Aracataca dio al mundo el mejor escritor colombiano

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El Tiempo de Colombia. GDA

'Luisa, con 21 años cumplidos, regresó a su Aracataca natal en una mañana de febrero, sin su esposo, tras casi 18 meses de ausencia. Estaba embarazada de ocho meses y llegaba mareada del barco, tras otra travesía turbulenta de Riohacha a Santa Marta. Unas semanas después, el domingo 6 de marzo de 1927, a las nueve de la mañana, en medio de una tormenta poco habitual para esa época del año, dio a luz a un niño, Gabriel José García Márquez (...). El niño nació con una vuelta de cordón alrededor del cuello y pesó, según se dijo, cuatro kilos con 200 gramos. Su tía abuela, Francisca Cimodosea Mejía, propuso que lo frotaran con ron y le echaran agua bendita, por si había algún otro percance".

Así recuerda el biógrafo Gerald Martin, en 'Una vida', la llegada al mundo del Nobel de Literatura de 1982, quien murió este jueves 17, a los 87 años, en México, por las complicaciones de un cáncer que se extendió a pulmones e hígado.

La infancia en la casa de sus abuelos -Nicolás Márquez y Tranquilina Iguarán- fue determinante en su vida, antes de ingresar al Colegio de San José, en Barranquilla, en 1936. Cuatro años más tarde se trasladó a Zipaquirá, donde recibió el bachillerato en el Colegio Nacional, y, además, fue escogido para pronunciar el discurso de grado.

En 1947, entró a estudiar Derecho y Ciencias Políticas, en la Universidad Nacional, formación que continuó en Cartagena por el cierre del plantel capitalino luego de los sucesos del 9 de abril. Fue cuando comenzó sus primeros coqueteos con el periodismo, en diario El Universal.

De Cartagena se trasladó a Barranquilla, en 1950, y allí hizo amigos inolvidables, como Alfonso Fuenmayor, Álvaro Cepeda Samudio, Alejandro Obregón... Fueron llamados el Grupo de Barranquilla. De manera paralela continuó sumergiéndose en las aguas del periodismo, esta vez desde El Heraldo, donde escribía su columna La jirafa, que firmaba como 'Séptimus', personaje de Virginia Woolf.

Para 1954 regresó a Bogotá. Se vinculó al diario El Espectador y ganó concursos literarios. Además, publicó crónicas como la del marino Luis Velasco, que, en 1970, dio vida al libro 'Relato de un náufrago'.

  • Familia y amigos

En 1955, viajó a Europa, conoció a los escritores con los que conformó el 'boom' latinoamericano, y un año después finalizó 'El coronel no tiene quien le escriba'. Además, se casó en 1958 con Mercedes Barcha, el amor de su vida.

Un año más tarde, mientras abría con su amigo Plinio Apuleyo Mendoza la sede en Bogotá de la agencia cubana de noticias Prensa Latina, nació su hijo mayor, el cineasta Rodrigo García Barcha.

En 1962, cuando ya se encontraba en México, vino al mundo su segundo hijo, Gonzalo. Por aquel entonces inició la redacción de 'Cien años de soledad', cuya primera edición, en 1967, se agotó en pocos días.

Mendoza recuerda que en esos años se inició la amistad de García Márquez y Fidel Castro, cuando, por error, Mendoza autorizó que apareciera la firma de 'Gabito' en una misiva contra Castro, que firmaban los del 'boom' por el apresamiento del poeta Heberto Padilla.

Entre tanto, el reconocimiento del escritor colombiano crecía tras ganar el Premio Rómulo Gallegos en 1972.

  • El día de la inmortalidad

A inicios de la década de 1980, su influencia internacional fue notoria. Esto hacía prever la noticia del 21 de octubre de 1982: el otorgamiento del Premio Nobel de Literatura. Ese día, a las 05:59, recibió una llamada de Pierre Short, viceministro de Asuntos Exteriores sueco. Al colgar el teléfono, García Márquez dijo a Mercedes: estoy jodido. En los años siguientes fue escogido por la revista Time como uno de los personajes del siglo XX. Desafortunadamente le fue diagnosticado un linfoma (cáncer del sistema inmunológico).

