8 de June de 2010 00:00

Bolívar Echeverría, ‘nuestro filósofo crítico’

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Redacción Cultura

Conmovido recuerda el poeta Ulises Estrella, a Bolívar Echeverría (Riobamba, 1941), fallecido el sábado pasado en México. “Era nuestro filósofo”, dice el director de la Cinemateca Nacional del Ecuador.Con 20 años, ambos formaron una amistad que duró, mediante la correspondencia. La relación se inició en la Universidad Central y se desarrolló con el interés por el existencialismo, por los textos de Jean Paul Sartre y la literatura de Albert Camus. Echeverría, a pesar de los nexos con los tzantzicos y de haber estado junto a ellos en los inicios, no estuvo con ellos en su fundación, en 1962. En ese año, el joven pensador ya buscaba la huella de Martin Heidegger, en Friburgo, Alemania. Allí, Echeverría entró en contacto con movimientos juveniles de izquierda, cuyo ideario empataba con las investigaciones de filósofos, economistas y sociólogos marxistas, bajo el sello de la Escuela de Fráncfort. Impulsado por esos movimientos europeos escribió el ensayo ‘La posibilidad del cambio’, que apareció en la revista quiteña Pucuna. “Se trataba de una teoría audaz desde una perspectiva anticapitalista”, explica Estrella.Envuelto en esa atmósfera y con una orientación más determinada por su actividad en los levantamientos juveniles, Echeverría se inscribió en la Universidad Libre de Berlín, para realizar estudios en Filosofía.El catedrático universitario Wladimir Sierra, quien también estudió en esa institución (años después de Echeverría), recuerda que luego de la caída del muro de Berlín y el desmoronamiento de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), cuando el pensamiento de izquierda cayó en crisis y muchos giraron hacia la socialdemocracia o la derecha, Bolívar Echeverría mantuvo su pensamiento en firme. En esa línea, el poeta, filósofo y ensayista ecuatoriano Iván Carvajal, señala que Echeverría se alimentó del pensamiento de Marx, con libertad y autonomía, al margen de dogmatismos. Golpeado por la muerte del filósofo y amigo entrañable, Carvajal considera que Echeverría fue un pensador recio y profundo, con un recorrido muy complejo de la filosofía de la modernidad, sobre una perspectiva crítica. Para continuar con sus estudios y con el desarrollo de su teoría, Echeverría viajó a México e ingresó en la UNAM. En ese país vivió las últimas cuatro décadas, como catedrático e investigador de esa universidad, y con el respeto de la intelectualidad latinoamericana.En su obra se agrupan títulos trascendentes como: ‘El discurso crítico de Marx’, ‘Definición de la cultura’, ‘Las ilusiones de la modernidad’, ‘Valor de uso y utopía’, ‘Conversaciones con el barroco’ y ‘Vuelta de siglo’. Este último le valió el Premio Libertador Simón Bolívar al Pensamiento Crítico, en el 2008. Antes ya obtuvo el Pío Jaramillo Alvarado, en Quito, y la Universidad Nacional a la Docencia, en México. Uno de sus aportes, proveniente de su pensamiento crítico y la relación con la cultura, fue la teoría del ethos barroco. Esta exploró un comportamiento especial en los mestizos latinoamericanos. “Valoraba la trascendencia y el nivel de Quito con su calidad estética, como no dependiente del capitalismo desarrollado, sino una mezcla de costumbres y tradiciones, como una especie de rebelión tácita ante la imposición del mercado”, dice Estrella.“De su crítica a la modernidad planteó la particularidad de América Latina y de los países de la esfera occidental católica, frente a la alternativa de la modernidad europea representada con la Europa nórdica”, concluye Carvajal. Y añade, que no se podría adscribir a Echeverría a una política: “Tuvo una fuerte impronta marxista, en las políticas redistributivas y de derechos humanos. Él tomó de forma muy profunda la crítica del capitalismo contemporáneo, como también del socialismo y fue un buscador de reflexiones de la vida demócrata”. El domingo se incineraron sus restos en México. Sus cenizas visitarán el país, la próxima semana.

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