23 de junio de 2017 12:13

Las papas fritas sí incrementarían el riesgo de muerte, según un estudio

Un estudio alertó que el consumo en exceso de papas fritas puede ser potencialmente mortal por el exceso de grasa que contiene el alimento. Foto: Pixabay.

Un estudio alertó que el consumo en exceso de papas fritas puede ser potencialmente mortal por el exceso de grasa que contiene el alimento. Foto: Pixabay.

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Paola Gavilanes

El consumo de papa no mata; es la grasa con la que se las fríe la que aumenta el riesgo de muerte de las personas. Así lo aseguró el chef y nutricionista Rubén Mosquera, tras un estudio publicado en The American Journal of Clinical Nutrition.

Allí se asegura que el consumo frecuente de papas fritas –regulares o en funda- aumenta las probabilidades de sufrir una muerte prematura. Por esa razón, la nutricionista Andrea Borja recomienda cocinarlas al vapor, al horno o en el agua. Así, además de evitar el exceso de grasa, aprovechará su fibra y minerales como el potasio: contiene seis veces más que el plátano.

En el estudio de The American Journal of Clinical Nutrition participaron 4 440 personas de entre 45 a 79 años de edad durante 8 años. Esos participantes consumieron papas fritas en varias frecuencias: de 2 a 3 veces por semana, una vez por semana, dos veces a la semana o más de 3 veces.

Los resultados de los pacientes analizados mostraron que, aunque los participantes que consumieron papas fritas una vez por semana no tenían un riesgo de mortalidad mayor, en los que lo hicieron de 2 a 3 veces y más de 3 sí aumentó sus probabilidades de sufrir una muerte prematura.

El exceso de grasa dentro de la dieta diaria aumenta el riesgo de padecer enfermedades no transmisibles como obesidad y sobrepeso, y accidentes cerebrovasculares, cáncer, entre otras. En el 2001, dichas enfermedades crónicas representaron aproximadamente el 59% de los 56,5 millones de defunciones comunicadas en todo el mundo y el 46% de la carga de morbilidad mundial.

Las cifras alarmaron a instituciones como la Organización Mundial de la Salud y es así que, después de una última revisión, recomendó consumir entre el 20 y 35% de grasas total al día, de las que entre el 6 y 11% deben ser poliinsaturadas (con 2,5 y 9% de Omega 6, y 0,5 y 2% de Omega 3); entre el 15 y 20% monoinsaturadas y menos del 10% de grasas saturadas.

Lamentablemente, estas últimas grasas están presentes en gran cantidad en las papas fritas y en una decena de carbohidratos más: pan, dulces, chocolates, pasteles. Esos productos se vuelven más nocivos para la salud del ser humano cuando se reutiliza aceite. Según Mosquera, a una misma grasa se la puede utilizar hasta dos veces, mientras se la haya manejado correctamente en el primer uso.

La papa, según el especialista, es un alimento ancestral cargado de nutrientes. Se trata de un carbohidrato que provee energía al cuerpo.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la papa es un alimento versátil, con un gran contenido de carbohidratos. Es popular en todo el mundo y se prepara y sirve en una gran variedad de formas.

Recién cosechada contiene un 80% de agua y un 20% de materia seca. El contenido de proteína de la papa es análogo al de los cereales y es muy alto en comparación con otras raíces y tubérculos. Contiene poca grasa.

Las papas también contienen abundantes micronutrientes, sobre todo, vitamina C: 150 gramos, consumida con su piel, aportan casi la mitad de las necesidades diarias de un adulto (100 mg). Además, posee una cantidad moderada de hierro, vitaminas B1, B3 y B6 y antioxidantes que ayudan a prevenir enfermedades relacionadas con el envejecimiento.

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