Sin lugar a dudas, el 2007 quedó grabado en la memoria del 'Gabo' como uno de los años inolvidables de su existencia, porque celebró cuatro importantes aniversarios: sus 80 años, los 60 de su primer cuento, los 40 de la publicación de su obra cumbre y los 25 de haber recibido el Nobel.

En los años posteriores, el Nobel colombiano mermó sus actividades públicas. Él se recluyó en su residencia en Ciudad de México, donde pasó sus días postreros al lado de 'la Gaba', su compañera hasta el último viaje.

Desde que tenía 17 años hasta la mañana de hoy, no he hecho cosa distinta que levantarme temprano todos los días y sentarme frente a un teclado para llenar una página en blanco".

  • Mejor novelista en español de Latinoamérica

Fue probablemente el mejor novelista de Latinoamérica en lengua castellana del siglo XX, y por lo menos una obra suya ('Cien años de soledad') debe incluirse en cualquier lista de libros para llevar a la famosa isla desierta.

Conviene tener en cuenta dos ideas contenidas en la primera frase del párrafo anterior: la primera, que fue el mejor novelista, no el mejor escritor; Borges probablemente lo superó, pero nunca escribió una novela. Y lo de la lengua castellana no hay que olvidar que la mejor novela latinoamericana del Siglo XX es talvez 'Gran Sertao, veredas', del brasileño Guimaraes Rosa, escrita por supuesto en portugués.

Todo ello no obsta para que Gabriel García Márquez deba figurar, casi sin márgenes de discusión, entre los mayores creadores literarios de su época. Y su lugar en la historia está apuntalado, por lo menos, por un elemento adicional: su condición de "jefe de fila" del 'boom' de la literatura latinoamericana de los años 60. Es posible que el adelantado no haya sido él (de hecho, el 'boom' comenzó un poco antes, con 'La ciudad y los perros' de Vargas Llosa), pero ciertamente sí su mayor difusor.

Para bien o para mal, 'Cien años de soledad' es "el" ícono de la literatura latinoamericana contemporánea, al punto de hacerle creer a más gente de la necesaria que un determinado estilo (el "realismo mágico") era "el" estilo de la región. Eso nunca fue cierto, pero García Márquez no tuvo la culpa.

Con esta obra literaria demostró varias cosas al mismo tiempo: en primer lugar, que la novela era un género que se mantenía vivo (pese a los reiterados anuncios de la muerte de esto o lo otro a los que se ha dedicado la intelectualidad europea de los últimos cien años), y que además la buena literatura podía ser sumamente entretenida para cualquier lector. El País, GDA


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  • Escribió y enseñó la crónica periodística


El autor de 'Cien años de soledad' apoyó la formación de periodistas y cineastas de Iberoamérica. La pasión de Gabriel García Márquez por el periodismo lo llevó a crear fundaciones y escuelas que hoy quedan como un legado para las nuevas generaciones.

Entre ellas, la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), establecida en 1994 en Cartagena de Indias, y que ha tenido desde sus inicios un objetivo principal: contribuir a crear una nueva generación de periodistas iberoamericanos.

Preocupado por estimular el periodismo como vocación y pasión, el escritor colombiano, junto con su hermano Jaime García Márquez, puso en marcha esa fundación que hasta ahora ha logrado capacitar a más de 15 790 periodistas, mediante talleres presenciales y virtuales.

Las actividades que ha realizado hasta ahora la Fundación se rigen por las metas trazadas por Gabriel García Márquez, quien durante la inauguración de su primer seminario, el 18 de marzo de 1995, manifestó su preocupación por la crisis ética del periodismo escrito y propuso como alternativa para los estudiantes: "volver al sistema primario de talleres prácticos en pequeños grupos, con un aprovechamiento crítico de las experiencias históricas y en su marco original de servicio público".

