27 de June de 2012 06:00

Margarita Laso: Las musas son las hijas de la memoria

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La cantante y poeta quiteña Margarita Laso se presentó en Cosquín,  en Buenos Aires,  y  habló de su oficio creativo

Argentina no le resulta ajena a Margarita Laso. No solo porque tiene amigos músicos de estos ‘pagos’, sino porque el año pasado ya estuvo en el festival de Cosquín, el más importante del folclor argentino, desde donde Mercedes Sosa se proyectó al mundo.

Esta vez llegó a Buenos Aires avanzando a dos puntas. No solo se escuchó a la cantante, sino a la poeta. Fue invitada por el Centro Cultural de la Cooperación para participar en el IV Festival Latinoamericano de Poesía en el Centro. Compartió el escenario con poetas como el colombiano Juan Manuel Roca, el boliviano Jorge Campero, los argentinos Luis Tedesco y Jorge Boccanera... Y conversó con este Diario.

¿Usted también hace poesía para música?

Eventualmente he bordeado este campo de los letristas pero a través de lo métrico o la rima. El letrista tiene otra conexión. Los poetas se ocupan de la palabra y los cantantes, de la letra.

¿Si los poetas tuvieran buena voz, cantarían?

El principio es ese. El poeta es el que canta y además muchos poetas cantan. Muchos poetas anhelan cantar y así como leen con tanto gusto a otros escritores y se saben los poemas y los pueden citar, eso pasa cuando una canta. Yo cito a los cantautores todo el tiempo. ¡Soy una erudita, me sé de memoria unas letras larguísimas! Para ser cantor hay que tener buena memoria, decía Facundo Cabral…¡Imagínate si se pierde la memoria al mismo tiempo que se pierde la vista!

La poesía es un acto de la memoria. En estos tiempos, ¿hemos perdido la capacidad de la memoria?

Yo asocio la memoria con las musas, que son las hijas de la memoria. No me parece que alguien puede hablar de algo que ha olvidado. Tal vez es algo que la memoria ha oscurecido, que la memoria ha buscado desesperadamente embellecer, que la memoria ha querido devorar y ahora tiene la forma de huesos rotos. ¡Las musas, esos personajes! Ahora los poetas dicen que todo es un trabajo. Esto es un trabajo, pero es un trabajo de la memoria. De lo que se trata es de poder dormir en algún rato, de dejar salir los aullidos, los balazos.

¿Qué tal haberse presentado en Cosquín?

Es lo mítico. Recupero el oficio del folclorista. Son los cantos regionales que se recogen, ponchos de distintos colores, las distintas maderas con las que se hacen las guitarras. Yo siempre soñé y vi en mi horizonte cantar para muchos corazones, llegar a tocar muchos corazones y no es la multitud en Cosquín sino lo que está representado allí. Es como un sueño compartido.

¿Qué le gusta más, su voz o el inmortal grito de gol a carcajadas de su padre?

(Se queda en silencio, trata de contener las lágrimas, pero no puede. Mira fijo al piso y luego levanta la vista) ¡Gracias! Él es un horizonte para mí. Es la expresión de una verdad del corazón que anhela, del corazón soñador, del corazón que es marinero, panadero. Lo he dicho ya antes: cuando yo sea grande quiero cantar como él cantó para todos nosotros.

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