7 de mayo de 2015 15:04

Los seres humanos suplen el papel de madres en animales víctimas del tráfico

Un venado de cola blanca de cuatro meses de edad se encuentra bajo los cuidados del personal del Zoológico de Guayllabamba. Foto: Cortesía/ Zoológico de Guayllabamba.

Un venado de cola blanca de cuatro meses de edad se encuentra bajo los cuidados del personal del Zoológico de Guayllabamba. Foto: Cortesía/ Zoológico de Guayllabamba.

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Carla Sandoval
Redactora (I)

Un bebé de venado de cola blanca vive actualmente en el zoológico de Quito. Su supervivencia depende de los cuidados del personal de la entidad. Tiene solo cuatro meses de nacido, sin embargo, fue encontrado solo cuando tenía un mes de edad. Las posibilidades de que su madre haya sido víctima de cazadores son muy altas.

Entre un 80 y un 90% de las especies que llegan a recibir estos cuidados en el zoológico de Quito son rescatadas del tráfico ilegal de especies. Así lo explica Max Araujo, asistente de proyectos de conservación de la entidad.

Entre otras especies que el zoológico ha tenido a su cargo están pumas tigrillos, perezosos, puercoespínes andinos, aves rapaces y más. Cuando los animales ingresan son atendidos por veterinarios, quienes evalúan sus heridas, buscan suplir sus necesidades alimenticias y se aseguran de que el cuidado sea adecuado.

El tigrillo llegó al zoológico a principios del 2014. Foto: Cortesía Zoológico de Guayllabamba.

Las crías tienen varias maneras de llegar al zoológico: El Ministerio del Ambiente, la Policía Ambiental o incluso personas particulares que los ven en sus propiedades. Este es el caso de julio, un pequeño puma que llegó a principios del 2014. El dueño de un terreno vio que sus perros ladraban a un sector de su propiedad, cuando se acercó vio al cachorro de Puma y a sus perros intentando atacarlo.

El hombre constató que el animal estaba herido y lo llevó al zoológico de Guayllabamba. Actualmente, julio ya se encuentra estable y está bajo el cuidado de personal del zoológico, mas no de los doctores veterinarios, pues una vez que las heridas de los animales rescatados sanan las crías pasan a cargo de los zoocuidadores. Ellos, bajo instrucción de los médicos, los alimentan con biberón o, en el caso de aves rapaces, les dan pequeños pedazos de carne junto al pico.

En el caso del bebé de venado, los cuidados que le proporciona su zoocuidadora llamada Silvia son básicos, pues en los primeros meses de vida las crías de esta especie no pueden defecar normalmente.

El papel de las madres es estimular eso, pero en el caso de este venado los zoocuidadores deben ayudar al animal para que este pueda defecar normalmente. De lo contrario, podría llegar a tener una obstrucción intestinal lo cual podría causarle incluso la muerte.

Si bien los cuidados de los seres humanos pueden salvarles la vida a los animales, Araujo recalca que se debe procurar que esto no se convierta en algo cotidiano y que suceda con la menor frecuencia posible. “Estos animalitos que llegan cachorros ya no pueden ser liberados, han recibido comida de la mano de seres humanos y difícilmente serán reinsertados en la naturaleza, por instinto lo que ellos harían sería buscar a una persona que les dé de comer”. Sin embargo, cuando llegan animales adultos con heridas leves sí son liberados.

Una de las consecuencias de que los animales sean cuidados por seres humanos es la pérdida de los instintos de supervivencia. Para evitar esto, en el zoológico los cuidadores les esconden la comida para que aprendan a buscarla. “Tienen que saber que no siempre va a estar en un plato, pero no es lo mismo que ellos desarrollen siempre todos sus instintos”.

Este tipo de relaciones con los seres humanos es normal para los animales que viven en cautiverio y para las mascotas. Sin embargo no es lo adecuado, asegura Araujo. “Son animales silvestres, no domésticos y por lo tanto deben ser cuidados por los animales”.

Para este representante del zoológico, es importante que se genere conciencia sobre la tenencia responsable de las mascotas, pero también sobre la conservación de las especies silvestres, pues el fin de estas no es estar en un hogar acompañadas de una familia.

Al ser estos animales víctimas de la cacería al principio se muestran asustados. Sin embargo, explica Araujo, con el pasar del tiempo adquieren afectos hacia sus zoocuidadores. “El lazo se vuelve muy fuerte y los llegan a tratan como si fueran su madre. Incluso les piden comida”.

El venado que actualmente está en la entidad “salta bastante y con las patas mueve la reja pidiendo alimento cada vez que ve a Silvia”. Estas personas “dejan mucho de un lado para ayudar a los animales, y ellos lo saben”, asegura Araujo.

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