En días pasados, al darse a conocer la noticia de su fallecimiento, la fundación, que ha reclutado a periodistas como Jon Lee Anderson, rindió en su página web un homenaje al maestro. "Gracias, Gabo. Gracias, maestro de maestros. Cumpliremos tu mandato; seguiremos adelante con tus talleres, tu premio, trabajando de muchas formas por una nueva y creativa época para el mejor oficio del mundo", escribió Abello Banfi en un texto que colgó en la página. Frases compartidas también en las redes sociales.

  • Su esposa Mercedes fue su polo a tierra

Hay almas que parecieran tener sus caminos predestinados, como le ocurrió a Gabriel García Márquez con su esposa, Mercedes Barcha. El escritor dijo que desde que la conoció supo que ella sería su esposa.

Sin embargo, por situaciones de la vida de ambos pasaron muchos años antes de que Mercedes le diera el "sí", el 21 de marzo de 1958, a las 11 de la mañana, en la iglesia del Perpetuo Socorro, de Barranquilla.

Para la gran mayoría de sus amigos, 'La Gaba' -como la llaman cariñosamente- ha sido, sin duda, el polo a tierra que le permitió al premio Nobel volar con su imaginación por universos literarios y mágicos.

"Ella (Mercedes) ha jugado el papel de la Beatriz de Dante, solo que Gabo logró casarse con su Beatriz y vivir más de 50 años a su lado. Él ya era un genio cuando se casaron, pero sin Mercedes no habría logrado hacer todo lo que después consiguió en la literatura y en la vida", le comentó a El Tiempo el escritor inglés Gerald Martin, autor de la biografía Gabriel García Márquez: una vida.

Para el escritor y periodista Plinio Apuleyo Mendoza, amigo de la pareja y padrino del primero de sus hijos, el cineasta Rodrigo García Barcha, el papel de Mercedes fue vital: "Ella se ocupa de la realidad que él no manejaba: las finanzas, el hogar, la vida social, los viajes".

Para el cineasta Rodrigo Castaño Valencia, quien creció en los pasillos de casa de la familia García Barcha, debido a la estrecha amistad de sus padres, el periodista radial Álvaro Castaño y la presentadora de televisión Gloria Valencia de Castaño, "Mercedes fue la gran novela de Gabo. Creo que ha sido completamente incondicional, pero con los pies en la tierra, mientras que Gabo, afortunadamente para todos, es la fantasía". El Tiempo. GDA

  • El vallenato lo inspiraba a cantar a viva voz

Siempre se dijo que había cantado vallenatos en las calles de París como recurso para recoger algunos francos en los momentos más duros de su estancia en Europa, según relata Daniel Samper en diario El Tiempo.

"No lo reconoció el premio Nobel en ningún documento que yo recuerde, pero su amor por la música de acordeón era tanto que bien pudo haber sucedido. En cambio, tengo viva una de las primeras imágenes personales del escritor colombiano. En el cuarto de un hotel de Valledupar estamos García Márquez, su hermano Luis Enrique, quizás también otro hermano suyo, Jaime, y el 'Cabellón' Álvaro Cepeda Samudio. Luis Enrique está rasgueando el golpe de merengue y 'Gabo' canta La molinera, en voz baja pero con todo el recorrido melódico que piden los cantos de Rafael Escalona.

Esa noche de 1968, sobre la que escribí una crónica hace casi medio siglo, se prolongó hasta la madrugada. 'Gabo' cantó muchos vallenatos más. No solo de Escalona, amigo suyo sobre el que escribió columnas y artículos cuando nadie los conocía ni a él ni al otro, sino también de Emiliano Zuleta, de Alejo Durán, de Chema Gómez, de Leandro Díaz, entre otros.

Leandro Díaz, el ciego que veía "con los ojos del alma", es autor de los versos de La diosa coronada, que sirven de zaguán de 'El amor en los tiempos del cólera'. Muchas veces más compartí con él y con otros amigos largas charlas sobre música vallenata. La fascinación por esa música que oía de niño en Aracataca no solo le sirvió de inspiración literaria.

