31 de May de 2010 00:00

El cómic busca su propia historia

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Richard Cortez

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Hasta que el grupo de estudiantes del colegio La Salle ingresó a la galería El Mirador se pudo mantener el orden. Con todos dentro, eso fue tarea difícil. Los pequeños no sabían dónde fijar sus miradas. Pese a que se trataba de un espacio no tan grande, tardaron unos minutos en decidir a dónde irían primero.

A David López le llamaron la atención las figuras de la Guerra de las galaxias que estaban frente a la entrada. Con su índice izquierdo y un poco inclinado señaló a un diminuto Luke Skywalker junto a su nave espacial.Había muchas cosas para ver, más aún si visitaban una feria de cómics y ciencia ficción, organizada por el Cómic Club. Allí, creadores, aficionados, coleccionistas y distribuidores, unas 20 personas en total, se reunieron desde el jueves hasta el sábado, en este espacio de la Universidad Católica de Guayaquil.

Como lo señala Gustavo Ruilova, del Cómic Club, en este tipo de eventos se palpa lo que ocurre en la ciudad y el resto del país.

La distribución de los módulos estaba claramente definida: unos marcados por las historietas clásicas, aquellas hechas principalmente en los Estados Unidos. Otros eran aquellos que tenían influencia de los mangas o historietas japonesas. Estos últimos generaron más atención de los estudiantes de La Salle.

La difusión de programas como Dragon Ball, Naruto, Anegal Beats, Caballeros del Zodiaco o Full Metal, a través de la señal abierta o televisión por cable, tiene que ver con esto. Xavier Conde, vicepresidente de Mina Mangaka Fans Club, señala esta realidad. También incluye a los juegos de video y las nuevas ediciones de personajes como Mazinger Z o el mismo Astroboy.

Los trazos de los animes (personajes) japoneses son fácilmente reconocibles. Cabellos con sus puntas levantadas, cintillos, vestimentas tipo kimono, botas o pies descalzos son algunas de sus características. Gokú, Raditz y Chaozú, de Dragon Ball o Kakashi y Sakura, de Naruto son algunos de esos “prototipos”.

Ello se pudo ver en los afiches y carteles que colocaron indistintamente en el sitio de la feria. Igual ocurrió con camisetas, gorras y figuras que estaban a la venta o en exhibición. Se suman los videos, revistas y juegos de cartas como Yu Gi Oh.

Diego Romero, 20 años, ocupaba una parte de la feria destinada para quienes crean personajes y no solamente los copian. El joven guayaquileño reconoce que, en sus dibujos, mantiene una fuerte influencia japonesa.

Por ahora, desarrolla una serie con superhéroes, villanos y guerras espaciales. Mostrar su trabajo no es prioridad. Hay mucho celo de lo que se pueda filtrar. Lo hará cuando acabe, en pocos meses más. Hay mucho celo.

Daniel Plaza, de 26 años, es un dibujante que define su estilo como híbrido: una mezcla del cómic tradicional y del japonés. De hecho, Quino con Mafalda y Osamu Tezuka, considerado el padre del manga, son sus principales inspiraciones.

En un folder, Diego guardaba celosamente su trabajo, especialmente con los personajes que ha creado. Los muestra con cierto recelo, pero sin dar detalles. Algunos tienen elementos que caracterizan a los anime.

Mauricio Gil, guayaquileño de 36 años, reconoce que entre jóvenes y niños hay más preferencia por el dibujo japonés. Sin embargo, no deja de destacar que hay gente que opta por personajes más tradicionales, basados en Batman, Hombre Araña, Linterna Verde...

De su creación está Leyendas, que en este mes sacó la décima edición. Como su nombre lo señala, recoge aquellas tradiciones orales que persisten en algunas ciudades del país. La fisonomía de sus personajes es más apegada a las realidades físicas y sociales de quienes viven en ciudades como Quito o Guayaquil.

A menos de tres metros, los organizadores colocaron dos carteles horizontales reproduciendo escenas de lo que fue considerado, en su tiempo, uno de los mejores cómics y que se publicó hace 25 años, en diario Expreso. Se trata de Guayaquil de mis temores, de José Daniel Santibáñez. La serie es ambientada en una ciudad con héroes, villanos, robos, traficantes, drogas... Son historias contadas de la forma que se lo hace en revistas como Dick Tracy o Batman.

El viernes, los estudiantes del colegio La Salle no se fueron con las manos vacías. Recibieron de la Dirección de Cultura del Municipio, el ejemplar 9 de la serie Memorias guayaquileñas. En ella, como una historieta, se contaba la historia de la Bandera y el Escudo del Ecuador.

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