22 de abril de 2018 00:00

El Museo Colonial de Charcas reabre su recorrido de siglos de arte e historia

Imagen del Museo Colonial de Charcas, tomada de la cuenta de Twitter @Arizaga_Rector

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Agencia EFE

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El Museo Colonial de Charcas ha reabierto sus salas para ofrecer como pocos en América Latina un recorrido por el arte y la historia desde la época colonial hasta nuestros días, en Sucre, hoy capital de Bolivia pero que en su época era sede de un territorio que abarcaba buena parte del Cono Sur.

“Es uno de los museos más importantes no solo de Sucre, sino del país, y por qué no decir, de América Latina”, aseguró a Efe su directora, Orieta Durandal.

Sucre está plagada de museos, entre un sinfín de lugares que visitar en una ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Pero “la diversidad, la calidad y la tipología de la colección” hacen único al Colonial de Charcas, subrayó la directora.

Las obras expuestas, desde pinturas y esculturas a muebles y platería, suman unas cuatrocientas en su sede del Palacio Gran Poder, desde el siglo XVI a finales del XVIII más una sección de arte contemporáneo.

Desde los ecos de Francisco de Zurbarán, unas de las cumbres de del Siglo de Oro español cuya escuela pictórica influyó en la América colonial, hasta las tablas llegadas de Amberes, entonces también bajo la corona española, el recorrido por sus salas retrae a aquella época.

Un paseo por el arte y la historia de esta parte de América para aprender el brocateado, el detalle minucioso en las ropas que distinguía a la escuela cusqueña en el siglo XVII, o empaparse de la pintura de Francisco Padilla, el barroco de Melchor Pérez de Holguín o anónimos como “San Miguel Arcángel” y “La Santísima Trinidad”.

Hasta llegar a la pieza predilecta, “El Cerro Rico y la Villa Imperial”, un cuatro del potosino Gaspar Miguel Berrio en 1758, que se expuso a comienzos de la presente década en Madrid y Berlín.

Sin dejar de detenerse en la platería que venía del Cerro Rico de Potosí, cerca de Sucre, y en la colección de muebles bargueños, piezas de escritorio lujosamente adornadas, con sus innumerables cajones.

“Es una colección magnífica”, recalcó Durandal, pero más de otro millar de obras espera en su archivo a que un día se amplíe aún más el espacio de exposición al público en esta antigua casona.

La cooperación española ha contribuido a la reapertura el pasado 6 de abril de sus salas, que durante algunos años estuvieron cerradas, en colaboración con la Universidad de San Francisco Xavier de Chuquisaca, de la que depende desde 1957 aunque su fundación data de 1938, y el programa Sucre Ciudad Universitaria.

“Dada la magnitud del proyecto, hemos tenido que ejecutar varias fases”, tanto para restaurar las cubiertas como para adecuar nuevos espacios o la iluminación a las necesidades del museo, explicó.

La Agencia de Cooperación Española (AECID) lleva implicada desde 2012 en la restauración, con financiación directa y además a través del trabajo aportado por su escuela taller en Sucre.

El futuro pasa por seguir ampliando, de las 18 salas actuales a 25, con el fin de exponer si no el cien por cien, hasta el 80 o 90 por ciento de los fondos ahora guardados.

Los cerca de 20 000 visitantes anuales, de Bolivia, del resto de América y de Europa, principalmente, se podrían duplicar, confió la directora.

Además del contenido, el propio edificio que lo alberga, uno de los más antiguos de su estilo en Sucre, merece la pena la visita por sus rejas de hierro forjado en España, su patio de aires moriscos y su techumbre de vigas y caña de Chuquisaca.

Sucre, en otro tiempo Charcas, luego Villa de la Plata y después Chuquisaca, fue sede de la Real Audiencia de Charcas en época colonial, dentro del Virreinato de la Plata, que abarcaba parte de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay.

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