29 de March de 2011 00:00

La música los trajo de Armenia al país

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Queridos por muchos, Guenzel y Ángela Aroutiouñian son dos músicos armenios que se han destacado por su laboriosa actividad en pro de la música académica en el Ecuador. Hoy, la Fundación Filarmónica Casa de la Música, Fundación Orquesta Sinfónica Juvenil del Ecuador y el Ministerio de Educación les rinden homenaje en un concierto que se llevará a cabo en la Casa de la Música, con la presentación de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Quito, bajo la dirección de Patricio Aizaga, y los solistas Ana Belén Ruales y Mateo Celi, ambos estudiantes del maestro Aroutiouñian.Los esposos Aroutiouñian llegaron por primera vez a Ecuador en 1976. Ellos formaban parte de una misión de músicos académicos delegados por el Ministerio de Cultura de la entonces Unión Soviética que, a petición de Édgar Palacios, entonces director del Conservatorio de Música Salvador Bustamante Celi, de Loja, vinieron al país a enseñar su arte.

Guenzel cuenta que cuando le comunicaron de esta designación, ni él ni su esposa ubicaban dónde quedaba Ecuador. “Nos alegró mucho saber que íbamos a salir a enseñar música en el extranjero, pero la única asociación que hacíamos con el Ecuador era una montaña de cajas de bananas que vimos al salir del Ministerio ruso”, cuenta el músico. Entre las tantas anécdotas que guarda, recuerda que cuando llegaron a Quito se encontraron con los músicos de la Orquesta Sinfónica de Loja. “Con ellos viajamos 12 horas hasta Loja. De entrada conocimos el Ecuador a lo largo”.

En esa primera visita al Ecuador, que duró tres años y ocho meses, la pareja se ganó la simpatía del pueblo lojano. Allí fueron condecorados por su labor con los jóvenes. Entre los primeros alumnos que tuvieron se cuentan Carlos Cuenca, Benjamín Calderón y el primer violonchelo de la Sinfónica de Cuenca, Wilfrido Ruque.

Para el músico armenio, Carlos Cuenca fue uno de sus estudiantes más destacados. “Con él empecé a trabajar desde cero, en el año 1976 cuando tenía 12 años. Un año después obtuvo varios premios musicales y llegó a grabar un disco. ¡Con tan solo un año de trabajo! Eso era increíble para mí”.

Una vez terminado el convenio con la Unión Soviética, los Aroutiouñian regresaron a Armenia. Durante años trabajaron en el ámbito cultural y político de la Unión Soviética y de Armenia. “Estaba muy feliz allá hasta que se disolvió la URSS y se desató la guerra con la república hermana de Azerbaiyán”. Esto marcó un giro en la vida de los músicos, que buscaron dejar su país para escapar del horror de la violencia.

“Todos los jóvenes debían ir a la guerra, incluso los músicos jóvenes. La única manera de evitar de que mi hijo, mi sobrino y mi yerno fueran era regresar al Ecuador”. Tras una invitación realizada por la Fundación Cultural Édgar Palacios y el Conservatorio Nacional Superior de Música, en 1993 la pareja regresó junto a su familia. En esta vez, se dedicaron al trabajo con niños con capacidades especiales de la fundación de Palacios. Uno de ellos es Patricio Quintana (pianista no vidente) quien ganó una medalla de oro en Bélgica en un concurso para artistas no videntes. Él se formó bajo la tutela de la maestra Ángela.

Poco después, el Conservatorio Nacional los llamó. Ahí, Guenzel ha formado 10 promociones de chelistas técnicos, y Ángela 44 promociones de pianistas. En la actualidad, es jefa de área de piano mientras que Guenzel es profesor ‘ad honórem’ de la institución. Para Raúl Escobar, director del Conservatorio, la maestra Ángela “cumple con un muy alto estándar de exigencia, puesto que ella conoce aproximadamente el 70% de la literatura pianística”. Él destaca que ella es muy versada en los programas de educación musical a escala internacional.

A la par que enseñan en el conservatorio, ellos apoyan a la Fundación Orquesta Sinfónica Juvenil del Ecuador (Fosje). Para Patricio Aizaga, su director, la llegada de estos músicos al país significó un apoyo para formar a los que ahora son parte de la Filarmónica de docentes, también bajo la dirección de Aizaga. “No todo buen intérprete es buen pedagogo. En el caso de ellos, son buenos intérpretes y pedagogos”, asegura.

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