23 de julio de 2017 00:00

Crisis regional eclipsa amenaza del terrorismo

Tras la victoria sobre el Estado Islámico en la ciudad vieja de Mosul, la Defensa Civil iraquí extrajo debajo de los escombros 1 429 cadáveres. 90% de la infraestructura no sirve. Foto: AFP

Tras la victoria sobre el Estado Islámico en la ciudad vieja de Mosul, la Defensa Civil iraquí extrajo debajo de los escombros 1 429 cadáveres. 90% de la infraestructura no sirve. Foto: AFP

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María Carvajal A. Editora (O)

Cerca de las ruinas de la recién liberada Mosul, el corresponsal de la agencia France Presse, Tony Gamal-Gabriel, encontró mujeres y niños de 83 familias de miembros del Estado Islámico (EI), en un campamento que acoge a 18 000 desplazados. Y sus vecinos de carpa son las familias que tuvieron huir durante la guerra contra el grupo yihadista en esa ciudad iraquí.

Al periodista no le cuesta trabajo anticipar que la tensión entre ambos grupos traerá problemas muy pronto. Sobre todo considerando que todavía hay fracciones del EI rondando la zona, y que la semana pasada ya hicieron intentos por acercarse al lugar.

Mientras tanto, ya salieron los primeros cálculos de cuánto costará la reconstrucción de Mosul. Para restaurar servicios como agua potable, electricidad, escuelas y atención médica en esa otrora próspera urbe se necesitan más de USD 1 000 millones, según la ONU.

Aunque desde Washington Donald Trump dijo esta semana que el EI se está “desmoronando”, más de un analista está convencido de que aún está lejana su completa desaparición. Y todos los días llegan noticias de que en Siria y Pakistán mueren civiles en los bombardeos contra los yihadistas.

El presidente iraní, Hassan Rohani, insiste en que es imprescindible la cooperación regional en Oriente Medio para erradicar definitivamente ese “contagioso bacilo del terror”. Pero una tensión diplomática entre los países más poderosos de la zona se vuelve, sin duda, un difícil escollo para alcanzar este objetivo.

Según reseñan agencias de noticias como la alemana DPA, todo comenzó en mayo, cuando desde Qatar se emitieron unas supuestas declaraciones de su emir, Tamir Hamad al Thani. Ahí criticaba a sus vecinos árabes y alababa a Irán y a la organización Palestina Hamas. El Gobierno catarí aclaró que esas frases habían sido “fabricadas”, y que la página web y la cuenta de Twitter de su agencia de noticias habían sido manipuladas “por una entidad desconocida”.

Pese a esta aclaración, Arabia Saudí rompió relaciones con Qatar y cerró sus fronteras. Es de todos conocido que Teherán es enemigo de Riad.

La medida fue imitada por los Emiratos Árabes Unidos (EAU), Bahréin y Egipto, que acusaron a Qatar de apoyar y financiar a grupos radicales como Hamas y los talibanes afganos. Qué mejor muestra, dijeron, que las numerosas ocasiones en que los Hermanos Musulmanes -que consideran organización terrorista- han tenido voz en el canal de noticias catarí Al Yazira, con presencia en todo el mundo.

Ni siquiera la visita de hace casi dos semanas del secretario de Estado de EE.UU., Rex Tillerson, ha logrado acercar a las partes. Y de acuerdo con un reportaje del diario británico The Guardian, más de un ministro de Relaciones Ecteriores de Occidente advierte del riesgo de que la confrontación en esta poderosa zona petrolera afecte la estabilidad a largo plazo en la región, y que motive la retirada de inversionistas si no hay un arreglo pronto.

La tensión empeoró hace ocho días, cuando el diario The Washington Post publicó, remitiéndose a fuentes de los servicios secretos estadounidenses, que los EAU orquestaron el ‘hackeo’ que originó las declaraciones de la discordia. Mientras EAU niega la veracidad de esta afirmación, Qatar pidió al FBI investigar el origen del ataque informático, aunque ya su emir ya habla de la posibilidad de dialogar. Por su lado, la cadena CNN apunta como responsables a los rusos, en un afán de generar un cisma entre EE.UU. y sus aliados.

La amenaza no se ha ido

En este contexto de roces al más alto nivel, que no dejan de acaparar titulares, los tentáculos del EI siguen moviéndose en los 28 países donde tiene presencia. Y desde su centro operativo en Iraq y Siria, aunque ahora con menos territorio que hace tres años, sigue perpetrando ataques casi a diario. Eso sin contar con sus filiales con cientos y hasta miles de yihadistas listos a actuar en lugares como Egipto, Afganistán, Yemen e incluso Filipinas. Y no hay que olvidar las células que pueden tener decenas de militantes en Europa ni su unidad virtual, que a distancia recluta y entrena a potenciales ‘lobos solitarios’.

El internacionalista Mauricio Meschoulam escribió para el diario El Universal de México que el EI está en una fase en la cual “su poder material y capacidad financiera disminuyen considerablemente, pero en la que su red seguirá obrando a través de las muy diversas ramas e instrumentos que ha desarrollado a lo largo de estos años”.

Rusia aún no logra confirmar si uno de sus bombardeos acabó con la vida del líder del EI, Abu Bakr al-Baghdadi, autoproclamado el ‘Califa’. Estados Unidos lo sigue buscando y aún ofrece USD 25 millones por su cabeza. Aunque hay fuertes rumores de que ya murió, también es posible que haya conseguido escabullirse como por tantos años lo consiguió el líder de Al Qaeda, Osama bin Laden, y pueda reaparecer en YouTube para exacerbar a los creyentes de la yihad alrededor del mundo.

El trabajo de Inteligencia colaborativa entre los países es señalado por los expertos como una de las principales herramientas de vigilancia para evitar más ataques como los de París, Niza o Manchester. Pero esto será insuficiente si los enfrentamientos entre potencias regionales y globales contribuyen a la inestabilidad, que es uno de los focos de la subversión en los países en crisis.

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