23 de November de 2012 00:02

Una institución que busca renovarse

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En los próximos meses, la Academia Ecuatoriana de la Lengua dejará su sede en el norte de Quito, cerca de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, para volver a la edificación del siglo XVIII que la acogió por primera vez; aquella ubicada sobre la calle Cuenca, en el Centro Histórico.

Su traslado hasta este punto no es el único cambio que esta institución –dedicada al cultivo del español- atraviesa en la actualidad. También está su renovación interna, que en boca de su director, el académico Renán Flores Jaramillo, “busca abrir las puertas a nuevas propuestas, de nuevas generaciones”.

Tan solo la idea de esta renovación de la Academia es algo que causa una suerte de malestar y dicha para Andrés Trujillo, docente universitario de Literatura, para quien “tal concepto es difícil de entender puesto que siempre fue una institución para un cierto grupo de amigos que dejan entrar a sus amigos”. Aunque el tono de voz con el que pronuncia este comentario parecería una especie de resentimiento hacia la institución, esto está bastante alejado de sus propias metas. Dice que “si bien la Academia brinda un excelente referente en el currículo, la falta de actividades organizadas desde dentro hacen que un cargo en ella solo sirva, en la actualidad, para llenar un espacio en la hoja de vida”.

El planteamiento de Flores, al respecto, dista bastante del punto de vista del docente. Como parte de sus prioridades al frente de la Academia, puesto al que ascendió de subdirector a director en febrero de este año, han estado -según comenta- tres cosas fundamentales: ampliar las fronteras de la institución; incorporar gente joven; y, por último, hacer que la Academia entre en contacto con el medio externo.

El segundo punto al que se refiere Flores es el que llama la atención de Esteban Garzón, estudiante universitario de letras. Para él, el que la Academia esté interesada en incorporar o promover a sus miembros como se ha visto en la actualidad no es sinónimo de innovación. “Si en este cambio están contempladas investigaciones sobre el español y su uso en el contexto ecuatoriano, entonces todo este proceso es útil. Pero como se desconoce algo por el estilo, lo que se está realizando es tan solo un arreglo superfluo del organismo de la lengua”, dice.

En lo que va del año, personajes como el ex presidente de la República Rodrigo Borja, el crítico de arte Marco Antonio Rodríguez, el investigador Luis Aguilar Monsalve y el escritor Francisco Proaño han sido promovidos al grado de miembros de número de la Academia. Asimismo, otros como Jorge Dávila Vázquez, Michael Handelsman, Antonio Sacoto, Enrique Ojeda y Simón Espinosa lograron el grado de miembros correspondientes.

Este múltiple ingreso de miembros a la institución pronto finalizará. Así lo explica Claudio Mena, secretario de la Academia, a quien le importa que con la llegada de estos intelectuales y expertos del español “se comiencen a realizar nuevas propuestas”. Y, al igual que Flores, Mena desea que en este proceso de cambio sea posible entrar en contacto con estudiantes y profesores mediante la implementación de una biblioteca de acceso público.

Este es justamente uno de los grandes proyectos que tiene, para el próximo año la Academia en su nuevo edificio: una biblioteca que, a razón de Flores, en ciertas épocas del año llegue a funcionar casi las 24 horas. “Con esto se quiere atender a aquellas personas que estudian por la noche”, acota el director.

Entre los proyectos, nuevos espacios, rostros conocidos e ideas por conocer, Raúl Serrano, escritor y docente universitario, hace hincapié en algo positivo de esta serie de actividades dentro de la Academia: los nuevos miembros que han ingresado a la misma, en buen número escritores, por su experiencia y trayectoria, serán un aporte a las actividades que lleva adelante la institución. A esto añade que no se debe olvidar “que quienes fundaron la Academia en Ecuador eran personas que tenían toda una convivencia con las letras y otras disciplinas del campo de las humanidades”.

En esta búsqueda de personajes para la Academia, una pregunta se hace necesaria en el diálogo con Serrano: ¿cuál es el perfil de un académico, hoy? Él explica que deben ser personas que realicen trabajos en el campo formal del lenguaje (filología, lingüística, crítica) como en disciplinas como la jurisprudencia, la sociología..., para así tener “enfoques distintos de lo que significa la configuración de una lengua en un país, su desarrollo y preservación”.

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