6 de June de 2012 00:04

La narración oral tradicional del Ecuador se rescata con teatralidad

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La narradora oral Ángela Arboleda se angustia. Muchos ancianos se están muriendo. “Y que mueran equivale a que se incendien cientos de bibliotecas , cientos de historias grandiosas sin recopilar”.

Todos los dedos la señalan como una de las mayores impulsadoras de la oralidad en nuestros tiempos. Este género que, según el actor Raúl Pintos, se sitúa entre el teatro y la narración escrita.

“Tiene toques histriónicos, pero se basa en una literatura”, asegura Pintos, quien también es vicepresidente de la Asociación de Teatreros Casa del Teatro.

La oralidad tiene dos fases. La primera, a cargo de un recopilador, la persona a cargo de la investigación de campo, de transcribir estos saberes orales a un papel. En lo que respecta a los amorfinos, practicados ancestralmente por los montubios, los investigadores Rodrigo Chávez, Guido Garay, Wilman Ordóñez y Sergio León han sido los mayores exponentes del rescate de esta cultura.

La segunda fase tiene que ver con quien la interpreta. A partir del 2002, según Pablo Maldonado, “se dio un boom por la narración oral”. En ese año llegó al país el colombiano Misael Torres, considerado el pionero de la narración oral en Colombia. Torres, mediante talleres y espectáculos, difundió este arte en Ecuador.

En el 2004 se realizó la primera edición de Un Cerro de Cuentos, organizado por Ángela Arboleda. Todos los años se realiza este festival. “La idea es recuperar este mundo en el que las personas se reunían después de la cena para escuchar a los ancianos contar historias maravillosas” -dice la guayaquileña Arboleda, encariñada con la tradición oral-, “eran cuentos sobre monstruos y aventuras, sobre seres mágicos”.

Arboleda ha llevado su vocación cuentera más lejos aún. Desde hace cinco años, beca a niños de escasos recursos económicos. Les enseña el arte de la narración oral. Sus alumnos , que tienen entre 5 y 10 años de edad, se presentan en diferentes escenarios.

“Al principio teníamos miedo del público. Ahora el público tiene miedo de nosotros, sobre todo cuando contamos cuentos de terror”, dice, seguro, Michael Simisterra, de 15 años y uno de los beneficiarios de este proyecto.

“Son niños que ahora tienen mayor creatividad y aspiraciones por la vida. Son capaces de inventar otros mundos”, cuenta Arboleda sobre sus alumnos, que se presentaron el último domingo en el Centro Cultural Sarao, ubicado en el norte de Guayaquil, y lo volverán a hacer este 10 de junio a las 16:00 en el mismo lugar.

Por estos días también se realiza el II Festival de Amorfinos en el Centro Cultural Simón Bolívar (ex MAAC). El actor Gabriel Paredes, quien organiza la cita, asegura que la idea es recuperar las historias montubias de la Costa ecuatoriana. Sin embargo, reconoce que lo ideal para ejecutar estas narraciones orales del campo sería que sean realizadas por personas autóctonas y no por actores.

“El presupuesto de este año no alcanzó. El año pasado sí trajimos a narradores montubios”, cuenta Paredes sobre este evento que tiene el aval de la de la Asociación de Teatreros Casa del Teatro.


Según Maldonado, la narración oral se ha convertido en un espectáculo. “Se está haciendo cultura montubia desde el punto de vista de la urbanidad”, critica.

A su juicio, “hace falta más rigor investigativo por parte de muchos actores para ejecutar estos amorfinos. Se debe evitar hacer de esta cultura un espectáculo”.

Sin embargo, considera como positiva la reinvindicación que ha tenido en estos últimos años este viejo oficio de contar cuentos y el maravilloso arte de oírlos.

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