9 de May de 2010 00:00

Gálvez dejó huella en la animación, radio y la TV

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Richard Cortez

Cuando Tábata Gálvez contestó su celular, la llamada demoró menos de un minuto. No necesitó de más tiempo para enterarse de que Lucho Barrios, el bolerista peruano, había muerto. La sorpresa la dejó en silencio por algunos segundos.“Ñaño, murió Lucho Barrios”, dijo. Frente a ella, en la sala, Marcelo, el mayor de los hermanos Gálvez, la escuchó. En la calurosa mañana del miércoles pasado, en una villa familiar de Samanes 7, norte de Guayaquil, esa noticia les trajo muchos recuerdos.

Recuerdos que estaban frescos para la familia. En esa casa de Samanes 7, de propiedad de su hermano Germán, Lucho Gálvez falleció el último día de abril. Ocurrió tras un deterioro de su corazón y de sus pulmones. 81 años antes nació más al sur, en Chile.

“¡Qué coincidencias!”, dijo Marcelo. Su padre y Lucho Barrios se conocieron hace años. Es más, pocas semanas después de que Rafael Guerrero Valenzuel, radiodifusor guayaquileño, trajera a su papá desde Chile, también lo hizo con el cantante peruano, a finales de los cincuenta.

Desde su niñez y adolescencia, Marcelo y sus hermanos escucharon cantar al bolerista peruano. Muy cerca, sobre los escenarios en Guayaquil y en otras ciudades. Pero no fue el único.Hubo otros: Julio Jaramillo, Carlos Rubira Infante, los mexicanos Enrique Guzmán, Julio Alemán y la argentina Libertad Lamarque. Los Panchos, los originales, por más de una vez, practicaron en su casa.

Marcelo, Fernando, Anita, Tábata y muchos de sus 10 hermanos restantes se criaron entre artistas. Al ser un cotizado animador, aquel era el mundo de su papá y, por añadidura, de ellos. Por varios años estuvo en la Feria de Durán, cuando llegaron los cantantes más populares de América Latina.

Con estudios de actuación, más su jovialidad y carisma, le abrieron muchas puertas. Cuando llegó al país, lo hizo con una licenciatura en actuación de la U. Católica de Chile. Por ello fue algo natural que incursionara en teatro: hizo guiones, dirigió y actuó. Formó actores y actrices. En sus últimos años se vinculó con la fe en Cristo: escribió y dirigió obras sobre textos bíblicos.

Su nombre está en los créditos de las coproducciones con México: ‘Fiebre de juventud’ (1966), ‘SOS Conspiración Bikini’ (1967) y, la última, ‘Cómo enfriar a mi marido’ (1970).

Otra gran ventana para su padre fue la televisión. Un periplo que comenzó en Canal 4 de Guayaquil, conocido como Teletortuga, por los sesenta, y hoy RTS. Siguió por el canal HCJB, ahora Teleamazonas, en Quito, cerca de tres años. Eran tiempos de mucha creatividad, cuando la TV comercial despegaba. Y en eso Gálvez tuvo mucho que ver.

A su regreso a Guayaquil, Lucho Gálvez volvió a Canal 4 y, luego, a Telecentro (TC Televisión), donde cerró su ciclo. Allí, con ‘Puerta a la Fama’, ‘Nuestros artistas’, ‘Haga negocio conmigo’ y ‘Chispazos’ se consolidó como uno de los personajes más conocidos del país, entre 1970 e inicios de los noventa.

En estos canales hizo de todo. Director, productor, actor, presentador, tramoyista. Incluso, en los primeros años, profesionales de Perú y de Colombia llegaron a Guayaquil para aprender del manejo de una televisora comercial.

Otro de los espacios donde pasó su vida fue la radio. Cóndor, América, Cristal, Huancavilca, CRE y Morena, en Guayaquil, tuvieron en Gálvez no solo a uno de sus colaboradores, sino también a sus creativos.

Jacinto Fajardo, conductor de radio Morena, no duda en llamarle maestro y hasta padre. Con él aprendió el oficio, pero sobre todo a cuidar y trabajar su voz. El grato discípulo dice que de la cabeza de Lucho Gálvez salieron programas como ‘Lucho y Meche’, ‘El balcón del pueblo’, ‘La hora 18 con Lucho’.

Marcelo Gálvez suma la lista con ‘El cofre de los vencidos’, ‘La pareja feliz’, con Meche Mendoza, o ‘El correo huancavilqueño’. ‘Añoranza’ fue el último programa que, hasta inicios de este año, condujo en radio Morena. Uno más de los que creó y produjo para la difusión de la música ecuatoriana, otra de sus pasiones.

Defendía y valoraba aquellas melodías de un país que, por varias circunstancias, no le reconoció como uno de los suyos.

Engorrosos trámites y dinero no disponible impidieron que se nacionalizara. Lucho Gálvez murió como chileno.

Hay mucho más para recordar, sin embargo, el presente impone su ritmo.

En la mañana del miércoles pasado, Marcelo Gálvez regresó a sus grabaciones y talleres en Ecuavisa. Tábata es actriz con responsabilidades por cumplir. Fernando, profesor de improvisación, y Anita hace docencia y teatro. A Germán, Pablo, José, Luis Antonio, el apellido, el amor por su padre y por la música andina les une más. Marcelo resume: “12 de los 14 hijos estamos en el arte”.

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