20 de December de 2010 00:00

Los Caminantes de los Andes muestran su arte dancístico

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Redacción Santo Domingo,

La obra culmina y a la vez logra su mayor esplendor, cuando una llama trepa a lo más alto de una montaña como señal de dominación de los páramos andinos. Es una escena de la obra de danza contemporánea ‘Ovejunos’. Los bailarines son parte del grupo cultural Sariri o Caminantes de los Andes, integrado por estudiantes del Colegio Nacional La Concordia.

Con su torso desnudo, un zamarro blanco y una cinta del mismo color en su cuello, Richard Cedeño permanece por pocos segundos incólume sobre una torre metálica. Ésta simboliza la serranía ecuatoriana. Luego un grupo de cuatreros vestidos con zamarros color café, sombreros y sogas invade las montañas en busca de los ovejunos, pero estos los someten.La contextura delgada de Cedeño, facilita sus movimientos. Él nació hace 17 años en Manabí, pero desde hace 11 vive en La Concordia. 14 jóvenes estudiantes conforman el cuerpo de bailarines; asisten a clases en la mañana y ensayan los miércoles y viernes de 15:00 a 18:00.

Caminantes de los Andes se inicia en julio del 2002. Está bajo la dirección del maestro Verlaine Mora. Él es un autodidacta que nació hace 49 años en Tulcán y lleva 36 años en esta actividad. Su trabajo lo realiza en coordinación con Oswaldo Jumbo, director del grupo y rector del colegio.

Mora es un apasionado por las danzas andinas, y ha logrado introducir sus coreografías en zonas de la costa ecuatoriana. “No es folclorismo sino una expresión cultural contemporánea, producto de una sistemática investigación de los pueblos andinos”.

A más de la obra ‘Ovejunos’, Sariri tiene 12 coreografías adicionales. Entre ellas están: ‘La Rebambaramba’, ‘Sobremesa’, ‘Mama Shungo’, ‘La Quiteñidad’, ‘Nuestro Juramento’, ‘Metástasis del Crepúsculo’, ‘Pawkar Raymi’, etc. En esta última participan las 19 chicas del grupo.

Al final de la jornada, ya fuera del escenario, los bailarines bromean, juegan. Richard Cedeño se divierte y momentáneamente piensa en los prejuicios machistas, en contra de la danza, de algún compañero. Pero concluye: “Es mi vida y lo importante es que a mí me guste”.

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