Cuando le entregaron el Premio Nobel, en octubre de 1982, lo acompañaban Escalona y otros músicos. No sería extraño que cientos de acordeones se arrugaran ahora para despedir a quien popularizó esta música, que es ya un símbolo nacional".

  • También dejó su marca en la producción televisiva

Aunque el cine fue su gran amor entre las artes audiovisuales, García Márquez también dejó su impronta en la televisión colombiana.

Por ejemplo, con un proyecto sobre la generación del siglo XIX unida por las ansias de una patria liberada pero que solo logró hacer desaparecer a sus integrantes y generar la reconquista de España. Su idea se convirtió en una serie de seis capítulos realizados, en 1993, por las programadoras TeVecine y Televideo para Audiovisuales. Se llamó 'Crónicas de una generación trágica'. Esta es una de las grandes producciones que se han hecho en el país, con 4 000 extras y lo más representativo de la actuación de ese momento (Luis Fernando Montoya y María Helena Doering).

Se dividió en los capítulos 'Los comuneros' (1781), 'Los derechos del hombre' (1794), 'Los conspiradores' (1797-1810), 'El florero de Llorente' (1810), 'La patria boba' (1810-1813) y 'La pacificación' (1813-1816).

De igual modo, en 1975, RTI Televisión produjo 'La mala hora', obra de García Márquez, en una época en la que hacer toda una producción en exteriores era casi impensable.

El premio Nobel también hizo parte de los libretos de una versión de 'María', de Jorge Isaacs, que RCN hizo en 1992. Fue protagonizada por Victoria Góngora y Luis Fernando Hoyos. Recientemente, Góngora dijo que no solo fue su primer papel, sino que tuvo para ella más de la magia imaginada: "Su guión se detenía en el paisaje, el espíritu romántico de la época, las vivencias de las antiguas haciendas, la historia de amor, los jóvenes que se iban a estudiar a Europa y volvían con ideas revolucionarias, la esclavitud y la libertad de estos, y en cómo muchos hacendados quebraron porque la producción de sus haciendas se basaba en la mano de obra no paga". El Tiempo, GDA

  • El cine fue otra de las pasiones del novelista

El legado que deja 'el Gabo' no se restringe solo a la literatura. Su influencia en el desarrollo del cine latinoamericano fue trascendental, sobre todo después de fundar, en 1986, junto con otros artistas latinoamericanos, el Eictv (Escuela Internacional de Cine y Televisión) en Cuba. La escuela de cine se convirtió en un verdadero referente para los cineastas latinoamericanos. Por ejemplo, en Ecuador, una de las exestudiantes de esta escuela es la cineasta cuencana Tania Hermida, recordada por dirigir la película 'En el nombre de la hija'.

En la escuela cubana de cine, García Márquez se dedicaba a impartir clases, sobre todo de escritura de guiones. Pero su conexión con el cine no se limitó al aspecto académico. Se lo recuerda por haber actuado en películas como 'El año de la peste', 'Petsy, mi amor'… y, por supuesto, 'En este pueblo no hay ladrones', una adaptación de su cuento en el que también aparece el mítico cineasta español Luis Buñuel.

Obviamente, las adaptaciones que se han hecho de sus obras son por de más conocidas. 'El coronel no tiene quien le escriba', 'Memorias de mis putas tristes', 'El amor en tiempos de cólera' son novelas llevadas a la gran pantalla.

De entre todas estas, la más reconocida fue 'El coronel no tiene quien le escriba', dirigida por el cineasta mexicano Arturo Ripstein, y que contó con la participación de actores como Rafael Inclán, Fernando Luján, Salma Hayek, entre otros.

Y por si fuera poco, el libro 'Cómo se cuenta un cuento', un texto básico y necesario para quien quiere escribir guiones cinematográficos, es de su autoría.

