) y la Orquesta Sinfónica Nacional, en la que participan también la Compañía Nacional de Danza y el Coro Pichincha. Y que ahora (tras la clausura del Teatro Bolívar el pasado fin de semana) será puesta en escena en el Teatro Sucre.

Reconstruir el manuscrito original fue una tarea compleja. “Luis Humberto Salgado hizo la partitura a lápiz o esfero y algunas notas ya se habían borrado. Hicimos levantamiento de partituras, la digitalización y finalmente tenemos la música, que está ahora en los archivos de Banco Central”, explica Andrea Vela, directora de la Orquesta Sinfónica Nacional del Ecuador (OSNE), a cargo de la dirección musical de la opereta. “El punto del maestro Salgado es rápido. Algunas partes eran casi ilegibles y por eso se han escapado errores. Los ensayos han sido muy duros, pues se ha debido corregir sobre la marcha”.

Otro reto ha sido lograr un balance acústico adecuado, pues en muchos pasajes de la obra original los vientos doblan la melodía de los solistas y opacan sus voces. “El mismo hecho de que Salgado no haya podido escuchar la interpretación no le permitió arreglar estos detalles”, dice Andrade.

Si las partituras debían reconstruirse, los textos y los diálogos de la opereta no se habían conservado en el archivo histórico. “Era como tener un grupo de canciones que hablan de amor, pero sin saber bien qué pasa”. Para lograr la reconstrucción dramatúrgica, Andrade se valió de una obra de teatro escrita por el mismo Salgado en 1963, llamada ‘El parque de los ensueños’. Con estos textos, rehízo el hilo argumental de la opereta, que tenía “coincidencias enormes” con la obra teatral. Gracias a esta fusión, el genio creativo de Salgado, su ironía y su estilo, prevalecen en la obra.

Ciento cuarenta artistas participan en la puesta en escena de la opereta; 80 de ellos son los músicos de la OSNE. De los siete solistas, seis son cuencanos (con ellos el reto fue trabajar para que hablaran como quiteños de la época). El séptimo es Xavier Ribadeneira, tenor ecuatoriano húngaro que da vida a Jorge, el poeta enamorado que protagoniza la opereta y que, según Andrade, es una suerte de alter ego de Salgado.

La ambientación (en el parque de La Alameda, en cafecitos quiteños) y los diálogos -en un castellano barroco, pero salpicado de localismos- son referencias propias que logran que esta opereta en tres actos sea un espejo del Quito de los 30. Los ‘toques mágicos’ que puso Salgado en su obra, como un coro de abejas y de flores, que aparecen en la idea original, han sido resueltos con elementos dancísticos y simbólicos.

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