Cultura

El grito de Oswaldo Guayasamín, pintor rebelde de Iberoamérica, llega a Cádiz

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12 de October de 2012 09:48

Trece años después de su muerte, Oswaldo Guayasamín, el pintor rebelde de Iberoamérica, ve cumplido su sueño: su obra, un descarnado grito contra la injusticia, llega a Cádiz (sur de España) para convertirse en un canto a la integración durante la próxima Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno.

"El tiempo que me ha tocado vivir", una de las frases insignia de este artista ecuatoriano que decía que había vivido más de 3.000 años a través de las tristezas y alegrías de los pueblos indígenas, es el título de la muestra que a partir de hoy, y durante seis meses, ofrece una retrospectiva de uno de los mayores protagonistas de la vanguardia artístico-intelectual de Iberoamérica del siglo XX.

El Castillo de Santa Catalina de Cádiz acoge esta muestra que integra cincuenta obras y treinta dibujos originales de Guayasamín (Quito, Ecuador 1919 - Baltimore, EEUU, 1999), junto a cerca de 145 piezas de arte prehispánico y cuarenta de arte colonial que "el pintor de Iberoamérica" coleccionó.

"Hemos traído siete mil kilos de peso para esta exposición, ha sido un esfuerzo inmenso, pero estamos muy agradecidos porque vemos un sueño de Guayasamín hecho realidad", explicó a Efe su nieto Pablo Guayasamín, director ejecutivo de la fundación que se ocupa de conservar el legado artístico "y moral" del pintor.

Un legado que se convertirá en uno de los actos culturales principales que Cádiz vivirá este año, cuando celebra el bicentenario de la promulgación de la Constitución de 1812, que asentó las semillas de la democracia e inspiró numerosos movimientos de independencia en América, un hito que hará que los próximos 16 y 17 de noviembre la XXII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno se celebre en la ciudad, que, además, es Capital Iberoamericana de la Cultura.

Guayasamín fue nombrado precisamente "Pintor de Iberoamérica" en la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de Iberoamérica que se celebró en 1999, un reconocimiento a un artista que comenzó a pintar a los 7 años, cuando ya vendía dibujos a los turistas, y recorrió una prolija trayectoria en la que caben desde retratos del rey Juan Carlos o de Fidel Castro hasta grandes murales como los que hay en el aeropuerto de Madrid o en la Sede de la Unesco en París.

A Cádiz llega "una visión amplia" de la evolución de este artista que creó grandes series como "La edad de la ira", en las que todo para él era gris, blanco y negro, o como "La edad de la ternura", en la que llenó de vivos colores sus cuadros.
La exposición tiene obras de "La serie de las manos", en la que se ayuda de estas para contar la historia de Iberoamérica, en unas piezas que, según el nieto del artista, será la última vez que salgan de Ecuador.

También cuadros de "La serie del pentágono" en los que reúne retratos ficticios de personajes que según él habían sido nefastos para la historia (un militar, un religioso manipulador o un político sin escrúpulos, entre ellos), y de la serie "Mujeres llorando", que pintó nada más acabar la Guerra Civil española y en la que convirtió en ataúdes los cuerpos de madres.

Obras de su pintura indigenista, un retrato de Paco de Lucía, un autorretrato y obras de flores y paisajes completan una exposición a la que se han incorporado también sus dibujos para mostrar el proceso creativo de Guayasamín.

"Frente a un lienzo se transformaba. Tenía dos personalidades, una humana, en la que era absolutamente cariñoso, emotivo y solidario, y la artística. Cuando se ponía a trabajar parecía que se estaba acabando el mundo, era como un trol, se encerraba con la música clásica a tope desde las siete de la mañana a la noche", contó su nieto.

Siempre irreverente, Guayasamil, cuyo nombre en quechua significa "Ave blanca volando", era hijo de un padre indio que le castigaba para que no pintara, algo que hizo que desde sus inicios se dedicara a retratar el sufrimiento de los pueblos, para lo que incluso visitó campos de concentración o Hiroshima.
Guayasamín, candidato para el premio Príncipe de Asturias de Artes Plásticas 1990 y 1995, falleció de un paro cardiaco en la recepción de un hotel.

El artista, que creía que la muerte solo era un paso por el que el espíritu se diluía, se marchó sin cumplir su mayor sueño, la culminación de la Capilla del Hombre, una monumental obra de 3 600 metros cuadrados en la que diseñó un homenaje a los hombres y las mujeres de América, y que finalmente fue inaugurado en 2002.