En esta obra, 'el Gabo' exterioriza sus conocimientos y habilidades para contar una historia, y también reconoce que para hilvanar un texto, el ingrediente fundamental es la pasión que el autor debe poner en el momento de escribirlo.

  • Los presidentes lo llamaban en épocas críticas

Dentro de unos años a nadie le importará si García Márquez fue o no cercano a Fidel o si era o no amigo de los poderosos y si se trataba de un tema que le importaba mucho o poco.

Lo sobrevivirán los Buendía, Úrsula Iguarán, Florentino Ariza, sus propias memorias, no la leyenda de sus amistades con los presidentes.

Sin embargo, es cierto que 'Gabo' fue amigo de Miterrand y de Felipe González, de Bill Clinton y de César Gaviria, de Andrés Pastrana y de Carlos Andrés Pérez y supongo que fue amigo de Hugo Chávez y de Vicente Fox.

Claro, le producía enorme fascinación el poder. En buena medida, asumo, empujado por legítimas necesidades literarias. Al fin y al cabo sería impensable escribir 'El otoño del patriarca' sin un profundo conocimiento de la manera como piensan los poderosos.

A 'Gabo' lo llamaban los presidentes colom­bianos cuando había algún secuestrado, cuyo rango afecta a la seguridad del Estado; los candidatos presidenciales para que produzca declaraciones en su favor, y aunque no lo hacía con frecuencia, y casi siempre se incomodaba muchísimo, no es excepcional que días antes de una elección apoyaba a un candidato.

Hay muchas razones que explican esa atracción: 'Gabo' era sin duda un gran conversador; era también un conocedor de la política y, sobre todo, una persona muy bien informada.

Para un presidente esos son requisitos indispensables en un buen interlocutor. Pero además 'Gabo' era un hombre discreto. Un secreto presidencial muere ahí, entre 'Gabo' y Mercedes. Como si lo anterior fuera poco era influyente y una declaración suya era tremendamente relevante. De modo que no pocos poderosos se acercabán al escritor colombiano porque en una crisis, pensaban, una palabra suya bastaría para salvarlos. El Tiempo, GDA

  • Su narrativa dio carácter y definición al continente

Para los críticos es difícil llegar a decir con exactitud cuál fue su mejor novela. 'El coronel no tiene quien le escriba', 'El amor en tiempos de cólera' y 'Cien años de soledad' se disputan esos primeros lugares, entre las mejores de la producción garciamarquiana.

En conjunto, el 'Gabo' construyó una narrativa ladrillo a ladrillo, motivado solo por la pasión de escribir, como lo expresó en su discurso de agradecimiento, cuando recibió el homenaje de los 25 años de haber recibido el Premio Nobel de Literatura, en el 2007.

Quizás por su desinterés frente al afán de protagonismo, y su timidez innata, el autor de 'Relato de un náufrago' y 'Noticia de un secuestro' siempre se mostró alérgico a la fama a la que se vio expuesto, fruto de su genialidad como escritor. "Lo peor que le puede suceder a un hombre que no tiene vocación para el éxito literario o en un continente que no está acostumbrado a tener escritores de éxito es publicar una novela que se venda como salchichas. Ese es mi caso. Me he negado a convertirme en un espectáculo, detesto la televisión, los congresos literarios, las conferencias y la vida intelectual", expresó alguna vez.

El investigador Raúl Pacheco, miembro del Centro Cultural Benjamín Carrión, dijo sobre la muerte de este escritor, que "América Latina pierde a uno de sus grandes fabuladores. García Márquez desplegó a través de su narrativa unos paisajes culturales y míticos que le dieron carácter y definición al continente".

Para él, más allá de las etiquetas y de sus epígonos, su escritura siempre fue desenvuelta, amena y de indudable pericia narrativa, superó los linderos del realismo mágico para ahondar en los misterios de la realidad latinoamericana y de la misma condición del ser humano, siempre ambigua y compleja. GDA y EL COMERCIO





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