19 de August de 2010 00:00

Los coros le cantan al folclor

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Redacción Guayaquil

De sus bocas brota el mítico sonido de una selva maya. Es el viento, el vaivén de los árboles, el canto de los pájaros, el rugido salvaje de algún animal'

En la sala todos enmudecen. Están atentos al retumbe de los tambores, aunque no hay instrumentos. Solo con sus voces, el grupo coral Contrapunto, de México, traslada a los oyentes en el tiempo, mucho antes de la conquista española.

El canto maya, por ejemplo, es una muestra de la rica cultura que nació hace miles de años en Mérida, zona de Yucatán.La música vocal a capela es el fuerte de esta agrupación de ocho miembros que visita Guayaquil desde el lunes junto con otros conjuntos internacionales. Ellos son parte del trigésimo segundo Festival de Coros ‘Hermandad de los Pueblos’.

En su repertorio tienen más de 300 obras que van desde la época precortesiana (previo a la Conquista), pasando por el Virreinato mexicano, la influencia de la música europea de la época. También están el México contemporáneo y tradicional, según detalla la maestra Lupita Chavira, directora del grupo.

Pero además hurgan en el espíritu con la música infantil. “Cuando somos adolescentes la olvidamos, pero cuando la recordamos nos hace sonreír”.

La mañana de ayer, en el auditorio del Centro Cultural Libertador Simón Bolívar, los niños de la Escuela San José del Buen Pastor rieron con la Negrita Cucurumbé, quien “se fue a bañar al mar para ver si las blancas olas su carita podía blanquear”, era la historia que entonó el coro.

Para Chavira, la esencia de los coros latinoamericanos está en lo popular, ese rescate del folclor propio de cada región

Esa esencia se imprime en figuras de negras, blancas y corcheas que copan las partituras de otros grupos, como el cuarteto Vox Lúmini, de Chile.

El martes, junto al portón Sucre del Malecón del Salado, la soprano María Isabel Fredes, la mezzosoprano Mariví Pérez, el tenor Rubén Fuentes y el barítono Daniel Cáceres, deleitaron a los moradores de esa barriada con sus sonatas chilenas como La pollita y Si vas para Chile.

Su música hace énfasis en las raíces latinoamericanas. “Nuestro repertorio va desde el Renacimiento hasta la época Contemporánea, rescatando la música tradicional”, dijo Fredes, directora del grupo creado en 2004.

Fernando Gil, director del Festival, enfatiza que cada presentación difunde la importancia del canto coral, una rama de la música que, según dice, es muy poco reconocida. “El elemento más directo para encontrar contacto con la música es con la voz, no es con ningún instrumento. La idea es que la gente se entusiasme con estos cantos populares”.

Las puestas corales recorren entre tonos graves y agudos la cultura de cada pueblo. El coro de cámara Amicana, de Argentina (creado en 1986), comparte su repertorio contemporáneo y barroco. Y el coro Ars Nova, de Aruba (1998), cautiva con sus composiciones que van desde la polifonía del Renacimiento hasta la música popular del Caribe. Con sus ritmos han traspasado fronteras, llegando a escenarios de Europa y el mundo.

Juan Carlos Velasco, director de la banda vocal Bocapelo, de Quito, dice que esa es la expectativa de Ecuador, exportar la música nacional como sello de identidad. “Nuestro país es pequeño, pero hay toda una variedad, desde géneros étnicos, el mestizaje, hasta lo afroecuatoriano”.

El color y la música son uno para el grupo coral Jesús Paiva, de Venezuela (fundado en 1981), que también participó ayer en la presentación del Centro Cultural del Malecón 2000. Amarillo, verde, azul, violeta, rojo y naranja tiñeron sus vestimentas. En ellas reflejaron la alegría de los ritmos típicos del calor venezolano: el merengue y el joropo.

Frente a los 18 coristas, la directora Íngrid García de Sánchez, tomó el cuatro, una guitarra pequeña con cuatro cuerdas, el instrumento nacional de su país. Entonó y los latidos de un tambor hicieron eco en la sala.

El ritmo de ‘San Juan to’ lo tiene’ es contagioso, espontáneo. El vibrar de las cuerdas se hace más intenso. Es la entrada de El Gabán, un joropo llanero que cantan ante la mirada atenta de Libertador Simón Bolívar, colgado en un cuadro a un costado del escenario donde se presentan.

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