9 de November de 2012 12:07

La ciudad y la ciudadanía

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Es imposible pensar en una metrópolis que no crece, que no evoluciona, que no se adapta a su tiempo. Una ciudad debe, por definición, cambiar; acomodarse en el andarivel del tiempo.

Pero ese subirse al tren debe ser de todos quienes conforman la urbe: autoridades, vecinos y turistas.

¿Ejemplos? Frente a la transformación de un barrio, acelerado por el auge de las construcciones, muchos vecinos se suben en ese tren y aplauden y colaboran esa transformación, porque saben que al final les beneficia, individual y grupalmente.

Las mejoras barriales se reflejan en el aumento de la plusvalía de sus inmuebles.

No obstante, a la gran mayoría de ciudadanos que residen en la capital, les importa un soberano pepino lo que pasa con su ciudad, su barrio, su calle o su parque.

Es más, muchos son profesionales en destrozar lo que logran sus barriadas o urbanizaciones con tanto sacrificio. El caso de los parques infantiles es sintomático. Más se tarda el Municipio en diseñarlos o rehabilitarlos que los seudociudadanos en volverlos chatarras.

Y todo eso ante la mirada impasible de los vecinos quienes, por miedo o desidia, se vuelven cómplices del destrozo. Así, ¿quién podrá salvarnos si nosotros mismo conspiramos?

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