Cultura

Leopoldo María Panero, lucidez en medio de la locura

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Redacción Cultura y agencias

La razón moderna (logos) establecida en buena parte desde la aparición del ‘Discurso del Método’ de Descartes no ha sido posible sino excluyendo a la locura. El loco es el ausente de la historia. Si no piensa, entonces no existe.

Es en ese apartamiento desde el cual Leopoldo María Panero creó su universo literario. El llamado ‘Poeta Loco’ (cuando en realidad desde los 17 años fue diagnosticado con esquizofrenia) falleció ayer a los 65 años de edad en el Hospital Psiquiátrico de Las Palmas de Gran Canaria, un lugar donde él nunca quiso estar y al que calificaba como un sitio “cruel, un circo romano”.

Su postura en contra de la razón lógica y sistemática le permitiría explorar otras realidades de la psique humana. “Al contrario de lo que se piensa, lo malo es el consciente, no el inconsciente”, dijo en una entrevista para la revista Babelia en el 2001. En su poesía, eso resultaría en poemas como El Loco, donde escribe: “He vivido los blancos de la vida, / sus equivocaciones, sus olvidos, su /torpeza incesante”.

Ese cúmulo de recuerdos que otros olvidan, transformados luego en poesía, no solo hablaron de su condición mental. Religión, política, relaciones sociales y sexuales, sus temas fueron tan diversos como el resto del iceberg que se esconde bajo la conciencia.

El autor de ‘Así se fundó Carnaby Street’ fue hijo de Lepoldo Panero, considerado el poeta oficial del franquismo, aunque su pasado era de izquierdas; hermano también de Michi Panero, un agitador cultural que se desenvolvió bien en la “movida” madrileña de los 80, e hijo de Felicidad Blanc, también
escritora y actriz con la que el poeta mantuvo una relación de amor/odio.

Una familia que destapó su miserias y sus sombras en la película ‘El desen­canto’, de Jaime Chavarri (1975), un filme de culto que se rodó tras la muerte del padre y en donde sin tapujos traslucía su autoritarismo, los malos tratos y la crueldad silenciosa que se respiraba en esa familia.

Al fin de su existencia, los más cercanos a él hablan de sus manías. Una de estas, su necesidad de conocer todo aquello creado por el humano. Literatura, música, física, arte... Con la muerte de Panero se pierde a una de las mentes más lucidas en tiempos de psiquiátricos.