Lecciones de jazz junto a un músico sinfónico

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Diego Ortiz. Redactor

Más de 50 años junto al piano han convertido al dominicano Michel Camilo en un destacado músico de la escena latinoamericana. Próximo a convertirse en sexagenario, el 4 de abril, entre las historias que forman parte de su carrera se encuentran hechos como sus composiciones infantiles (la primera data a sus 6 años de edad), sus estudios en Juilliard, un tour con Paquito D’Rivera (con quien grabó dos álbumes) o su Latin Grammy al mejor álbum de jazz por su disco ‘Spain’ (producido en colaboración del guitarrista español Tomatito).

Semanas antes de soplar las 60 velas de su pastel, Camilo ofreció un concierto en Quito el pasado 22 de marzo en el marco del festival Ecuador
Jazz 2014. Si los números no le fallan, esta fue la 102ª ocasión en la que interpretó su Concierto para piano y orquesta nro. 1, una de las piezas mejor cuidadas de su repertorio. Fue en esos días, cuando este Diario logró contactarse con él para hablar, entre otras cosas, de aquella relación tan íntima que mantiene con el jazz.

Siempre ha habido la discusión de lo académico en el jazz. Sin embargo, varias orquestas sinfónicas han optado por este género. ¿Cuál es su criterio al respecto?
Falta mucha información al respecto. A veces sorprende al público que músicos como Maurice Ravel y Claude Debussy hayan sido fanáticos del jazz y que se inspiraron en este género para componer. Ha habido un diálogo abierto entre el jazz y lo sinfónico. Yo no lo veo tan separado. De hecho, vengo haciendo jazz sinfónico desde finales de los ochenta.

Entonces desde su experiencia no se sostiene tal dicotomía.
Pues justamente en el Concierto para piano y orquesta nro. 1 de mi autoría, y que está en mi repertorio para Quito, se entremezclan cosas como el jazz, lo clásico y tiene afrocaribeño. Todos esos colores. Mis tres mundos. Yo no diferencio entre ellos sino que comparten el mismo espacio sobre la partitura. Hay un diálogo.
Otro buen ejemplo es Rhapsody in Blue, de George Gershwin, que en sus orígenes fue un experimento sinfónico.

¿Cuáles son las lecciones que deja el jazz a los músicos sinfónicos?
Para hacer jazz hay un requisito: la improvisación. Esto es componer al instante. Ese es el gran reto: redefinir cada pieza cada vez que la interpretamos y autodescubrirnos a través de la música. El elemento de riesgo de la improvisación es la lección para los músicos, porque hay que tener conocimiento sobre la música, sus estilos y, además, conocer perfectamente el instrumento que se está interpretando.

¿Es fácil improvisar cuando se tiene una formación académica tan rigurosa como la suya?
No es tan fácil viniendo de una formación clásica. Hay que entender y estudiar el jazz. Hubo un momento que el jazz no se estudiaba, que era una tradición oral. Hoy día el jazz se enseña a nivel mundial en conservatorios. En Nueva York, este género se enseña en academias de prestigio como Juilliard. Lo que pasa es que la improvisación requiere de instinto, de que salga la creatividad del músico.

¿Cómo siente que se encuentra el jazz en la escena latinoamericana?
Estamos viviendo una segunda época de oro en el jazz gracias al movimiento latino. Yo diría que desde 1980 hay un movimiento grande de una generación maravillosa de músicos latinos tocando jazz, con escuela y conocimiento de este género y, asimismo, aportando a este mundo algo muy original. Es algo muy fresco que hasta ahora se perpetúa.

¿Siente que el jazz responde a las necesidades musicales de este periodo histórico? ¿Hay futuro en este ritmo?
En Estados Unidos, al jazz se lo llama “una forma de arte”. Este género ha sido reconocido como tal porque en 100 años, comprimidos en cierta forma, ha hecho lo mismo que hizo la música clásica en 600 años. Se puede hablar de distintos estilos, diferentes etapas, inicios y su desarrollo.

Hoja de vida
Trayectoria 
Lleva una intensa vida musical desde temprana edad. Durante 13 años estudió en el Conservatorio Nacional de República Dominicana. En 1979, luego de haber formado parte de la Orquesta Sinfónica Nacional de su país, se trasladó a Nueva York a realizar estudios en Mannes y Juilliard School of Music.
Discografía 
En 1985 publicó ‘Why Not?’, primer disco. Desde entonces ha dado vida a otros 22 álbumes.

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