17 de July de 2010 00:00

‘Elíxir de amor’ tuvo un toque nacional

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Redacción Cultura

El cantar medieval europeo de Tristán e Isolda motiva el desarrollo de las acciones en ‘Elíxir de amor’, ópera de Gaetano Donizetti, que culmina hoy una breve temporada en el Teatro Sucre. Si la pareja de la leyenda europea sucumbía ante los encantos de un filtro, en la ópera de Donizetti, Nemorino, pobre y enamorado, busca solucionar sus males con un supuesto brebaje mágico comercializado por Dulcamara, un embaucador de primera. Su objetivo es Adina, una muchacha bella y caprichosa. Pero en esa relación aparece un tercero, Belcore, un soldado engreído.La situación es sencilla, en ella los equívocos y las posibles complicaciones disparan el humor. Razón por la cual, la risa se expandió por las butacas de la sala, desde aquellos que miraban la gestualidad de los figurantes, escuchaban las voces de los solistas o leían los subtítulos para no perder el hilo de la historia.María Isabel Sánchez, quien presenció la obra, el jueves por la noche, destacó “la energía del coro, la voz de los solistas y la expresividad de Dulcamara”. Para esta temporada, ‘Elíxir de amor’ contó con un elenco internacional que sorteó las exigencias musicales de la pieza. La estética que compone este montaje, producción de la Fundación Teatro Nacional Sucre, busca la identificación con el espectador nacional desde lo visual. Es decir, vestuario y escenografía llaman la atención tanto por su simplicidad, como por su relación con un momento de la historia del Ecuador: los años de nacimiento de la República.Las blusas y faldas de las mujeres, los trajes de los hombres (chaleco y levita) y los pantalones cortos de los muchachos recuerdan a los usados por los mestizos de aquella época. Asimismo, el uniforme de los soldados es similar al de los Granaderos de Tarqui, que desfilan fuera de las puertas de Carondelet.Y en esa línea, tras el preludio que da inicio a la obra, la escena de los segadores es representada por cosechadores de maíz.La escenografía y la utilería también son sencillas. Casas y bosques son ilustrados desde sus formas básicas, estos recuerdan a los dibujos de escolares, sin que esto signifique una caricaturización del ambiente. Es una propuesta sencilla que apela a un objetivo, poner en contacto el lenguaje de la ópera con el público común.

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